La victoria de Laura Fernández Delgado como 50ª. presidenta de la República para el periodo 2026-2030 consolida una “nueva” élite en el poder.
Esta “nueva” élite inició su ascenso en el 2010 con Laura Chinchilla Miranda, quien no tenía ningún vínculo consanguíneo con las élites tradicionales, nació después de 1948, estudió en el sistema educativo costarricense, contó con los beneficios de un Estado benefactor y una estabilidad social envidiable, que impulsó fuertemente a la clase media, la cual podía aspirar a comprar casa, carro y viajes.
Ella nació en un país caracterizado por la movilidad social, el aumento del empleo público y el ingreso constante de hijos de campesinos, obreros y clase media al mercado profesional.
Después de Chinchilla Miranda llegaron a la presidencia Luis Guillermo Solís Rivera (2014-2018), Carlos Alvarado Quesada (2018-2022) y Rodrigo Chaves Robles (2022-2026), quienes tampoco formaban parte de la élite tradicional, nacieron después de 1948 y disfrutaron de la estabilidad social, aunque ya para Alvarado Quesada (nacido en 1980) y la misma Fernández Delgado (nacida en 1986), el Estado benefactor empezó a evidenciar grietas, sobre todo por el alto endeudamiento externo y la crisis del petróleo, lo cual desembocó en la grave debacle económica de la década de 1980, que transformó el país para siempre.
El único que presenta una diferencia respecto de los demás es el presidente Chaves Robles, pues su familia materna –aunque modesta, mestiza en tiempos coloniales y de orígenes inciertos– ha destacado en la función pública desde fines del siglo XIX, con embajadores, diputados, ministros, magistrados e incluso un vicepresidente de la República (1978-1982), José Miguel Alfaro Rodríguez (1940) –bisnieto de Juana Robles Guzmán (1872)–.
Ahora bien, la élite tradicional es aquella que surgió con el cultivo del café, se consolidó hacia 1840 y gobernó Costa Rica durante todo el siglo XIX, y su influencia se extendió al XX e inicios del XXI.
La oligarquía cafetalera se nutrió de las familias de la élite colonial, principalmente de las josefinas, cartaginesas, heredianas y alajuelenses, pero ocasionalmente lograron formar parte de ella algunas personas de orígenes más modestos por medio del matrimonio, de la educación o del éxito en la producción cafetalera u otra actividad productiva.
Por supuesto, esa élite se fue transformando y entraron en juego nuevos sectores exportadores de productos no tradicionales, servicios turísticos y financieros, así como el ascenso a nivel público de tecnócratas —muchos graduados en el extranjero— que promovían la apertura comercial y el control del déficit fiscal.
Un ejemplo de acceso a la oligarquía cafetalera es Juan de la Rosa Sánchez Romero (1824), bisabuelo de Óscar Arias Sánchez, quien nació en el seno de una familia relativamente modesta de la Heredia de inicios del siglo XIX. Más adelante, su hijo Julio Sánchez Lépiz (1862) aumentó considerablemente la producción y exportación de café con gran éxito y llegó a ser diputado por Heredia, y el nieto de este, don Óscar, presidente de la República en dos periodos (1986-1990 y 2006-2010).
Entonces, para que se entienda cómo algunos presidentes, aunque de la élite, no descendían exclusivamente de miembros de ella, se verá el caso de Arias Sánchez, hijo de Juan Rafael Arias Trejos y Lillyam Sánchez Cortés.

De sus abuelos paternos, Luisa Trejos Castro provenía de las élites coloniales herediana, josefina y cartaginesa, y Juan Rafael Arias Bonilla —quien fue tres veces diputado— solo tenía un vínculo con la clase alta de Cartago por su tatarabuelo Francisco Bonilla Morales.
De los abuelos maternos, don Julio Sánchez Lépiz fue hijo de don Juan de la Rosa Sánchez Romero —ya citado—, quien por méritos propios logró un ascenso importante por medio de la producción de café, mientras que doña Josefa Lépiz Lobo, su esposa, era de familias humildes; finalmente, su abuela doña Emilia Cortés Arce tenía raíces modestas que se remontaban a familias mestizas y mulatas del periodo colonial.
