Durante décadas, la relación comercial con Estados Unidos es el motor indiscutible de la economía costarricense, una autopista de crecimiento pavimentada con tratados de libre comercio y una demanda constante. Sin embargo, en el último año, los exportadores nacionales se han topado con un “peaje” silencioso pero devastador que comenzó a drenar la competitividad del país.
Lo que comenzó como una política comercial técnica en Washington se transformó en una barrera financiera. Un nuevo análisis de la firma Deloitte pone cifras a esta realidad y revela un dato que enciende las alertas en el sector productivo: el costo de venderle al principal socio comercial de Costa Rica se multiplicó de manera exponencial en cuestión de meses, generando una presión que amenaza con trasladarse pronto a las cifras de empleo y crecimiento nacional.
Las importaciones desde Centroamérica y República Dominicana hacia ese país crecieron 10% entre enero y agosto de 2025, alcanzando $27.067 millones. Sin embargo, Deloitte reporta en su informe de noviembre que “los aranceles pagados fueron aproximadamente de $1.366 millones, un aumento de 945% respecto al mismo periodo de 2024”.
La misma fuente indica que “el gobierno de EE. UU. anunció aranceles de 18% para Nicaragua y 15% para Costa Rica, los más altos de la región”. Este nivel coloca a la economía costarricense en una posición distinta frente a sus vecinos, ya que Panamá registra apenas 6,5%.
Deloitte advierte que la política comercial estadounidense se convierte en un factor de riesgo para la actividad económica nacional. Señala que “el impacto negativo se acumula a lo observado durante el periodo de abril a julio (arancel de 10%) de este año y se mantendría la tasa del 15% en los siguientes años”.
Costa Rica enfrenta un escenario en el que el crecimiento económico se ajusta por efecto de los aranceles. Según Deloitte, “el crecimiento económico sería de 3,56% en 2025, cuatro puntos base por debajo del escenario con arancel de 10%, y registraría un crecimiento promedio de 3,39% para el periodo de 2026 a 2029”.

La consultora plantea un escenario alternativo en caso de que se logre un acuerdo bilateral: “una reducción arancelaria no solo mitigaría el impacto económico, sino también pondría en igualdad de circunstancias al país con los demás de la región, haciéndolo atractivo para la inversión”. En ese caso, el crecimiento alcanzaría 3,6% en 2025 y un promedio de 3,44% en los años siguientes.
El impacto sobre el empleo también se refleja en las cifras. Deloitte documenta que “durante el tercer trimestre de 2025, se estima que la inflación estadounidense registre un nivel de 2,8%, lo que genera preocupación ante la creación de apenas 598.000 empleos entre enero y agosto, 59% menos que en el mismo periodo de 2024”. Esta menor generación de puestos de trabajo en Estados Unidos repercute en la demanda externa y en la capacidad de absorción de exportaciones costarricenses.
Costa Rica fue el primer país en sentarse a negociar con Washington la revisión de los aranceles, aunque las conversaciones bilaterales siguen abiertas. En contraste, Guatemala y El Salvador ya lograron acuerdos que reducen la incertidumbre.

Deloitte concluye que “los aranceles de EE. UU. podrían desacelerar la actividad hacia el final del año, mientras que la política monetaria podría favorecer el consumo y la inversión en 2026”. Significa que las exportaciones costarricenses pierden competitividad en el mercado estadounidense durante 2025, lo que reduce la actividad económica hacia el cierre del año.
Con tasas de interés más bajas, estimularía el mercado interno. Esto se traduce en mayor demanda interna (consumo de hogares y empresas) y más inversión interna (proyectos privados y públicos que se financian con crédito más barato). En otras palabras, mientras los aranceles frenan el motor externo de la economía, la política monetaria intenta activar el motor interno para 2026.
