Tras el impacto de la pandemia y años de estancamiento estructural, los sistemas educativos más ricos del mundo siguen sin encontrar la fórmula para frenar la caída sostenida en el aprendizaje de sus jóvenes.
En la última década, las potencias han visto cómo las habilidades de sus estudiantes se erosionan de forma alarmante.
Sin embargo, en medio de este pesimismo estadístico internacional, los últimos datos revelan una rareza que pone a nuestro país bajo la lupa. ¿Qué pasa cuando las aulas locales logran romper, al menos en una materia crítica, la tendencia al declive que arrastra a las economías desarrolladas?
El panorama educativo mundial no invita a la celebración. Según los resultados globales de PISA 2025 presentados este 8 de septiembre, el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) registró su nivel histórico más bajo tanto en Ciencias, como en Lectura y Matemáticas.
La lectura ha caído de manera constante tras alcanzar su punto máximo alrededor de 2012, las ciencias han disminuido gradualmente en la última década y las matemáticas han sufrido una caída especialmente pronunciada desde 2018.
Pero al hacer un zoom a los datos de la región, emerge una excepción a la regla. Costa Rica logró ubicarse dentro de un exclusivo grupo de apenas cuatro países de la OCDE —junto al Reino Unido, la República Eslovaca y Turquía— que lograron registrar un incremento estadísticamente significativo en sus puntajes de Ciencias desde la última medición.
El país alcanzó una media de 424 puntos en el área científica, lo que representa un aumento de 13 puntos en comparación con los resultados de 2022. Esta mejora desafía la tendencia de una prueba donde el promedio de la OCDE se fijó en 482 puntos para esta misma materia.
No obstante, en la economía del conocimiento, el talento no se sostiene sobre un solo pilar. La grata sorpresa en el ámbito científico choca de frente con la inercia de las deficiencias históricas del sistema educativo costarricense, particularmente en el área cuantitativa.
En Matemáticas, el desempeño nacional apenas se movió, registrando 384 puntos (una leve e insignificante variación de +3 puntos respecto a 2022). Esta cifra mantiene al país profundamente rezagado frente a la media de 463 puntos de la OCDE en esta disciplina. Por su parte, la competencia en Lectura evidenció un estancamiento absoluto, situándose en 416 puntos (+1 punto frente al estudio anterior), lejos de los 461 puntos del promedio de los países miembros.
Más allá de los promedios, el verdadero desafío para el futuro productivo y la competitividad de Costa Rica se evidencia en la distribución de su talento. Los datos de PISA 2025 revelan que un alarmante 36,7% de los estudiantes de 15 años en el país no logra alcanzar el nivel básico de competencia (Nivel 2) en ninguna de las tres áreas evaluadas. Estos jóvenes carecen de las habilidades fundacionales mínimas para insertarse con éxito en la educación superior o en el exigente mercado laboral actual.
En el otro extremo de la balanza, la formación de talento de élite es prácticamente nula. Apenas un 0,9% de los estudiantes costarricenses se ubica en la categoría de alto rendimiento (Niveles 5 o 6 en ciencias, lectura o matemáticas).
Para un país que apuesta fuertemente por la atracción de inversión extranjera directa, la manufactura avanzada y los servicios corporativos, estos números son un llamado de atención. Costa Rica ha demostrado que tiene la capacidad de desafiar la gravedad del declive global en áreas como las ciencias, pero mientras no resuelva su falla estructural en el pensamiento matemático y lógico, el ansiado salto hacia una economía plenamente desarrollada seguirá postergándose en las aulas escolares.