El caso citado permite deducir algo importante sobre los miembros de la élite gobernante tradicional: no todos los antepasados de los presidentes miembros de esa élite pertenecían a este mismo grupo. Es el caso de los mandatarios Vicente Herrera Zeledón, Juan Bautista Quirós Segura, Julio Acosta García, Rafael Ángel Calderón Guardia, León Cortés Castro, Otilio Ulate Blanco, Luis Alberto Monge Álvarez, Rodrigo Carazo Odio, Óscar Arias Sánchez y Rafael Ángel Calderón Fournier
Otros tenían pocos o nulos vínculos consanguíneos con la élite, como Francisco Aguilar Barquero, Teodoro Picado Michalski y Francisco Orlich Bolmarcich.

Por supuesto, estamos hablando exclusivamente de sus vínculos de sangre, sin considerar que algunos de ellos casaron con mujeres que sí provenían de la élite tradicional.
Ahora bien, Laura Fernández Delgado comparte vínculos lejanos con los cuatro presidentes que la precedieron, y aquí lo interesante, esos antepasados comunes no suelen estar en las familias más antiguas en el poder desde la Independencia (1821); sin embargo, hace 200 años, algunos de los antepasados que comparten Fernández, Chaves, Alvarado, Solís y Chinchilla eran parientes de los ancestros de los miembros de la élite tradicional que se consolidó en 1840.
Es decir, comparten orígenes con los miembros de la élite tradicional, aunque los últimos cinco mandatarios (elegidos en 2010, 2014, 2018, 2022, 2026) no pertenecen a esa élite.
Sin duda, Laura Fernández tiene más antepasados campesinos que los cuatro presidentes anteriores a ella, pero Chinchilla y Chaves comparten raíces campesinas en Atenas; además, Chinchilla también las tiene en Aserrí, mientras que Solís proviene de agricultores del cantón de La Unión, Guadalupe de Goicoechea y Juan Viñas, y aunque Alvarado es quizá el más citadino de todos, también cuenta con antepasados campesinos en Paraíso, Escazú y Moravia.
Entonces, en realidad, los últimos cinco presidentes —incluida Fernández Delgado— provienen de las mismas familias de las élites tradicionales, pero de aquellos parientes de esas élites que se alejaron del poder político hace alrededor de 200 años. Y si nos vamos más atrás, digamos 350 años, la mayoría de los antepasados de estos cinco gobernantes son los mismos que están en los árboles de las élites y de cualquier costarricense promedio.
Árbol genealógico de la presidenta Laura Fernández y sus parientes más lejanos
Las razones por las que esos parientes de las élites gobernantes se alejaron del poder son variadas, pero podríamos decir que dos fueron las más comunes para ello: recibieron como herencia tierras que estaban más alejadas de los centros de poder o sufrían descensos socioeconómicos debido a que algunas familias eran muy prolíficas, lo que conllevaba al fraccionamiento constante de las propiedades y la riqueza en general y luego a la migración en busca de mejores oportunidades en nuevas tierras (lo que se ha llamado la expansión de la frontera agrícola en el Valle Central y más allá).
En la genealogía costarricense, es claro que el efecto fundacional tras la llegada de los españoles y el mestizaje inicial con indios y africanos marcó nuestro origen compartido como pueblo.
Invariablemente, la mayoría de los ticos llegamos a los conquistadores y sus compañeras indias o sus esposas españolas (aunque muchas veces los nombres de ellas no constan en los documentos), por lo que ser descendiente de los conquistadores Juan Vázquez de Coronado, Juan Solano, Cristóbal de Alfaro, Álvaro de Acuña, Pedro Alonso de las Alas, Antonio Pereira, Román Benito, Alonso del Cubillo, Gaspar Delgado, Alonso Pérez Farfán, Alonso Gutiérrez de Sibaja, etc., no tiene nada de excepcional.
Aunque hubo inmigraciones constantes sobre todo a partir de 1850 (Alemania, Italia, Francia, China, las Antillas, etc.), nunca fueron tan masivas como para borrar ese efecto fundacional que todavía se sigue manifestando en los resultados genealógicos y genéticos del costarricense promedio.
Parentesco entre los últimos cinco mandatarios
Ahora se verán casos concretos de esos parentescos entre los últimos cinco mandatarios, aunque incluiremos algunos anteriores a 2010, pero cuyas líneas no están en las élites tradicionales.
Existen nexos por Lizondo entre doña Laura y los presidentes Chaves Robles, Alvarado Quesada, Solís Rivera, Chinchilla Miranda, Arias Sánchez, Calderón Fournier y Carazo Odio.

