Por las ventanillas del Banco de Costa Rica (BCR) han desfilado desde los barones del café del siglo XIX hasta los inversionistas de la era digital y hoy enfrenta la amenaza más contundente a su naturaleza pública desde la revolución de 1948. Una decisión política en Cuesta de Moras podría borrar su carácter estatal en los próximos meses.
El Banco de Costa Rica (BCR) representa mucho más que un simple activo anotado en los libros contables del Ministerio de Hacienda. La institución constituye un gran vestigio de la banca que nació para financiar el desarrollo nacional.
El Poder Ejecutivo entrante busca ahora convertir ese legado histórico en efectivo para atender urgencias fiscales. La presidenta electa, Laura Fernández, confirmó su intención de vender el conglomerado financiero apenas asuma el mandato.
Su administración pretende finalizar la tarea que el gobierno de Rodrigo Chaves dejó inconclusa en la corriente legislativa. El nuevo plan justifica la venta bajo el argumento de capitalizar el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM).
El BCR representa hoy uno de los grandes bastiones de la banca comercial pública en competencia abierta. Su estructura ha sobrevivido a revoluciones, cambios de moneda y crisis globales a lo largo de las décadas.
Para dimensionar el peso de esta venta debemos retroceder hasta el siglo XIX. La trayectoria de esta entidad inició formalmente el 20 de abril de 1877.
Según lo explica el mismo banco en varios documentos y sitios electrónicos relacionados con su historia, el empresario español Gaspar Ortuño y Ors fundó en esa fecha el “Banco de la Unión”. La economía de aquella época dependía casi exclusivamente de la exportación del grano de oro hacia los mercados europeos.
Los cafetaleros necesitaban un brazo financiero local para no depender de los prestamistas extranjeros. Ortuño vio la oportunidad de negocio y creó una institución de capital privado para atender esa demanda.
Gaspar Ortuño concibió la idea de una institución dedicada fundamentalmente a operaciones comerciales de préstamo y captación. En sus primeros siete meses de operación, el banco logró un dividendo cercano al 13% de su capital inicial.
Esta ventaja competitiva excepcional consolidó su prestigio ante los inversionistas privados y el propio Gobierno de la República. La institución se convirtió rápidamente en el principal prestamista del Estado costarricense.
En esta etapa inicial, el Banco de la Unión operaba bajo una lógica puramente comercial y privada. Sin embargo, su importancia estratégica lo llevó a entrelazarse de forma profunda con las finanzas públicas nacionales. En 1879 la entidad otorgó el primer financiamiento de ferrocarriles del país al Gobierno.
Este crédito fue destinado específicamente al Ferrocarril al Atlántico para mejorar la logística de exportación cafetalera. Dicha inversión marcó el inicio del actual BCR como soporte financiero de proyectos que definieron la geografía nacional.
El Estado validó su importancia estratégica siete años después de su fundación. El gobierno de Bernardo Soto firmó el histórico Contrato Soto-Ortuño en 1884.
Este acuerdo le entregó al banco las llaves de la política monetaria del país como un banco central. La institución ganó un poder inédito en la región centroamericana gracias a esa concesión estatal.
El banco emitió la moneda nacional y administró las rentas públicas durante doce años. La entidad consolidó en ese periodo un patrimonio que ninguna otra empresa tenía en el territorio nacional.
Esta potestad resultó vital para una economía que enfrentaba los retos de la modernización pesada.
El nombre cambió oficialmente a Banco de Costa Rica en 1890 para reflejar su alcance nacional. La institución funcionó como un banco privado y comercial durante la primera mitad del siglo XX.

En 1893, el banco proveyó apoyo al sector cafetalero durante una crisis internacional de precios. Esta intervención fue fundamental para mantener la estabilidad macroeconómica del Estado en momentos de incertidumbre.
Tres años después, en 1896, la institución financió la construcción del Ferrocarril al Pacífico. Este proyecto permitió establecer una conexión comercial interoceánica necesaria para el crecimiento económico de Costa Rica.
