La diputada Yara Jiménez Fallas, del Partido Pueblo Soberano (PPSO), fue elegida este 1.° de mayo de 2026 como presidenta de la Asamblea Legislativa con los 31 votos del oficialismo, convirtiéndose en la quinta mujer en ocupar ese cargo desde que Rose Marie Karpinsky Dodero lo hizo por primera vez en 1986.
El dato tiene doble relevancia histórica: Jiménez asume en el primer Congreso costarricense donde las mujeres son mayoría —30 de 57 diputadas— y lo hace como la legisladora recién estrenada de la provincia de Cartago, sin haber ocupado antes ninguna curul.
Abogada y notaria con maestría en Derecho Público, Jiménez Fallas acumula más de 25 años de ejercicio profesional y fue, hasta el inicio de esta legislatura, secretaria general del Consejo de Gobierno y asesora directa del presidente Rodrigo Chaves Robles. Es la primera presidenta de la Asamblea proveniente de las filas del PPSO, partido que en las elecciones de febrero pasado se consolidó como primera fuerza parlamentaria.

El camino hasta esta quinta mujer tomó cuatro décadas y apenas cuatro nombres previos. Karpinsky, filósofa y primera doctora académica de la Universidad de Costa Rica, rompió el techo de cristal del Congreso en 1986 en medio de una amenaza de bomba el día de su elección.
Le siguieron Rina Contreras López (PUSC, 2000–2001), quien también fue la primera mujer ministra de la Presidencia; Carolina Hidalgo Herrera (PAC, 2018–2019), abogada especializada en derecho público que presidió el Congreso con solo 35 años; y Silvia Hernández Sánchez (PLN, 2021–2022), economista con maestría en la Universidad Erasmus y expresidenta del PLN.

Cuatro de las cinco presidentas legislativas han tenido formación universitaria de posgrado, y tres de ellas —Hidalgo, Hernández y Jiménez— tienen maestría en áreas de derecho o economía, reflejo del perfil técnico que ha caracterizado a la dirigencia legislativa femenina en el país.

La elección de este jueves refuerza una tendencia regional: Costa Rica sigue posicionándose como uno de los países de América Latina con mayor participación femenina en el Poder Legislativo, en un momento en que la paridad de género en la política pasa de aspiración a realidad aritmética en el Congreso.
