Economía y Política

Investigador del Estado de la Nación: “El reto del PUSC es ampliar la base territorial que logró mantener tras escándalos”

Uno de los más grandes retos será la de atraer nuevos votantes en un contexto donde abunda la oferta política de partidos de centroderecha

Este domingo 27 de junio el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) define quién será el próximo candidato para las elecciones del 2022.

La agrupación que hasta hace 20 años era una de las más fuertes e influyentes, cayó estrepitosamente después de los escándalos de corrupción que se dieron a conocer en el 2004. Por eso, uno de sus más grandes retos será la de atraer nuevos votantes en un contexto donde abunda la oferta política de centroderecha.

Para Ronald Alfaro, politólogo e investigador del Programa del Estado de la Nación (PEN), el partido viene recuperando el respaldo que tenía antes de que se dieran a conocer los casos de corrupción.

EF conversó con el especialista para conocer más detalles sobre la convención interna y los retos para los próximos meses.

¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades notables que tiene la exvicepresidenta de la República y aspirante Lineth Saborío?

Tiene la ventaja sin duda de haber estado en una de las posiciones más importantes del Gobierno, la vicepresidencia, y ocupar algunos de los ministerios como parte de ese rol en la vicepresidencia.

Esto en un periodo en el que el partido era uno de los más influyentes. Venía de ganar dos elecciones seguidas en 1998 y 2002, lo que sucede es que eso que juega como una fortaleza, puede ser una debilidad porque ha pasado bastante tiempo. Han pasado casi 20 años desde ese periodo y las cosas son muy diferentes hoy.

¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades notables que tiene Pedro Muñoz?

En el caso de tanto Pedro, y como mencionaremos con Erwen, la vitrina que da la Asamblea Legislativa permite tener una gran visibilidad ante la ciudadanía, ante los medios de comunicación, una mayor presencia, pueden ejercer su rol de control político de manera más agresiva en el buen sentido del término.

Eso le da una enorme vitrina, la desventaja es que es poco conocido y sobre todo su mayor nivel de conocimiento ha estado del lado de la Asamblea. Desde el Ejecutivo no ha ocupado puestos y eso lo limita de manera importante para decirle a la gente: esta es mi experiencia, este es el bagaje que ha tenido en el Poder Ejecutivo, y que no ha sido así.

¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades notables que tiene Erwen Masís?

Se une el tema de la vitrina que le da la Asamblea Legislativa, y otra de las fortalezas que tiene es que fue alcalde en San Mateo durante dos periodos, siendo el alcalde más joven, creo que alrededor de los 19 años. Eso sin duda le pudo haber facilitado una experiencia en la conducción de los asuntos públicos, claro en una localidad más pequeña sin duda, pero al menos tiene esa experiencia.

Otra de las ventajas es que es un político joven y todavía si aspira a otro tipo de procesos tendría alguna facilidad.

La desventaja es la falta de experiencia en el Ejecutivo, que es uno de los aspectos que resulta ser de relevancia, porque administrar las cosas en un pueblo o en un municipio no es lo mismo que a nivel nacional.

Por ese lado lo plantearía en esos términos, quienes ocupan puestos en la Asamblea Legislativa tienen esa mayor visibilidad, pero les desfavorece no estar en el Ejecutivo en alguna de las carteras disponibles.

¿Considera usted que esta elección atraiga votantes que no son de la base socialcristiana?

Creo que no sería muy extraño a lo que pasó hace algunas semanas en Liberación Nacional, sino también a lo largo de la historia. Es muy difícil que votantes que no sean de identidad socialcristiana, que tengan esa raíz o afinidad, participen de los procesos internos. Eso es extraño, podría ocurrir, pero es en proporciones pequeñas, no como para redefinir el resultado.

Normalmente en estos procesos los que participan son los que tienen los vínculos más fuertes con los partidos, uno podría llamarles como los más fiebres de la política participan ahí. Atraer gente de ahí no es lo usual, no es frecuente.

Otro aspecto importante es que el Partido Unidad Social Cristiana no es el mismo partido que veíamos a finales del siglo pasado e inicios de este. Ha cambiado mucho, atravesó momentos muy turbulentos a raíz de los escándalos de corrupción en que se vieron involucrados dos de sus expresidentes, y que además eso salpicó las convenciones internas en varias de ellas.

Ha habido ocasiones en que incluso uno de los triunfadores, en el 2009 y en el 2014, en que los triunfadores de las convenciones tuvieron que apartarse. Como el de Rodolfo Hernández, por su renuncia.

Ha habido mucha turbulencia, los candidatos que han surgido han sido candidatos emergentes y que no han estado en el primer orden de la fila.

Eso condiciona las posibilidades de atraer gente.

