Solo 13 de 1.123 aspirantes aprobaron el más reciente Examen de Excelencia Académica para la incorporación al Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica, lo que implica una tasa de aprobación cercana al 1,1%.
La tasa está por debajo incluso del 5% registrado en la prueba de marzo de 2024, cuando 1.212 estudiantes se presentaron y apenas uno de cada veinte logró pasar.
La evaluación es un requisito obligatorio para incorporarse al Colegio y ejercer la abogacía en el país. El reglamento de Deontología Jurídica, Vigilancia y Excelencia Académica exige una calificación mínima de 80 puntos, umbral que el propio Colegio ratificó a inicios de 2026 al descartar cambios a la nota de aprobación.
Un filtro cada vez más exigente
El Colegio de Abogados y Abogadas aplica tres exámenes de incorporación por año, en los que se ponen a prueba conocimientos sustantivos y procedimentales del Derecho. Históricamente, la institución reportaba tasas de aprobación cercanas al 30%, es decir, tres de cada diez aspirantes superaban la prueba; sin embargo, en los últimos años los porcentajes han caído de forma drástica.

En 2024, por ejemplo, el Colegio confirmó que alrededor del 95% de los participantes reprobaron la evaluación aplicada en marzo, con la mayoría de notas concentradas entre 50 y 69 puntos.
Las cifras reabren el debate sobre la calidad de la formación jurídica y la proliferación de programas de Derecho en el mercado universitario costarricense. Análisis previos apuntan a que, entre 2016 y 2020, universidades como la UCR, la Escuela Libre de Derecho y La Salle concentraron la mayor cantidad de aprobados.
Al mismo tiempo, voces críticas cuestionan si el Examen de Excelencia Académica está adecuadamente calibrado para medir las competencias que exige el ejercicio profesional, o si se ha transformado en una barrera excesiva. La discusión incluye temas como la actualización del temario, la pertinencia de las preguntas y la transparencia de los criterios de corrección.
Una tasa de aprobación de apenas 13 personas sobre 1.123 postulantes puede tener efectos directos sobre la dinámica de oferta de nuevos abogados, al menos en el corto plazo. Menos incorporaciones podrían reducir la presión competitiva en ciertos nichos, pero también limitar la disponibilidad de profesionales en regiones o áreas de práctica específicas.
En paralelo, estos resultados pueden intensificar la segmentación del mercado jurídico entre egresados de programas con mayor tradición y tasas históricas de aprobación, y aquellos procedentes de universidades con peores desempeños en el examen.
Para los estudiantes, el mensaje es inequívoco: la nota de egreso ya no basta; la preparación específica para el Examen de Excelencia se vuelve un requisito estratégico para ingresar al circuito profesional.
El Colegio de Abogados y Abogadas se encuentra bajo presión para ofrecer explicaciones detalladas sobre la metodología de la prueba, la distribución de notas y las vías de revisión disponibles para los postulantes.
A inicios de 2026, la institución recordó que, antes de oficializar resultados definitivos, debe agotarse el proceso recursivo de revisión, lo que podría introducir ligeros cambios en las cifras finales, sin alterar la señal de fondo.
Para las universidades, el reto pasa por revisar planes de estudio, métodos de evaluación y la alineación de sus cursos con las competencias exigidas en el examen de incorporación. Algunos centros ya han impulsado cursos de preparación específicos, mientras proveedores privados intensifican la oferta de talleres y simulacros de prueba ante la creciente dificultad del filtro.
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Este artículo fue publicado por un editor de El Financiero asistido por un sistema de inteligencia artificial.