Todos descienden de Miguel Ángel Lizondo Benavente y Gertrudis Falcón Romero (casaron en Cartago, 1692); por Lizondo —hoy Elizondo— se vinculan con Gaspar Rodríguez, conquistador de Costa Rica, y su primera esposa, Inés Rodríguez; por Benavente, tienen raíces panameñas; por Falcón, guatemaltecas y por Romero, cartaginesas.
Otro caso que resulta muy llamativo, por las raíces que reúne, se refiere a don Gregorio de Chaves, español criollo nacido en Cartago, en 1644, capitán y hacendado, quien estableció relaciones amorosas con Juana Hernández Palacios, india de Ujarrás. Había reconocido por escritura pública (1701) a todos los hijos que tuvo con Juana y después contrajo matrimonio con ella antes de 1713. También procreó a Nicolás de Alfaro con Leonor de Alfaro, citada igualmente Leonor del Peso, quien de seguro era su pariente.
Los Chaves Hernández eran mestizos, aunque gozaron de los privilegios que tenía su padre como hidalgo descendiente de conquistadores y pobladores antiguos de la entonces Provincia de Costa Rica.
Tanto sus hijos legitimados con Juana Hernández Palacios, como el que hubo con Leonor de Alfaro, dejaron tal cantidad de descendientes que me atrevo a decir que cientos de miles de costarricenses son sus descendientes (cerca del 60% de las personas del Valle Central y sus proles adonde quiera que hayan migrado).
Y si hablamos del origen más remoto de los Chaves, establecido por Cristóbal de Chaves, quien llegó a Costa Rica después de 1590 y casó con María de Alfaro, hija del conquistador Cristóbal de Alfaro y Magdalena Gutiérrez, la proporción de descendientes posiblemente aumente hasta un 85% de las personas que tengan antepasados remotos en el Valle Central.
Genealogía muy criolla
Sin duda, la elección de doña Laura Fernández Delgado como presidenta genera muchas incógnitas sobre cómo afrontará los principales retos en seguridad, salud y educación; por supuesto, esas dudas se irán resolviendo con el tiempo, no obstante, seguiremos despejando las que se refieren a sus orígenes genealógicos.
La mandataria electa tiene una genealogía muy criolla pues la mayoría de sus antepasados recientes y remotos están en Costa Rica. Valga decir que su antepasado extranjero más próximo es su bisabuelo paterno Benjamín Quintana Gálvez (1887-1961), nacido en Nicaragua e hijo de Francisco Quintana Rodríguez y Casimira Gálvez Martínez, vecinos de Managua.
Curiosamente, su contrincante de campaña y otrora compañera de trabajo Natalia Díaz Quintana era bisnieta de Francisco Quintana Salinas (1899-1984), también nicaragüense, natural de León, pero no se pudo determinar si tenían algún parentesco por este apellido. De seguro, Benjamín y Francisco lo hubieran sabido.
Entre los expresidentes citados, Solís Rivera tiene una abuela natural de Jamaica, Eugenia Allen Taylor (1888), razón por lo que se convirtió en el primer presidente de Costa Rica con orígenes afrocaribeños, y Alvarado Quesada es bisnieto de Agustín Induni Ferrari (1881), nacido en Suiza.
Reiteramos que los ancestros de doña Laura estuvieron alejados del poder político más de 200 años. A partir de 1812 (hacia atrás), algunos de sus antepasados se vinculan con la élite cartaginesa, josefina, herediana y alajuelense, que ocupó los más altos cargos desde el periodo de la conquista hasta la separación de España.
Ambos progenitores de doña Laura –que resultan ser parientes muy lejanos– descienden de Ignacio Huertas Castro y Ramona Alvarado Fernández (casados en 1795), provenientes de tres familias muy representativas de las élites coloniales de Cartago y San José: Alvarado, de la Vieja Metrópoli, y Castro y Fernández, de San José.
Por estas tres familias, la presidenta electa tiene relación lejana con los gobernantes del siglo XIX y XX, miembros de las élites tradicionales: Juan Mora Fernández, primer jefe de Estado; y los presidentes José María Castro Madriz, José María Montealegre Fernández, Bruno Carranza Ramírez, Próspero Fernández Oreamuno, Rafael Yglesias Castro, José Joaquín Trejos Fernández y Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, entre muchos otros.
