Por: Laura Ávila.   17 enero

Theresa May, primera ministra británica, vive en medio de un torbellino político. El martes 15 de enero el acuerdo que negoció con la Unión Europea (UE) sufrió un histórico fracaso, luego de que 432 diputados (incluso 118 legisladores de su propio partido conservador) votaran en contra y solo 202 se manifestaran a favor.

Ante el caótico panorama, funcionarios de la UE afirman que acelerarán los planes para enfrentar una salida desordenada, y tomarán en cuenta el caos que se podría desatar en rutas y aeropuertos. Foto: AP
Ante el caótico panorama, funcionarios de la UE afirman que acelerarán los planes para enfrentar una salida desordenada, y tomarán en cuenta el caos que se podría desatar en rutas y aeropuertos. Foto: AP

Tras la aplastante derrota en Westminster, el vendaval del Brexit no cesó. Un día más tarde el Gobierno debió enfrentar un voto de censura, que fue liderado por Jeremy Corbyn, líder de la oposición.

La moción tenía como objetivo provocar una nueva elección general.

Sin embargo, la votación le dio un pequeño respiro a May, quien sobrevivió al voto de censura por un pequeño margen de 325 votos a favor y 306 en contra.

La votación evitó que se tuvieran que organizar elecciones generales a pocas semanas de la salida de la UE, prevista para el próximo 29 de marzo.

Con el tiempo en contra, la May prometió conversar con los líderes de oposición y otros partidos para encontrar una salida viable de la UE.

No obstante, la tarea no será fácil. La primer ministro deberá dar la lucha en medio del caos político, un parlamento hostil y un Brexit estancado.

¿Qué pasa si no hay acuerdo?

La votación del Parlamento llena de incertidumbre el futuro del Brexit.

La consecuencia de aplicar un divorcio duro es que los ingleses deban de abandonar la UE el 29 de marzo, lo que sumiría en una profunda recesión al bloque británico, de acuerdo al Banco de Inglaterra.

El sector empresarial advirtió que un final brusco de los acuerdos comerciales provocaría un caos en los puertos, así como la escasez de alimentos y medicamentos.

Entretanto, los líderes de la UE proclaman coherencia y hacen un llamado para que el Reino Unido resuelva sus diferencias y elabore un plan realista para su salida.

“La única lección para ellos es que deben sentarse alrededor de una mesa, oposición y mayoría, para ver qué es lo que más conviene al interés nacional” , dijo Guy Verhofstadt, principal funcionario del Brexit en el Parlamento Europeo.

Ante el caótico panorama, funcionarios de la UE afirman que acelerarán los planes para enfrentar una salida desordenada, y tomarán en cuenta el caos que se podría desatar en rutas y aeropuertos.

¿Se puede posponer la salida?

Técnicamente sí. Para lograrlo el Gobierno de May tendría que hacer la solicitud y posteriormente los 27 miembros de la UE deberían de llegar a un acuerdo unánime, de acuerdo a Nathalie Loiseau, ministra de Asuntos Europeos.

"¿Pero por cuánto tiempo y por qué hacerlo?", preguntó. "Si es para decirnos que tenemos que conceder más, entonces habrá un problema", afirmó Loiseau.

¿Por qué derrapó el acuerdo de divorcio?

El rechazo se dio principalmente por la “salvaguarda”, que impide la restitución de los controles fronterizos entre Irlanda del Norte (que es parte de Gran Bretaña) y la República de Irlanda (miembro de la UE).

Con la implementación del Brexit esa será la única frontera terrestre entre Gran Bretaña y la UE.

Durante décadas se dio un conflicto en Irlanda del Norte, y la frontera tuvo barreras y retenes.

El conflicto entre nacionalistas irlandeses y unionistas británicos se dio entre 1968 y 1998, cobró la vida de unas 3.700 personas y llegó a su fin gracias al acuerdo del Viernes Santo.

En este momento, Gran Bretaña e Irlanda del Norte pertenecen tanto a la UE como al mercado único del bloque, existe libre tránsito de personas y mercancías entre Irlanda e Irlanda del Norte. Además no hay necesidad de revisiones aduaneras.

Sin embargo, el Brexit podría alterar el proceso de paz, el libre tránsito y los negocios.

La salvaguarda que propuso May impedía la reinstalación de una frontera y pretendía una concertación aduanera entre Gran Bretaña y la UE después del Brexit.

El acuerdo establecía que las partes tenían hasta el 2022 para alcanzar un pacto comercial permanente e incluía la entrada en vigencia de una salvaguarda en caso de que las partes no concretaran un nuevo convenio.

Los detractores consideraron que Gran Bretaña no podría cancelar unilateralmente la salvaguarda fronteriza, lo que podía implicar que estuviera vigente por tiempo indefinido y sujetar a Gran Bretaña a las normas aduanales de la UE.

Los opositores consideraron que este escenario podía hacer fracasar a Gran Bretaña en su intento por alcanzar nuevos tratados comerciales.

Mientras que los legisladores que abogan por una cercanía con la UE, consideraron que el país podría quedar sujeto a normas aduaneras y comerciales, sin voz ni voto.

Incluso los políticos aliados de May en Irlanda del Norte, como el Partido Unionista Democrático, plantearon objeciones en contra de la salvaguarda, al considerar que Irlanda del Norte tendría un trato distinto a otras partes de Gran Bretaña.

¿Crisis autoimpuesta?

El Brexit nació tras la votación del 23 de junio de 2016, referéndum que determinó que el 52% de los votantes estaban a favor de salir de la Unión Europea. Mientras que el 48% manifestó que quería seguir perteneciendo al bloque.

El resultado desató la inestabilidad en las esferas políticas.

El primer ministro, David Cameron, dimitió tras conocer el resultado.

Luego se dio una pugna por la sucesión. Boris Johnson, exalcalde de Londres, que se retiró en el último momento y posteriormente, Theresa May, quien fue ministra del Interior durante seis años en el Gobierno de Cameron, se convirtió en la Primera ministra el 11 de julio.

Gran Bretaña anunció formalmente su intención de salir del bloque el 29 de marzo de 2017, y para eso acudió al artículo 50 del Tratado de la UE, que rige el mecanismo de salida voluntaria de un país miembro.