La presidenta de la República, Laura Fernández, se reunió con su homólogo israelí, Isaac Herzog, poco después de ser juramentada oficialmente. Durante ese encuentro, la mandataria habría expresado su “deseo” de trasladar la embajada costarricense de Tel Aviv a Jerusalén, según reportaron medios israelíes.
“A diferencia de muchas voces en el ámbito internacional, en América Latina se observa una tendencia positiva de cambio, un estrechamiento de los lazos y una profundización de la cooperación con Israel”, comentó Herzog, según reportó, por ejemplo, The Times of Israel.
A solicitud de El Financiero, sin embargo, la Cancillería costarricense evitó confirmar o desmentir la información que divulgaron medios israelíes.
En marzo pasado, el gobierno de Rodrigo Chaves anunció la apertura de una oficina comercial de Costa Rica en Jerusalén, concebida como una “Oficina de Innovación en Comercio e Inversión” con estatus diplomático y operada por la Promotora de Comercio Exterior (Procomer). La sede, ubicada en Jerusalén Occidental, fue presentada como una pieza clave de la estrategia costarricense para estrechar lazos con el ecosistema de alta tecnología israelí, atraer inversión extranjera y diversificar los mercados de exportación.
Israel es el principal socio comercial de Costa Rica en Medio Oriente en términos de importaciones y el segundo destino de sus exportaciones en la región, con un comercio promedio cercano a los $49 millones anuales en el último decenio, concentrado en productos agroquímicos, componentes electrónicos, plásticos y servicios vinculados a tecnología e innovación.
De concretarse el eventual traslado, Costa Rica entraría en tensión con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al contravenir la Resolución 478 del Consejo de Seguridad, que insta a los Estados miembros a retirar —y no establecer— sus misiones diplomáticas en Jerusalén.
La eventual decisión también podría comprometer uno de los objetivos que se trazó el país: impulsar la candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan para encabezar la ONU. El respaldo internacional hacia la costarricense podría debilitarse no solo por un eventual incumplimiento de resoluciones del organismo, sino también por el distanciamiento que suelen mostrar los países árabes hacia los Estados que reconocen a Jerusalén como capital israelí.
La elección en Naciones Unidas se realizará el primer día de 2027.

De Tel Aviv a Jerusalén
El eventual traslado de la embajada costarricense a Jerusalén revive una disputa diplomática que se remonta a más de siete décadas y que sigue sin una resolución definitiva en la comunidad internacional.
La tensión alrededor de Jerusalén tiene raíces políticas, territoriales y religiosas. La ciudad es considerada sagrada para tres religiones monoteístas —judaísmo, cristianismo e islam—, una condición que la ha convertido en epicentro de disputas durante siglos. Ante ese escenario, la ONU propuso en 1947 convertirla en una ciudad internacional administrada por el organismo, aunque la iniciativa nunca prosperó.
Dos décadas después, tras la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó Jerusalén Este y, en 1980, formalizó mediante la Ley de Jerusalén su decisión de considerar a toda la ciudad como su capital “eterna e indivisible”.
La decisión israelí provocó un amplio rechazo internacional y derivó en la Resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU, mediante la cual se instó a los Estados miembros a retirar —y no establecer— sus misiones diplomáticas en Jerusalén, al no reconocer la soberanía israelí sobre la totalidad de la ciudad.
Fue en ese contexto que, durante la administración de Rodrigo Carazo Odio (1978-1982), Costa Rica trasladó su embajada a Tel Aviv en sintonía con dicha resolución.
Sin embargo, en 1982 el entonces presidente Luis Alberto Monge decidió retornar la sede diplomática a Jerusalén, una medida que convirtió a Costa Rica en el primer país del mundo en establecer allí su embajada.
La sede permaneció en esa ciudad hasta 2006, cuando durante la segunda administración de Óscar Arias Sánchez volvió a Tel Aviv. De acuerdo con el politólogo Carlos Cascante, la decisión respondió al contexto en que Costa Rica buscaba un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU y necesitaba sumar el respaldo de países árabes, con los cuales no mantenía relaciones diplomáticas debido a la ubicación de la embajada.
Desfavorable para Grynspan
Aunque la Cancillería respondió a EF que “cualquier decisión al respecto será comunicada oportunamente a través de los canales oficiales correspondientes”, la divulgación de la noticia en medios israelíes ya podría generar costos políticos para la candidatura de Grynspan a la Secretaría General de la ONU.
Carlos Murillo, director del Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica, advirtió que la candidatura de la costarricense requiere el respaldo de países árabes para consolidar una mayoría de votos. “Ese apoyo podría empezar a diluirse ante la intención de Costa Rica de reconocer a Jerusalén como capital de Israel”, señaló.
Para Murillo, la situación también refleja una deficiente lectura del contexto internacional por parte de la administración de Laura Fernández, al enviar una señal que profundiza divisiones entre los Estados miembros de la ONU y que, al mismo tiempo, contradice resoluciones del propio organismo.
A ello se suma otro elemento de tensión: Costa Rica ha manifestado interés en impulsar reformas para hacer más “efectiva” a la ONU. Sin embargo, para promover cambios dentro del organismo, el país necesitaría proyectar coherencia con sus resoluciones y evitar señales diplomáticas contradictorias que debiliten su capacidad de construir apoyos.

¿Subordinación a Estados Unidos?
Estados Unidos (EE. UU.) trasladó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén en 2018, durante la primera administración de Donald Trump, un año después de reconocer oficialmente a esa ciudad como capital de Israel.
La cercanía entre Trump y Herzog también se expresa en el plano militar y estratégico, en momentos en que EE. UU. e Israel mantienen una alianza en el conflicto armado que sostienen frente a Irán.
Hasta ahora, el gobierno costarricense no se ha pronunciado de forma directa sobre esa confrontación. En febrero pasado, la Cancillería expresó preocupación por la escalada de tensiones en Medio Oriente —sin mencionar a los países involucrados—, aunque sí condenó “enérgicamente los ataques de Irán” contra otros territorios de la región.
Murillo sostiene que la posición costarricense ha mostrado una subordinación a Washington, lo que ayudaría a explicar tanto el manejo diplomático frente a la guerra en Medio Oriente como la posibilidad de replicar una decisión que EE. UU. adoptó años atrás con el traslado de su embajada.
Cascante, en cambio, descarta que el eventual giro responda únicamente a una alineación con Washington. A su juicio, se trata de una discusión interna que parecía haber quedado saldada en 2006, cuando se realizó el último traslado, pero que nunca dejó de tener detractores. “Siempre hubo sectores que consideraron aquella decisión como un error”, concluyó.
Entre la búsqueda de nuevos aliados, la candidatura de Rebeca Grynspan y la necesidad de mantener credibilidad dentro de la ONU, el eventual traslado de una embajada podría tener repercusiones mucho más profundas que un simple cambio de dirección.

