El lunes 18 de mayo, la presidenta Laura Fernández Delgado salió de una reunión de dos horas y media con los jerarcas del Poder Judicial y anunció acuerdos, habló de “disposición al diálogo” y hasta reconoció que ella también tenía cosas que mejorar. El miércoles 20 de mayo, en su primera conferencia de prensa semanal, llamó al fiscal general Carlo Díaz “una vergüenza nacional”, le preguntó sarcásticamente a la magistrada Patricia Solano si esperaba “rosas y serenata”, y calificó el mismo encuentro como una “decepción mayúscula” del que salió “pasmada”.
Cuarenta y ocho horas. Ese fue el tiempo que tardó en desaparecer la narrativa del diálogo institucional y aparecer, con toda su fuerza, el estilo político que define al movimiento que hoy gobierna Costa Rica: la confrontación como herramienta, el ataque nominal como señal de fuerza, y la ruptura como virtud.
Lo que se dijo el 18 de mayo
La reunión del 18 de mayo fue convocada por Fernández como parte de su agenda de reformas al sistema judicial, uno de los ejes centrales de su gobierno.
Asistieron el presidente de la Corte Suprema, Orlando Aguirre Gómez, la magistrada presidenta de la Sala Tercera, Patricia Solano Castro, y el fiscal general Carlo Díaz Sánchez, entre otros jerarcas.
Al terminar el encuentro, la mandataria salió ante las cámaras con un tono crítico pero contenido. Anunció haber alcanzado acuerdo en tres de los cinco puntos de su agenda —que el Tribunal de la Inspección Judicial investigue a jueces de ejecución de la pena, que el Poder Judicial refuerce su política anticorrupción, y que el OIJ y la Fiscalía coordinen con el Ministerio de Seguridad— y llamó al encuentro una “mesa de trabajo”.

Aunque no se guardó las críticas —señaló que el Poder Judicial estaba destruyendo la seguridad jurídica del país y se estaba convirtiendo en “un lastre”—, cerró con un gesto de apertura: “Yo echo también para mi saco de lo que podamos mejorar, corregir”, dijo.
En los puntos de acuerdo vio “buenas señales de que hay una disposición al diálogo”.
El equilibrio, sin embargo, era frágil: el presidente Aguirre ofreció una versión distinta de lo que se había comprometido en al menos uno de los puntos, y la amenaza de retener recursos al Poder Judicial ya estaba sobre la mesa.
Además, poco después, el martes 19, los jerarcas judiciales hablaron de nuevo del encuentro. La magistrada Solano calificó el ambiente del encuentro como “hostil” ante la prensa, denunció que a los asistentes se les confiscaron los celulares, se les pasó un escáner de seguridad y que en su caso le revisaron la cartera, algo que calificó de “insólito”.
Por su parte, el fiscal Carlo Díaz dijo a los medios que la presidenta Laura Fernández tenía una actitud diferente frente a las cámaras, pero que en privado era “abierta, conciliadora, nos escuchó, estuvo de acuerdo en muchos temas”.
Lo que se dijo el 20 de mayo
El cambio llegó el miércoles en la primera conferencia de prensa oficial de Laura Fernández. Tras una pregunta sobre la reunión y las posteriores declaraciones dijo: “Mire, yo quedé pasmada. Francamente no encuentro otra palabra, pasmada con la reunión del lunes. Estuvimos dos horas y media en conversaciones aquí en mi oficina con las autoridades del Poder Judicial y francamente, mi decepción es mayúscula. Parece que viven en Narnia, en una fábula de las que veíamos en las caricaturas, que la impunidad no preocupa tanto, la mora judicial tampoco”.
Sobre el fiscal Díaz, respondió directamente a su comentario de que ella se comportaba diferente sin cámaras: “Mire, don Carlo, yo soy una, de una sola pieza. ¿Usted creía que por ser yo mujer, no sé, o que porque yo soy una persona joven, o porque yo no soy Rodrigo Chaves iba a dejar de levantar la voz y de señalarlo a usted como una vergüenza nacional por lo que le ha hecho al país un día sí y otro también? Perdóneme, señor".
Y sobre la magistrada Solano y sus quejas del trato recibido en Casa Presidencial, la respuesta fue el momento de mayor carga simbólica: “Me dice usted que la señora dijo que la reunión fue una reunión hostil. ¿Pero qué quería, que le llevara rosas? ¿Que le llevara una serenata? Si acabamos de enterrar a un policía de la Fuerza Pública la semana pasada, acribillado por la espalda. Hace falta tener vergüenza. ¿Qué tipo de reunión pensaban que iba a tener conmigo? ¿La de la galleta María y el tecito? No, señor".
Fernández acusó además a la magistrada de haber roto un supuesto acuerdo de confidencialidad de una “reunión pri-va-da”, con el énfasis silábico como recurso retórico deliberado. Cuando dijo “vergüenza nacional”, el gabinete aplaudió, incluido el ministro Rodrigo Chaves Robles. El vicepresidente Francisco Gamboa Soto no lo hizo, según las tomas de la transmisión.
Una herencia que no se esconde
Este episodio no es precisamente una anomalía; es la continuación de una cultura política que Rodrigo Chaves instaló en el Ejecutivo a partir de 2022 y que Fernández parece estar asumiento como propia.
Chaves concentró buena parte de su administración en cuestionar al Poder Judicial de manera sistemática, y en marzo de 2025 llegó al extremo de liderar personalmente una marcha en San José para exigir la renuncia del fiscal general Carlo Díaz, el mismo a quien Fernández ahora llama “vergüenza nacional”.
Fernández estuvo al lado de Chaves en esa marcha. Cuando asumió la presidencia el 8 de mayo de 2026, prometió consolidar “el movimiento de ruptura política iniciado en 2022″. El propio Chaves, días antes del traspaso de poderes, le recomendó públicamente “no aflojar” en la presión al Poder Judicial y pidió su reforma urgente.
La continuidad es explícita y Fernández no la disimula. La diferencia entre ambos no es de naturaleza, sino de forma: donde Chaves usó el insulto frontal y la movilización callejera, Fernández por ahora usa más la ironía, el sarcasmo y la frase de impacto mediático; pero la dirección es la misma: convertir al Poder Judicial en el adversario político del gobierno y cada confrontación con sus jerarcas en una demostración de fuerza ante la ciudadanía.
Esto lo confirmó la propia presidenta Fernández cuando anticipó la crítica de que estaría imitando al expresidente Chaves y le dijo a Carlo Díaz: “Aprenda a conocerme y vaya acostumbrándose a cómo va a ser la relación de trabajo”.