Ahora bien, esto no resulta extraño en Costa Rica, donde cientos de miles de costarricenses descienden de los Castro, cuya familia fundó el alférez Juan Rodríguez de Castro (1652), natural de La Nava del Rey, Castilla, y sus dos esposas españolas nacidas en Cartago, doña Petronila de Arias (1657) y doña Sebastiana de Aguirre (1666).
Otros tantos miles tienen en su árbol genealógico a los Alvarado y los Fernández. El alférez Gil de Alvarado, nacido en Guatemala, llegó a Costa Rica en la década de 1630, era descendiente del conquistador de México y Guatemala Jorge de Alvarado, a su vez hermano del conocido adelantado Pedro de Alvarado. En Costa Rica, Gil casó en 1636 con Juana de Vera y Sotomayor, natural de Cartago y de familias de conquistadores (en España, los Sotomayor tenían vínculos lejanos con la realeza, pues provenían del rey Fernando III de Castilla, el Santo, 1199-1252, antepasado de toda la realeza europea actual).
El alférez Juan Fernández Martínez (1668), natural de la villa de Sedano, en Burgos, casó en Cartago en 1699 con Cayetana de Acosta Arévalo, nacida en la antigua capital de Costa Rica, y fueron el tronco común de al menos nueve hombres que ocuparon la jefatura de Estado y la presidencia solo en el siglo XIX.
Asimismo, por el lado del padre, doña Laura desciende de Isidro de la Cruz Soto Oviedo y Tomasa Hidalgo Fonseca (casados en 1812), de la élite herediana y alajuelense del siglo XVIII y XIX. Además, por parte de su madre, proviene de Guadalupe Sáenz Alfaro (1798). De tal manera que, por Soto, los antepasados de la mandataria son parientes del presidente Bernardo Soto Alfaro, y por Alfaro, de este mismo y el presidente José María Alfaro Zamora.
Como se dijo, Fernández desciende de Guadalupe Sáenz Alfaro, hija de Valerio Sáenz Mata y Ana Juliana Alfaro Arias, quienes casaron hacia 1797. Valerio descendía del gobernador español Juan Francisco Sáenz Vásquez y su esposa, doña Bárbara Lanini, de familias madrileñas, quienes dejaron abundante descendencia en Costa Rica. Sáenz Vásquez gobernó la provincia de Costa Rica entre 1674 y 1681.
Por cierto, Chinchilla Miranda proviene de Cleta Sáenz Alfaro, hermana de Guadalupe. De la misma manera, Chaves Robles y Alvarado Quesada descienden, respectivamente, de Ana Sáenz Rojas (1776) y Gregorio Sáenz Rojas (1779), hijos de José Eusebio Sáenz y María de los Santos Rojas, quienes casaron en 1776. Aunque no hay una prueba fehaciente del vínculo de José Eusebio con los Sáenz del gobernador, los indicios apuntan a esa posibilidad. Solís Rivera no tiene Sáenz en su genealogía.
Los Fernández
Determinar el origen más remoto del apellido paterno de las personas suele ser un objetivo genealógico por determinar. Se rastreó la línea Fernández de doña Laura que quedaría constituida de la siguiente forma: Jorge Fernández Quintana (1955), Emerson Fernández Cordero (1931), José María Fernández Morales (1902), Ignacio Fernández Vega (1862), Jesús Fernández (1823) y María Fernández (1800).
Como se ve, al llegar a su cuarto abuelo Jesús Fernández (esposo de Josefa Nicolasa Vega Alpízar), consta que fue hijo de María Fernández (una vez citada como Cruz Fernández). Es decir, que la línea patrilineal exclusiva no se logra determinar porque no consta el nombre del padre de Jesús Fernández en los documentos pues era hijo de madre soltera y su padre no lo reconoció. El apellido paterno corresponde entonces a María Fernández, cuya identidad no se pudo dilucidar.
La línea de varonía se desconoce, pero en la actualidad, un examen de ADN del cromosoma Y en los hombres Fernández parientes de doña Laura permitiría, eventualmente, conocer a qué familia perteneció el padre de Jesús Fernández.
En cuanto al apellido Fernández propiamente dicho, en Costa Rica hay dos grandes familias Fernández (aunque no las únicas): los Fernández de Acosta (ya mencionados) y otra fundada por el sargento Juan Fernández de Bulagai (1648), natural de México y casado en Cartago con María de Brenes. Ambas fueron muy prolíficas, la primera inicialmente en Cartago y luego en San José, y la segunda más focalizada en Cartago.