El partido también está dividido porque desde el 2014 no es el calderonismo unificado o la figura socialcristiana unificada. Desde la separación de Calderón, que se llevó a una parte importante de esa militancia, dejó a la Unidad sin un liderazgo claro.

Por varias décadas el partido estuvo dominado por la disputa entre Rafael Ángel y Miguel Ángel, que derivaron en candidaturas y periodos presidenciales. Posteriormente ha tenido dificultades para recomponerse.

¿Cuáles son los retos del PUSC de cara a las elecciones nacionales del 2022?

Es un partido que tiene algunas bases todavía, persisten algunas bases territoriales que le permiten elegir una cantidad de diputados.

También una cantidad de alcaldías a lo largo y ancho del país, y regidores y regidurías también. Esa base territorial la conserva, es más pequeña y su reto es cómo ampliar esa base.

Eso es un desafío de una gran complejidad en el ámbito en que el PUSC compite, porque en donde puede pescar más apoyo o respaldo, está poblado de candidatos, partidos y nuevas figuras.

Resulta muy complicado para un partido lograr diferenciarse de ese montón de competidores.

Si uno repasa a lo largo de la historia, el PUSC es el partido heredero de la oposición del liberacionismo tradicional. Antes lo que existía era la oposición a Liberación en la que a veces surgía el Partido Republicano, el Partido de Unificación Nacional, a veces el Partido Demócrata; toda esa oposición se agrupa alrededor de la Coalición Unidad en 1978 y luego en la Unidad Socialcristiana formalmente en 1983.

El socialcristianismo fue el partido que logró liderar ese proceso, ser el partido más importante de oposición. Hoy día tiene un gran desafío pero con grandes desventajas; en aquel momento logró reunir a distintas fuerzas opositoras, hoy día la Unidad es una fuerza más de la oposición, no hay una claridad de armar una coalición nacional, ya sea frente al PAC o a uno de sus principales oponentes históricos que es Liberación Nacional.

Porque hay muchos competidores: está el Frente Amplio, el Republicano Socialcristiano, la coalición electoral que han ido armando entre Liberal Progresista y Alianza Demócrata Cristiana. Hay muchos competidores.

Eso para el partido resulta su gran reto ¿Cómo hacer para pasar a encabezar estos esfuerzos de atraer apoyos que están en manos de otros partidos para encabezar una oposición al oficialismo y liberacionismo como la coalición en los ochentas? Eso no es sencillo.

En los últimos comicios, el PUSC creció exponencialmente. ¿Podría mantener o aumentar este comportamiento en las elecciones nacionales del 2022?

Esa es la gran pregunta. Cómo se va a desenvolver el partido en el 2022 cuando hay más competidores, dentro de sus posiciones ideológicas más cercanas, porque este es un partido de centro derecha. Ese terreno, el centro derecha en Costa Rica es el más poblado, abundan candidaturas y partidos, e incluso candidatos sin partido.

Ese terreno está muy poblado. Si existieran algunas condiciones se podría armar una coalición pero no las hay.

Ahora, el partido ha venido recuperando el respaldo que tenía antes de los escándalos del 2004. El hecho de que el partido lograra ganar en 1998 y repitiera en el 2002 , que dicho sea de paso, lo convirtió en el partido en ganar dos elecciones consecutivas luego de Liberación Nacional.

Pero luego tuvo esa caída estrepitosa. Es un poco lo que hablábamos al principio que los liderazgos se vieron dañados a partir de esos escándalos de corrupción, el partido tuvo que hacer un esfuerzo para recomponerse, pero lo que tiene hoy en día no es igual a lo que llegó a tener en otro momento de la historia electoral reciente.

¿Cuál es su apreciación sobre el proceso y los protocolos que se han implementado para evitar los contagios de la COVID-19?

Las convenciones internas dinamizan la competencia en el partido, de alguna forma se convierte en un factor motivador para la militancia. Desde luego que en época de pandemia es arriesgado por una menor participación o que derive de alguna forma en dificultades de aplicar los protocolos sanitarios.

En general ha sido una jornada tranquila, bastante calma. Veremos cómo se comporta la cantidad de votantes que asisten a las urnas para analizar el fenómeno.

Han habido unos incumplimientos según se ha reportado recientemente, pero eso no empaña un proceso llevado a cabo. No es tan fácil para un partido desplegar estos esfuerzos a nivel nacional, valga decir que no todos los partidos lo hacen, pero los que se aventuran a hacerlo es una prueba piloto para lo que vendrá en las elecciones de febrero.

Estaremos atentos a los resultados y de la evolución de la participación electoral.

Laura Ávila

Laura Ávila

Es periodista de Economía y Política de El Financiero