Por: Juan Ignacio Guzmán Fernández.   15 diciembre, 2018
Las tecnologías cada vez más sofisticadas, junto con las presiones de los clientes, empleados y sistemas regulatorios, están influyendo en las firmas para que se mantengan actualizadas.
Las tecnologías cada vez más sofisticadas, junto con las presiones de los clientes, empleados y sistemas regulatorios, están influyendo en las firmas para que se mantengan actualizadas.

Los últimos dos años han sido claves para evidenciar que, aunque es improbable que la ciencia jurídica se extinga, sí están en riesgo algunas de las facultades que han estado reservadas para sus practicantes.

Por citar un ejemplo, hace aproximadamente un año y medio me atreví a señalar que en nuestro país, cuando menos, las funciones notariales están contando sus últimos días. Mediante plataformas tecnológicas como Ethereum, que funcionan sobre algoritmos y utilizan el blockchain, se elimina a los intermediarios innecesarios tales como notarios, abogados, banqueros o jueces, para sentar las bases y condiciones de acuerdos denominados smart contract, los cuales pueden ser empleados en una amplia variedad de escenarios.

Durante este 2018 los smart contracts han apoyado la estructuración de desarrollos inmobiliarios, el área de seguros y los reclamos derivados de estos, el sector farmacéutico para rastrear o verificar la autenticidad de determinados medicamentos y el rastreo fehaciente de inventarios, entre muchas otras.

La aparición de nuevas tecnologías y plataformas que realizan labores anteriormente reservadas para los abogados o sus asistentes son una realidad.

Tome nota

Las tecnologías cada vez más sofisticadas, junto con las presiones de los clientes, empleados y sistemas regulatorios, están influyendo en las firmas para que se mantengan actualizadas. Sin embargo, estos cambios también brindan la oportunidad de imaginar nuevos servicios legales y satisfacer mejor las demandas del mercado.

Un futuro más digital. En algunos casos, a los abogados se les exige que adopten la tecnología digital más rápidamente de lo que prefieren, ya que los tribunales y los organismos gubernamentales adoptan el enfoque sin papel. La reforma de la transmisión electrónica, por ejemplo, es un área que actualmente empuja a la industria legal –sin duda alguna– hacia un futuro más digital.

La innovación como estrategia. Muchas firmas están desarrollando comités de innovación cada vez más robustos, competencias de invención internas, hackathons, desarrollo de aplicaciones e incubación de emprendimientos auspiciados por la propia firma.

Es probable que el ritmo del cambio continúe condicionando a las firmas de abogados para que respondan a la demanda de los clientes de forma cada vez más creativa y estos puedan acceder a los servicios legales de manera más eficiente.

Optimización de la seguridad cibernética. Las firmas de abogados manejan información sensible de sus clientes, la cual es altamente confidencial, y les ha convertido en un objetivo importante para los delincuentes cibernéticos.

Un programa de seguridad sólido puede ayudar a proteger a los abogados de una violación ética causada por no resguardar adecuadamente los datos e información del cliente y superar conflictos derivados de la negligencia en el manejo de la información confidencial de los clientes.

Formación universitaria y empleo. La competencia entre graduados en Derecho está impulsando un necesario cambio en las facultades y en los intereses de los estudiantes o jóvenes graduados.

Por ejemplo, las universidades están agregando nuevas habilidades y herramientas a los estudiantes, así como una vinculación multidisciplinaria en las carreras para que les sea más sencillo entender otras industrias, así como aplicar nuevos conocimientos a su área del derecho.

Firmas boutique. Desde hace muchos años, diferentes firmas se autodefinen como boutique. Esta afirmación acarrea muchos compromisos e implicaciones que deben entenderse para no utilizar el término a la ligera.

Las firmas boutique están concentradas en un nicho específico. Se posicionan para responder a la demanda del mercado y ofrecer un servicio más “abierto y auténtico” que algunos clientes están requiriendo en los últimos años. Es decir, bajar el tono a determinadas formalidades para concentrarse en la atención, la calidad del servicio, la especialización en algunos sectores particulares e incluso ofrecer tarifas más cómodas que las utilizadas por algunas firmas tradicionales.