Hacia 1905 y 1906, el BCR expandió su financiamiento hacia la infraestructura municipal y los gobiernos locales. En ese mismo periodo, el banco impulsó la creación de las primeras plantas eléctricas del país.
La diversificación agrícola también recibió apoyo mediante créditos otorgados a la Compañía Bananera en 1914.

El BCR sobrevivió a las guerras mundiales y a las crisis de precios internacionales de las materias primas. Su operación se mantuvo estable hasta que la política interna transformó su estructura.
La Junta Fundadora de la Segunda República cambió el modelo económico en 1948. El Decreto Ley 71, redactado por Alberto Martén y ejecutado inmediatamente por José Figueres Ferrer, nacionalizó la banca y el BCR pasó a manos del Estado costarricense. Esta medida buscó arrebatar el control financiero a la oligarquía cafetalera dominante.
La nacionalización convirtió al BCR en una institución autónoma de derecho público propiedad del Estado. La lógica era evitar que los depósitos públicos beneficiaran exclusivamente a grupos de poder minoritarios.
El banco recibió instrucciones para democratizar el crédito y priorizar sectores tradicionalmente ignorados. Entre estos destacaban el pequeño productor agrícola, la industria naciente y la vivienda popular.
En 1950 se creó el Banco Central de Costa Rica, separándolo del Banco Nacional para controlar la moneda. El BCR continuó otorgando facilidades de crédito e impulsando proyectos de obra pública.
Durante 1953, brindó soporte financiero crítico al Instituto Costarricense de Electricidad. Posteriormente, en 1954 y 1956, financió el sector salud y manufacturas de bienes básicos.

En 1977 se inauguró actual edificio central. Este inmueble se convirtió en un símbolo arquitectónico de la fortaleza del Estado costarricense.
El mandato de la institución cambió de la rentabilidad privada al desarrollo social. El banco priorizó el financiamiento de obra pública y la apertura de sucursales en zonas rurales durante las décadas siguientes.
El crecimiento de la entidad continuó hasta conformar el conglomerado actual. El BCR opera hoy cuatro subsidiarias que forman parte integral del paquete de venta propuesto:
- BCR Valores: Puesto de bolsa especializado en el mercado bursátil.
- BCR SAFI: Sociedad administradora de fondos de inversión.
- BCR Pensiones: Operadora de planes de retiro complementario.
- BCR Corredora de Seguros: Intermediación de pólizas.
La década de 1980 trajo una de las peores crisis económicas de la historia costarricense. El déficit fiscal y la devaluación acelerada afectaron profundamente al sistema financiero nacional.
A finales de esa década comenzó una transición hacia la liberalización económica y la competencia. Este proceso incluyó el rompimiento de monopolios estatales sobre cuentas corrientes y seguros.
En 1995, la Ley Orgánica del Banco Central de Costa Rica (N.° 7558) permitió a los bancos privados manejar cuentas corrientes por primera vez. Esta apertura obligó al BCR a modernizarse tecnológicamente para competir directamente con la banca privada.
En 2018, el Banco asumió por absorción las operaciones del Banco Crédito Agrícola de Cartago. Esta acción evitó un impacto sistémico negativo en el sector financiero nacional.
Recientemente, el banco asumió la impresión de licencias de conducir en 2020 como socio del Estado. También lanzó centros de servicios “Punto País” en 2021 para digitalizar trámites gubernamentales.
Los estados financieros auditados de los últimos tres años muestran una entidad que genera utilidades constantes.
El BCR aportó cifras al sistema financiero en 2022. Ese año, el Sistema Bancario Nacional generó ganancias récord por ₡283.587 millones y el banco estatal aportó ₡48.171 millones a esa cifra, aunque las utilidades cayeron 11,5 puntos porcentuales respecto al año anterior (2021).
