Costa Rica eligió como presidenta número 50 a Laura Fernández, candidata del Partido Pueblo Soberano, obteniendo 48,5% de los votos, le siguió Álvaro Ramos, con 33,3%.
Se reporta una participación del 70% del electorado, el abstencionismo del 30% fue el más bajo desde las elecciones presidenciales de 1998.
En sus primeras palabras hizo un llamado a la democracia y a iniciar la “Tercera República”, esta es una transcripción de lo que dijo:
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¡Que viva la democracia! ¡Que viva Costa Rica!
Este es un momento histórico y, sobre todo, es un momento de gloria para nuestra democracia, para nuestra amada Costa Rica.
¡El pueblo habló! ¡El pueblo habló! La democracia decidió. Costa Rica ha votado y ha optado por la continuidad del cambio.
Un cambio que solo busca rescatar y perfeccionar nuestras instituciones democráticas y devolverlas a ustedes, al pueblo soberano, para crear mayor bienestar y prosperidad para nuestro pueblo.
Hemos dado ejemplo al mundo de cómo, en paz y libertad, las urnas electorales pueden engendrar y alimentar una auténtica revolución política.
¿Cuántas naciones del mundo, más grandes y pequeñas que la nuestra, desearían poder vivir de manera pacífica, democrática y civilizada el cambio que hoy vive Costa Rica?
A mis partidarios les digo: estas son horas de júbilo y tenemos justo derecho a celebrar la victoria.
Pero no olvidemos que lo más difícil empieza ahora: no defraudar a quienes nos otorgaron su confianza.
Hoy, primero de febrero de 2026, Costa Rica ha cerrado un ciclo en su historia política. Lo que se llamó la Segunda República, labrada en 1948 en campos de batalla anegados con la sangre de nuestros padres y hermanos, ha quedado en el pasado. Por la voluntad expresa del pueblo de Costa Rica, nos toca ahora edificar la Tercera República.
Por eso y para eso se instalará el nuevo gobierno que habremos de inaugurar el próximo 8 de mayo. El mandato que me da el pueblo soberano es claro: el cambio será profundo e irreversible. La ilusión es enorme y gigantesco el sentido de responsabilidad con el que asumo la tarea de concretar estas transformaciones democráticas.
Nos toca a todos, juntos, dimensionar, articular y ejecutar el cambio. También quienes hoy no fueron favorecidos por las urnas tienen una gran responsabilidad con el futuro de la patria, y mi gobierno les concederá los espacios pertinentes para que cumplan esos deberes cívicos y políticos.
Con vista en los resultados electorales de esta jornada, me atrevo a vaticinar que uno de los cambios más significativos y característicos de la Tercera República será la forma en que actúa la oposición al gobierno y los partidos políticos en general. En una democracia sana, las fuerzas opositoras deben ser vigilantes y fiscalizadoras del accionar gubernamental, pero también propositivas, coherentes y leales a los intereses de la ciudadanía.
La oposición obstruccionista y saboteadora, enceguecida por el revanchismo y el canibalismo político, que solo se empeña en propiciar el fracaso del gobierno creyendo que eso abona a sus intereses electorales, nos desgasta a todos y obstaculiza la lucha por la prosperidad y el bienestar del país.
Por ello, pueblo de Costa Rica, me propongo presidir un gobierno de diálogo y concordia nacional, respetuoso y firme del Estado de derecho.
El principio es muy sencillo: la ley que no sirve, que se volvió obsoleta o que se convirtió en un lastre para el desarrollo nacional, se modifica o se deroga; pero mientras esté vigente, se respeta y se cumple. Porque la democracia es, ante todo, el gobierno de la ley, donde prevalece y se acata la voluntad de la mayoría, pero donde también se respeta y se protege el sentir de las minorías. Entenderlo de manera diferente nos expone a los riesgos de la arbitrariedad y el autoritarismo, que nadie quiere y que yo, como nueva presidenta de la República, no voy a permitir nunca.
