El mercado laboral de Costa Rica muestra señales de desaceleración en los sectores de manufactura e intermediación financiera, donde la generación de empleo pierde dinamismo en medio de un ajuste estructural de cara a la implementación tecnológica y envejecimiento de la población.
En el último año, la industria manufacturera registró una caída interanual de 38.000 empleos, mientras que la intermediación financiera y de seguros perdió 25.000, según la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), correspondiente al primer trimestre del año en curso.
No obstante, cabe aclarar que, pese a esta contracción, la manufactura aún se mantiene como una de las principales fuentes de ocupación en el país, con 215.000 personas empleadas, lo que equivale al 10% del total.
Ahora bien, son el comercio y la reparación los que lideran la generación de empleo al contar con 361.000 trabajadores (16,8%), seguidos por las actividades de enseñanza y salud, que agrupan a 259.000 personas (12,0%).
Sin embargo, aunque estos últimos ayudan a sostener parte de la ocupación, el total de pérdidas laborales en manufactura y actividades financieras suma 63.000.
Deterioro es reflejo de cambio
A juicio de Andrés Rodríguez, economista del Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC), más allá del comportamiento sectorial puntual, la revelación principal es que Costa Rica está en una línea de deterioro estructural, específicamente en sus indicadores de participación y ocupación laboral.
El economista recordó que la tasa de ocupación todavía no logra recuperar los niveles previos a la pandemia por Covid-19: en el primer trimestre de 2020 se ubicaba en 55,5%, mientras que en el mismo periodo de 2026 cayó a 50,3%, el nivel más bajo para un primer trimestre desde el inicio de la recuperación en 2022. En paralelo, la tasa de participación bajó de 63,4% a 54,1%.
“Más que hablar de una crisis de desempleo masivo, lo que observamos son señales de un cambio estructural del mercado laboral costarricense. La economía sigue creciendo y el desempleo abierto ha disminuido, pero eso ocurre junto con una menor integración de la población al mercado laboral. Parte importante del ajuste se está trasladando hacia la inactividad y no necesariamente hacia el desempleo abierto”, explicó.
A su criterio, este comportamiento responde a varios factores que coinciden en el tiempo, como el envejecimiento poblacional junto a cambios en la composición etaria y transformaciones en la forma de producción.
“El envejecimiento es muy evidente: la población de 60 años o más está aumentando, a lo que se suma una reducción importante de la población joven y de su ocupación laboral. Además, algunos sectores enfrentan procesos de automatización, digitalización y reorganización productiva que permiten mantener o aumentar la producción con menos empleo, especialmente en ocupaciones administrativas, financieras o rutinarias”, detalló.
Daniel Ortiz, economista de Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), coincidió en que el aumento de la inactividad no responde a una sola causa puntual, pues, por un lado, algunas personas dejan de buscar empleo tras varios meses sin lograr insertarse, lo que las saca de la medición de la fuerza laboral. Por otro, el componente demográfico gana peso: “el envejecimiento de la población avanza con rapidez y también explica parte de esta salida”.

Tecnología también reduce planillas
Actualmente, el país se encuentra en una fase donde varios aspectos estructurales inciden sobre el empleo, en especial vinculados a cambios en la producción y en el entorno de costos. Uno de los señalados es la tecnología y su inclusión en el mercado laboral.
“Hay elementos como la automatización y la adopción de tecnología que pueden estar reduciendo planillas en distintos sectores. También han aumentado los costos operativos en manufactura, por ejemplo en empresas de zonas francas, debido a factores como el tipo de cambio, la energía o la recuperación de los salarios reales. Eso puede erosionar la competitividad frente a otras economías y presionar el cierre o la relocalización de plantas”, comentó Ortiz.
Según Ortiz, este comportamiento también podría vincularse con cambios más amplios en la economía global, como la reorganización de las cadenas de suministro tras la pandemia, que afecta de forma desigual a distintos segmentos productivos.
Este fenómeno, que cambia la dinámica del mercado laboral costarricense, no se limita a una falta de oportunidades, sino que refleja modificaciones más complejas en la estructura de la población, la adopción de nuevas tecnologías y más herramientas por parte de las empresas que sustituyen la mano de obra humana.