La línea matrilineal
Debido principalmente a los estudios genéticos de los últimos 30 años, la búsqueda de la madre ancestral ha tomado fuerza. Esto se hace mediante el ADN mitocondrial, que es el que heredamos exclusivamente de nuestra madre y esta de la suya y así sucesivamente.
Sin embargo, de la genética a la genealogía hay una diferencia de miles de años, pues mientras la primera nos permite contar historias de esas madres ancestrales que nos transportan a 4.000, 12.000 o 60.000 años atrás, la segunda solo nos permite trazar la línea según los documentos disponibles, cuya fiabilidad llega no más allá del año 1000 d. C.
En el caso de Fernández Delgado, nos dimos a la tarea de documentar la línea matrilineal, que es como sigue: Doris Delgado Álvarez (1958), Rosario Álvarez López (1923), Eulalia López González (1892), Joaquina González Mejías (1852), Dámasa del Rosario Mejías Sáenz (1830), Guadalupe Sáenz Alfaro (1800), Ana Alfaro Arias (1775), María Josefa Arias Ugalde (1746), Lucía Ugalde Rodríguez (1726), María de la Rosa Rodríguez (1686), María de Sibaja (1659), Margarita de Ortega (1624), Catalina Rodríguez de Picado (1595) e Isabel Rodríguez (1575).
Se lograron determinar 14 generaciones ascendentes a partir de la madre de la mandataria electa, que remontan su línea matrilineal exclusiva hasta 1575 (hace 450 años), fecha aproximada de nacimiento de Isabel Rodríguez, esposa de Álvaro Villegas, quien arribó a Costa Rica después de 1590. No se ha logrado determinar el origen de Isabel Rodríguez, aunque posiblemente perteneció a la familia Rodríguez de Picado, originaria de Nicaragua. Habrá que investigar más profundamente a ver si se logra descubrir el origen de esta pareja.
Además, el caso de Isabel Rodríguez y Álvaro Villegas muestra uno de los fenómenos más frecuentes en las genealogías antiguas costarricenses y es que los hijos no empleaban los apellidos a nuestra usanza (apellido paterno de primero y materno de segundo). La hija de la pareja fue conocida como Catalina Rodríguez de Picado, a veces solo Catalina Picado, y no Villegas, que era el apellido del padre.
Más bien el uso de los apellidos materno o paterno era indistinto y hermanos carnales recibían el apellido paterno, unos, materno, otros, e incluso apellidos de los abuelos o bisabuelos, o combinándolos, lo que a veces se torna un quebradero de cabeza para el genealogista, aunque otras tantas ayuda a desentrañar el origen de una persona. Esta antiquísima tradición española se daba en todos los territorios americanos y en Costa Rica ocurrió con más frecuencia hasta 1650 y luego empezó a decaer en favor del uso del apellido paterno.
No fue hasta 1850 que el uso del apellido paterno de primero y materno de segundo se empezó a generalizar en Costa Rica (a menudo con la conjunción copulativa y en medio) y se normalizó ampliamente con la creación del Registro Civil en 1888, pero sin el uso obligatorio de la citada conjunción.
Finalmente, si la presidenta se hiciera un examen de ADN mitocondrial, el resultado de la prueba le permitiría conocer el origen de la madre ancestral de Isabel Rodríguez hace algunos miles de años.
Le podría decir si esa mujer primigenia estaba en América (lo que ocurre mayoritariamente a los costarricenses), en Europa (menos frecuente) o en África (aún menos frecuente). Aunque la Eva mitocondrial de los humanos –según concuerdan los genetistas– vivió en el sur de África hace más de 150.000 años, durante el Pleistoceno medio.
Los Delgado
Otra de las líneas que se suele investigar, es la del apellido materno y su origen. En este caso, tenemos que la rama que lleva el apellido Delgado es como sigue: Doris Delgado Álvarez (1958), Gabino Delgado Huertas (1900), José Delgado Quirós (1871), Gabino Delgado Guzmán (1825), Estanislao Delgado Fernández (1799), José Antonio Delgado Castillo (1777), Mariano Delgado Barquero (1752) y Miguel Delgado (1728).
Así, la rama Delgado de la presidenta electa se pudo rastrear documentalmente hasta 1728: Miguel Delgado –su sétimo abuelo– fue sargento en las milicias españolas y casó en Heredia hacia 1747 con María Celia Barquero.