Compatriotas, seamos muy claros: la Tercera República llega para cambiar ciertas reglas del juego político nacional, porque el pueblo costarricense exige acabar con la corrupción, exige acabar con la demagogia y con la ineficiencia del Estado. Pero los principios rectores de nuestra vida republicana seguirán siendo los mismos, los que nos hacen grandes como nación: la paz, la libertad y la solidaridad.
Por eso, que no se sorprenda nadie de que al dar por cerrada la Segunda República, rendimos un fervoroso homenaje y nos declaramos continuadores, en lo esencial, del pensamiento y la obra de los costarricenses que nos hicieron grandes como país. Junto a esas figuras de nuestra historia nacional, debo mencionar también con enorme gratitud al actual presidente de la República, don Rodrigo Chaves Robles. Don Rodrigo, con su ejemplo, usted vino a inyectar coraje y dignidad al pueblo de Costa Rica y puso a la nación de pie para escalar mayores cumbres de la democracia y enrumbarnos hacia el desarrollo.
Señor presidente, yo seguiré haciendo rugir nuestra economía jaguar, seguiré consolidando lo alcanzado y multiplicando el desarrollo con libertad de empresa y de comercio, creando espacios para que los emprendedores, las mujeres y los jóvenes de nuestro país prosperen.
A los diputados electos del partido Pueblo Soberano y a todos los integrantes de la próxima Asamblea Legislativa, les pido actuar con prudencia, sabiduría y el máximo sentido de responsabilidad. La tarea histórica que tenemos por delante es enorme y el escrutinio ciudadano será riguroso, incluso implacable, por la salud de nuestra democracia.
A quienes serán diputados de mi gobierno les pido patriotismo, trabajo duro, valentía, lealtad al pueblo de Costa Rica y disciplina.
Y les doy un consejo práctico: así como yo me guiaré en Casa Presidencial por el ejemplo y el legado del presidente Rodrigo Chaves, guíense ustedes por el ejemplo y el legado parlamentario de la diputada Pilar Cisneros Gallo.
Costarricenses, si así lo hacemos, ni ustedes ni yo le fallaremos al pueblo, y Costa Rica alcanzará el progreso y la prosperidad que por tantos años hemos soñado.
Quiero compartir una reflexión sobre el papel trascendental de la prensa en esta Tercera República. Como demócrata, creo que la prensa debe ser auténticamente libre para informar a la ciudadanía sobre el acontecer nacional. Esa libertad comprende el derecho y el deber de la crítica periodística, pero también debemos recordar que el periodismo es, por esencia, un servicio a la sociedad, enmarcado por los deberes de objetividad, veracidad y responsabilidad.
La libertad de prensa es una garantía democrática en favor del pueblo, no una moneda de trueque para que algunos trafiquen con la información pública de forma chantajista o extorsiva para favorecer intereses económicos particulares.
Gracias al sabio pueblo de Costa Rica. La campaña electoral fue dura e intensa, fue como deben ser las campañas en democracia, pero tampoco voy a omitir que hubo asperezas y excesos verbales innecesarios, algunos de los que nos robaron casi todo y nos dejaron en la desesperanza cuando en el pasado les dimos el poder y la confianza en esta última campaña electoral también nos quisieron arrebatar la confianza del cambio.
Por eso, le apostaron al discurso del autoritarismo y la dictadura, intentaron meterle miedo a la ciudadanía para que volviera el pueblo de Costa Rica a creer en ellos, pero el pueblo aligeró la trampa.
Les repito, les repito, una vez más: la presidenta electa Laura Fernández Delgado es una demócrata convencida, defensora de la libertad, de la vida, de la familia, del trabajo digno y de la propiedad privada.
Mi gobierno tendrá un solo propósito: fortalecer el Estado de derecho al servicio de las familias costarricenses y rescatar la democracia de la que siempre nos hemos sentido orgullosos.
¡Pueblo bendito de Costa Rica, que Dios los bendiga!
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