El escenario macroeconómico cambió drásticamente para todo el sector en 2023. La apreciación del colón y el diferencial cambiario golpearon las utilidades de la industria.
Las ganancias del sistema cayeron un 40,5% según los datos oficiales de la Sugef. El sector cerró ese periodo con una utilidad reducida de ₡168.783 millones debido al tipo de cambio.
El BCR sostuvo su solvencia durante ese periodo crítico de ajuste cambiario. La entidad mantuvo su operación sin pérdidas estructurales a pesar de la baja en la valoración de sus activos en dólares y sus ganancias fueron de ₡22.086 millones.
La recuperación llegó con fuerza en los estados financieros de 2024. Nueve de los 14 bancos supervisados por la Superintendencia reportaron mejores resultados que el año anterior.
El BCR aprovechó la estabilidad del dólar para mejorar sus márgenes de intermediación financiera. La entidad saneó sus indicadores de rentabilidad y cerró el año con números positivos.
| Periodo | Resultado del sistema (Millones ₡) | Situación del BCR |
|---|---|---|
| 2022 | 283.587 (+23,12%) | Segunda entidad con mayor aporte a las ganancias del sector. |
| 2023 | 168.783 (-40,5%) | Mantuvo solvencia pese al choque cambiario. |
| 2024 | 259.238 (+53,6%) | Mejora en utilidades y patrimonio. |
La administración Chaves intentó vender el banco por primera vez en 2022. El expediente 23.331 valoró el conglomerado en $1.785 millones.
El objetivo original era pagar deuda pública con esos recursos. Los diputados archivaron esa propuesta inicial por falta de viabilidad política y dudas sobre el precio real.
Laura Fernández revive ahora el proyecto con un matiz diferente en su justificación. Su equipo económico plantea usar los recursos de la venta para fortalecer el fondo de pensiones del IVM.
El cambio de discurso no convence a la fuerza laboral de la institución bancaria. El Sindicato de Empleados del Banco de Costa Rica (Unebanco) emitió un comunicado este 4 de febrero. Unebanco rechaza la venta en su pronunciamiento. El gremio utiliza los datos auditados por la Sugef para desmentir la crisis.
Sus argumentos principales se centran en la defensa del patrimonio público:
- La venta es una “mera ocurrencia” que no resolverá los problemas estructurales del IVM.
- El banco no es una carga fiscal, sino una de las instituciones más sólidas y rentables.
- La propuesta es un “ataque directo al Estado Social Costarricense”.
El comunicado del sindicato se refiere a la situación financiera: “Es totalmente irresponsable y falso afirmar que el banco está en crisis”.
El gremio asegura que las utilidades anuales generan más valor social y económico al país. Unebanco califica la venta como un error estratégico para las finanzas del Estado.
El comunicado señala esto sobre la propuesta: “La venta del BCR no resolverá ningún problema estructural del Estado ni mucho menos el problema (...) de las pensiones”.
La organización califica la propuesta de Fernández como improvisada. El texto indica que la idea de capitalizar el IVM con la venta es una “mera ocurrencia sustentada en mentiras”.
El Comité Ejecutivo cerró su mensaje con una advertencia directa al nuevo gobierno. El comunicado concluye: “No permitiremos que una institución como la nuestra sea entregada a intereses particulares bajo una narrativa de engaños”.
La batalla política se trasladará al Congreso a partir de mayo próximo. Fernández necesita 38 votos para aprobar la venta, mientras el sindicato apuesta a la presión social para defender los 149 años de historia del banco.
| Año | Evento |
|---|---|
| 1877 | Fundación del Banco de la Unión. |
| 1884 | Monopolio de emisión (Contrato Soto-Ortuño). |
| 1948 | Nacionalización bancaria. |
| 2022 | Primer intento de venta fallido. |
| 2026 | Nuevo intento de venta. |
El desenlace de esta historia definirá el futuro de la banca estatal. Los diputados tendrán la última palabra sobre el destino del conglomerado.