El apellido Delgado fue introducido a Costa Rica por el conquistador Gaspar Delgado, quien casó con María del Castillo, hija a su vez del conquistador Sebastián López de Quesada; ambos conquistadores llegaron con Perafán de Rivera. Pero nunca se ha logrado vincular a los Delgado de hoy con Gaspar.
Geografía y orígenes raciales
De padre orotinense y madre esparzana, su abuelo paterno nació en Mercedes Sur de Puriscal y su abuela paterna en el barrio La Dolorosa de San José (aunque sus progenitores también fueron vecinos de Orotina y San Mateo); su abuelo materno nació en San Rafael de San Ramón, Alajuela, y su abuela materna en Los Ángeles de San Ramón.
De sus ocho bisabuelos, cinco nacieron en San Ramón, Alajuela, dos nacieron en Santiago de Puriscal, San José, y uno en Managua, Nicaragua. Conforme retrocedemos en el tiempo la distribución geográfica va cambiando y al llegar a la década de 1780, poco más de la mitad de los que se pudo rastrear hasta esa época eran de San José y el resto de Heredia y Alajuela.
Tiene muy pocos antepasados cartagineses y los más recientes se ubican en la década de 1780. Es obvio que conforme se retrocede empiezan a aparecer más personas registradas en Cartago, pero ya en el siglo XVII e inicios del XVIII.
Como ya se sabe, la Costa Rica de la época colonial era multirracial, pues había españoles (nacidos en el Viejo Continente o en América), indios, africanos, mestizos (mezcla de español con india), mulatos (mezcla de español con africana) y una gran variedad de mezclas de distintas proporciones. Es obvio que raza humana es una sola, pero nos remitimos al uso histórico del término.
En el caso de doña Laura, cuando se llega a los antepasados que vivieron en los siglos XVII y XVIII, la gran mayoría fueron citados en la documentación como mestizos y españoles, y algunos pocos con el tratamiento distinción de don y doña, que se daba a los hidalgos. No se encontraron raíces africanas, aunque aparecen dos apellidos vinculados invariablemente a familias afromestizas del periodo colonial: Cedeño y Peraza (ambos por el lado de su padre).
Algo que no todos los costarricenses de hoy saben es que antes de 1821, bajo la dominación de España, en Costa Rica las personas solían recibir categorías sociorraciales al nacer, casar o morir. Se anotaba en las partidas de bautizo, matrimonio y defunción, si era español, indio, negro, mestizo, mulato o zambo.
El antepasado natural de España más reciente que se pudo documentar a la mandataria electa fue el capitán don Antonio Huertas, nacido en la ciudad de Corella, en Navarra, quien casó en Heredia, 1751, con doña Ana Manuela de Castro. El segundo pudo haber sido el capitán Martín Amaro de Alpízar, quien casó también en Heredia, en 1725, con Micaela de Rojas. No obstante, aunque Alpízar fue consignado como español, no se halló prueba que mencionara si había nacido en la península ibérica u otro lugar de América.
Por otra parte, la antepasada indígena más reciente de doña Laura que se pudo documentar fue Juana Hernández Palacio, india de Ujarrás, pueblo indígena que tras una peste a fines del siglo XVII vio desaparecer a su población nativa para siempre, aunque claro que quedaron mestizos con sangre indígena ujarrací, como los hijos de Juana y sus descendientes.
También desciende varias veces de Catalina Tuia, india nacida en Curridabat hacia 1577, también citada en los documentos como Catalina Pereira, quien dejó amplísima descendencia hasta el presente.
| Cómo se hizo la investigación |
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| Se ha seguido el rastro de todos los antepasados de doña Laura Fernández Delgado hasta sus sétimos abuelos y a partir de ahí se siguieron varias líneas de interés para conocer algunos de los antepasados más remotos, del periodo en que Costa Rica era territorio español, a partir de la conquista. Todo ser humano tiene 2 progenitores, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, 32 cuartos abuelos, 64 quintos abuelos, 128 sextos abuelos, 256 sétimos abuelos, 512 octavos abuelos, 1.024 novenos abuelos, etc. Es decir, en cada generación ascendente el número de antepasados se multiplica por dos. Al llegar a los vigésimos abuelos se superan los dos millones de ancestros en esa generación. Por supuesto, por razones de espacio, no se presenta toda la investigación. |
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El autor es miembro de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas