El Banco Mundial presentó su informe más reciente sobre el panorama económico de América Latina y el Caribe, destacando a Costa Rica como una de las economías más dinámicas de la región en un contexto de crecimiento general moderado.
Según el reporte con fecha de corte al 6 de abril de 2026, el país mantendrá una trayectoria de crecimiento estable durante los próximos dos años.
Proyecciones de crecimiento del PIB
De acuerdo con las cifras del organismo internacional, las previsiones para la economía costarricense son las siguientes:
- Para 2026: Se proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) real del 3,6%.
- Para 2027: El organismo estima un ligero repunte en la actividad económica, alcanzando un 3,7%.
Estas cifras sitúan a Costa Rica por encima del promedio regional de América Latina y el Caribe, que se estima será de un 2,1% para el presente año. El país viene de un sólido desempeño en 2025, año para el cual se estima un crecimiento del 4,6%.
Motores del dinamismo económico
El informe señala que el crecimiento robusto del país está respaldado por varios factores estratégicos. En particular, Costa Rica continúa beneficiándose de las exportaciones de servicios de alto valor, la industria de dispositivos médicos y las inversiones relacionadas con el fenómeno del nearshoring.
Además, el dinamismo se ve favorecido por:
- La creciente integración en las cadenas de valor regionales.
- La robustez de los flujos de remesas y las exportaciones de servicios.
- Una posición destacada en la red de acuerdos comerciales, con un acceso preferencial a una gran proporción del PIB mundial.
Estabilidad fiscal y retos
En el ámbito fiscal, el Banco Mundial destaca que Costa Rica ha logrado avances sustanciales en la reducción de la carga de su deuda pública. Esta disminución refleja una consolidación gradual basada en la aplicación de la regla fiscal y controles de gasto, lo que ha generado superávits primarios sostenidos y ha fortalecido la confianza de los mercados.
Pese al optimismo, el reporte general para la región advierte sobre riesgos globales como la incertidumbre en las políticas comerciales y la volatilidad en los precios de la energía, factores que podrían condicionar la velocidad del crecimiento y la inversión privada en el mediano plazo.
