Costa Rica es el país de Centroamérica que envejece con mayor rapidez en comparación con el resto de las naciones de la región y su economía no se adapta a ese cambio.
Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indican que la población costarricense mayor de 60 años pasará de representar un 16% del total nacional a un 20% entre 2023 y 2033. A esta tendencia se suma la caída sostenida en la tasa de nacimientos: pasó de 15,05 por cada mil habitantes en 2014 a 8,87 en 2024, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
En términos económicos, esto implica que el sostén productivo del país recaerá cada vez más en un grupo poblacional que no deja de crecer: las personas mayores de 50 años, a quienes se suele agrupar dentro del segmento conocido como silver economy o economía plateada.
Para Miriam de Paoli, fundadora de la organización Data 8 LATAM —dedicada a analizar el fenómeno de la longevidad y a desarrollar soluciones en torno a él—, Costa Rica aún no ha dimensionado el potencial económico que representa este cambio demográfico.
“Costa Rica es un país que nunca ha realizado un análisis interno real sobre cómo la longevidad de la población puede convertirse en un activo”, señaló.
De acuerdo con estimaciones de Data 8 LATAM, actualmente la economía plateada genera alrededor de $2 billones en consumo en América Latina y el Caribe. A nivel global, esa cifra alcanza los $22 billones.

Aplicación de la economía plateada
La esperanza de vida en Costa Rica pasó de 79,82 años en 2016 a 81,05 años en 2025, de acuerdo con datos del INEC. Esta tendencia, combinada con la caída de la natalidad, apunta a un escenario en el que habrá cada vez más personas acercándose a la edad de jubilación y menos trabajadores jóvenes ingresando al mercado laboral.
Sin embargo, la economía plateada no responde a un perfil homogéneo. Se trata de un universo amplio y diverso, compuesto por distintos grupos etarios y realidades laborales.
Mientras las personas entre los 50 y los 60 años continúan siendo actores activos dentro del aparato productivo, quienes superan ese rango enfrentan situaciones más variadas: desde adultos mayores que permanecen laboralmente activos a través de emprendimientos o consultorías, hasta quienes ya se han acogido a la jubilación.
Por esa razón, las políticas públicas dirigidas a fortalecer la silver economy deben contemplar las múltiples realidades y necesidades de esta población, explicó De Paoli.
En este contexto, la economía plateada no se limita únicamente al diseño de políticas para la atención y el cuidado de las personas adultas mayores. También implica generar incentivos para empresas, emprendimientos e incluso profesionales extranjeros mayores de 50 años que buscan mantenerse productivos o desarrollar actividades independientes.

Economía plateada para el país
Aunque Costa Rica cuenta con la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez 2023-2033, el país aún carece de políticas públicas específicas orientadas a potenciar la economía plateada y a estimular el crecimiento de este segmento productivo.
Byron Salas, director ejecutivo de Fundación Crusa, considera que el país debe impulsar “nuevos emprendimientos de base científico-tecnológica que desarrollen productos y servicios orientados a la silver economy”. Según explicó, este tipo de emprendimiento dinámico es el que genera mayor valor agregado y contribuye más al fisco al crecer con rapidez y aumentar su facturación.
A medida que la esperanza de vida continúa extendiéndose, De Paoli también subrayó la importancia de que las entidades financieras adapten sus esquemas de crédito y consideren a las personas jubiladas que desean emprender o iniciar nuevos proyectos productivos.
Ante la ausencia de una normativa específica que incentive la productividad de las personas cercanas a la jubilación o ya retiradas, la Fundación Crusa, junto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Embajada de Japón, impulsó el proyecto “Caminos hacia la longevidad: soluciones de la Economía Plateada hacia una estrategia de financiamiento basada en resultados”.
La iniciativa pretende impulsar soluciones que mejoren la calidad de vida de las personas mayores a partir de dos frentes de acción. El primero se enfoca en la economía plateada y abarca desde servicios de cuidado de largo plazo y programas para prevenir la fragilidad, hasta atención en salud física y mental. También busca abrir más espacios de empleo y emprendimiento para una población que, pese a su edad, continúa siendo productiva y activa.
El segundo eje apuesta por el financiamiento basado en resultados. Este modelo procura que los recursos —tanto públicos como privados— se asignen en función de metas sociales concretas y verificables. La lógica es simple: que el dinero no solo se invierta, sino que demuestre impacto real, con intervenciones más eficientes y sostenibles en el tiempo.
Retos para el país
Más allá de estudiar e implementar políticas que impulsen la economía plateada, Costa Rica también enfrenta el desafío de atender las necesidades de esta población creciente sin descuidar a las generaciones más jóvenes.
Según Salas, uno de los principales retos será profesionalizar el sector del cuidado, una labor que históricamente ha recaído mayoritariamente en mujeres y que requiere mayor reconocimiento salarial y formalización.
Según una encuesta del BID de 2024, un 73,9% de los cuidadores de adultos mayores no tienen formación en la materia, a pesar de que un 43,9% dice tener la atención médica como una de sus tareas. Además, un 85,4% gana el salario mínimo o menos.
Asimismo, De Paoli advirtió que otro desafío clave será la sostenibilidad del sistema de pensiones, que depende del aporte de los trabajadores activos.
“No tengo una respuesta definitiva para resolver ese desafío, pero sí sabemos que es necesario sentar en la misma mesa al sector público, al sector privado, a las ONG y a la sociedad civil para entender cuál es la real Costa Rica”, concluyó.
