Costa Rica ha cruzado un umbral silencioso pero estructural en la composición de su riqueza familiar. Por primera vez en la historia reciente de las mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), los ingresos que los hogares reciben de forma “pasiva” a través de transferencias (principalmente pensiones, jubilaciones y ayudas estatales) superan con creces la riqueza generada por el emprendimiento y el trabajo independiente.
Los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) 2024 confirman un sorpasso histórico. Mientras que las transferencias recibidas en dinero representan ahora el 18,2% del ingreso corriente bruto de los hogares, las ganancias del trabajo autónomo han caído al 13,7%.
Hace dos décadas, la foto era la inversa: en 2004, el trabajo independiente aportaba el 20,5% de los ingresos familiares y las transferencias apenas el 10,6%. Este cambio de tendencia señala una economía que depende cada vez menos de la iniciativa propia y más de la solidez de los sistemas de seguridad social y las arcas del Estado.

Un crecimiento del 32% en seis años
El desplazamiento no se debe solo a una caída del emprendimiento, sino a un crecimiento explosivo de las transferencias. Al comparar los datos de 2024 con los de 2018 en términos reales (descontando la inflación), el ingreso promedio por transferencias creció un 31,8%.
En contraste, los ingresos por trabajo autónomo se estancaron, mostrando un crecimiento real de apenas 2,4% en el mismo periodo, y los salarios crecieron un 4,0%. Es decir, el rubro de transferencias creció a un ritmo casi ocho veces mayor que los salarios.
No es solo “asistencialismo”: El peso de las pensiones
Es vital matizar que esta “dependencia estatal” no se refiere únicamente a subsidios contra la pobreza. El grueso de este rubro corresponde al envejecimiento de la población y la maduración de los sistemas de pensiones.
Según el INEC, dentro de las transferencias recibidas en dinero, las pensiones del régimen contributivo (IVM y otros regímenes) representan más del 70% del monto total a nivel nacional.
Esto implica que casi 1 de cada 5 colones que ingresan a los hogares costarricenses proviene de un sistema de pensiones. Si bien esto blinda el consumo de miles de familias, también expone la economía del hogar a los riesgos de sostenibilidad del sistema de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) y la salud fiscal del Gobierno.
¿Quién depende de quién?
La dependencia de las transferencias varía drásticamente según el nivel de riqueza, aunque por razones distintas:
- Quintil 1 (Los más pobres): Las transferencias representan el 32,7% de sus ingresos. Aquí, el peso de las pensiones no contributivas (Régimen No Contributivo) y las ayudas estatales es determinante para la subsistencia.
- Quintil 5 (Los más ricos): Las transferencias representan el 17,3% de sus ingresos. En este segmento, el dato refleja pensiones de alto monto del régimen contributivo.
Geográficamente, la Región Huetar Norte es la única zona del país que resiste esta tendencia nacional: es la única región donde el trabajo autónomo (17,7%) todavía pesa más que las transferencias (14,5%). En el resto del país, incluyendo el Valle Central, el ingreso “pasivo” ya venció al emprendimiento.
El riesgo de la “economía pensionada”
Para la economía nacional, que el 18,2% del ingreso de los hogares provenga de transferencias plantea un desafío de sostenibilidad. Este dinero no está vinculado a la productividad actual del mercado laboral, sino a derechos adquiridos o asistencia social.
Con una relación de dependencia demográfica que sigue aumentando —pasó de 0,46 en 2018 a 0,49 dependientes por cada persona en edad productiva en 2024—, la presión sobre la fuerza laboral activa para sostener este nivel de ingresos en los hogares será cada vez mayor. Costa Rica está transicionando de una economía impulsada por la creación de nuevos negocios (autónomos) a una sostenida, en gran parte, por el cheque de la pensión.
En resumen:
- El cambio: Las transferencias (18,2%) superaron al trabajo autónomo (13,7%) como fuente de ingreso.
- El motor: Las transferencias crecieron un 31,8% real desde 2018; los salarios solo un 4%.
- La causa: Más del 70% de estas transferencias son pensiones contributivas.
- El impacto: Los hogares más pobres dependen en un 33% de estos dineros para sobrevivir.
