El Día de la Liberación de Aranceles —el 2 de abril de 2025— rompió la lógica de apertura comercial entre Costa Rica y Estados Unidos (EE. UU.), vigente desde 2009 bajo el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-Cafta).
El primer golpe que dio la política arancelaria de Donald Trump provocó que los productos de origen costarricense pasaran de un gravamen de 0% a un 10%. Y mientras las autoridades costarricenses intentaban revertir la situación en rondas de negociación, se dio el segundo golpe: el arancel creció a un 15%, justificado por un superávit en la balanza comercial.
A pesar de las rondas de negociación, aún no hay un resultado concreto de parte de ellas. La única ventaja fue que las exportaciones agrícolas costarricenses (y las de nuestros competidores) experimentaron la eliminación del gravamen, pero eso lo hizo el Gobierno estadounidense con el fin de reducir el costo de vida de su población, dado que el gigante norteamericano no produce en su suelo esos alimentos.
El otro alivio tampoco vino por la pericia de los negociadores: fue la resolución de la Corte Suprema de EE. UU. —que en febrero dejó sin efecto las medidas arancelarias— la que ofreció un respiro efímero; horas después, la administración Trump respondió con un gravamen generalizado del 10%.
En medio de este vaivén de decisiones, presiones y señales contradictorias, las cifras cuentan una historia que desafía la intuición: las exportaciones costarricenses, como un todo, crecieron un 14% interanual al cierre de 2025; el mismo nivel en el que crecieron las ventas directamente hacia Estados Unidos.
El dato no solo contrasta con el endurecimiento arancelario, sino que sugiere la presencia de factores estructurales —como la especialización productiva o la diversificación de mercados— que amortiguan el impacto de las medidas.

Una balanza que resiste
A pesar del ‘sube y baja’ en la tarifa arancelaria, las exportaciones nacionales se mantuvieron con números positivos. De acuerdo con Laura López, gerente general de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), el resultado de las exportaciones depende de variables estructurales.
“Gracias a la diversificación, tanto de productos como de mercados, logramos de alguna manera mitigar los impactos internacionales”, dijo López al dar a conocer los resultados de la balanza comercial 2025, la cual cerró con una variación interanual de 14%.
El impacto inicial de la medida punitiva del principal socio comercial de Costa Rica aún no se disipa. La incertidumbre persiste en un entorno donde los ajustes arancelarios responden más a pulsos políticos que a reglas estables, lo cual genera dudas sobre qué tan sostenible es ese comportamiento en el mediano plazo.
Aun así, el balance del primer año rompe con los pronósticos más pesimistas: la relación bilateral con EE. UU. no solo resistió, sino que se expandió, al pasar de $9.340 millones en 2024 a $10.673 millones en 2025.
El caso de la piña ilustra esta capacidad de adaptación. Aunque el sector enfrentó incertidumbre ante la nueva política arancelaria, logró mantenerse como el principal proveedor en el mercado estadounidense y el resto del mundo.
A nivel general, el flujo que generó la piña tuvo un aumento casi imperceptible según las cifras acumuladas de exportaciones del Banco Central de Costa Rica (BCCR). Mientras en 2024 la factura fue de $1.357 millones, en 2025 cerró en $1.365, siendo la variación interanual de 0,56%.
Según Abel Chaves, presidente de la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep), el buen resultado para el sector que lidera se debe a varios factores: la reputación del producto nacional, la poca producción que tiene EE. UU., y que el costo fue trasladado al consumidor.
Aunque el resultado general de las exportaciones fue positivo, si se examina el flujo de cada sector hacia el país norteamericano se evidencia que los productos minerales, la metalmecánica, la madera y el agro experimentaron variaciones negativas al cierre del 2025 en relación con 2024, de acuerdo con datos de Procomer.
Con EE. UU. absorbiendo el 47% de las exportaciones de Costa Rica en 2025 —la misma proporción que el año anterior—, la dependencia de ese mercado no cede: se mantiene intacta incluso en un contexto de creciente incertidumbre.
Sin embargo, se observa una desaceleración en el comercio a partir de agosto, con incluso una contracción del 11,7% en diciembre.
Un trimestre con 0%
El sector lácteo ilustra con precisión la tensión en torno al gravamen. Productos como la leche fluida y en polvo, el yogur, la mantequilla, el helado y los distintos tipos de queso apenas lograron saborear, durante unos meses, los beneficios plenos de la desgravación arancelaria prevista en el DR-Cafta. Tras nueve años de apertura gradual, el acceso con arancel cero solo pudo aprovecharse durante el primer trimestre de 2025.
Desde entonces, tanto los lácteos como el resto de bienes exportables hacia EE. UU. han enfrentado un entorno de ajustes constantes. En contraste, los productos estadounidenses continúan ingresando a Costa Rica bajo las condiciones preferenciales del tratado, lo que no solo mantiene su ventaja competitiva en el mercado local, sino que también evidencia una asimetría creciente.
Las cifras reflejan ese desbalance. Mientras las exportaciones de lácteos hacia suelo estadounidense crecieron un 100% interanual en 2024 —impulsadas principalmente por la leche—, en 2025 el aumento se moderó a un 33,1%. Del lado de las importaciones, el comportamiento ha sido más dinámico: el crecimiento alcanzó un 57,9% en 2024 y un 42,5% en 2025.
A ello se sumó una decisión clave. Un mes después del giro arancelario, Costa Rica facilitó el ingreso de productos lácteos estadounidenses. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) informó que el Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) agilizó el registro de establecimientos exportadores, una medida que profundizó la asimetría en el intercambio.
No es casualidad que los lácteos se mantengan como un sector particularmente sensible. Su peso en la seguridad alimentaria los convierte en un punto recurrente de fricción en cualquier negociación comercial, donde lo técnico suele entrelazarse con lo político.
Negociaciones a paso lento
En medio del malestar del sector exportador, el Ministerio de Comercio Exterior (Comex) avanzó en dos rondas de negociación realizadas en mayo y junio en Washington. Ese acercamiento no se ha traducido, hasta ahora, en un alivio arancelario, lo que sugiere que el espacio técnico de la negociación es limitado y que las decisiones responden a una lógica política más amplia, donde los aranceles operan como herramienta de presión.
La medida de aumento reconfiguró la competencia. En ese momento Costa Rica quedó en desventaja frente a mercados como República Dominicana y México, actores con los que disputa posiciones en el sector de dispositivos médicos. Mientras el país caribeño enfrentaba un arancel del 10%, México se mantuvo protegido bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), que preserva el acceso libre de gravámenes.
Actualmente, tanto las exportaciones de República Dominicana (competidor en el mercado internacional) como las costarricenses están sujetas al 10% tras el ajuste que realizó Trump ante la eliminación de la política arancelaria por parte de la Corte Suprema de EE. UU. Además, la intención de las autoridades costarricenses de disminuir el gravamen se mantiene.
La posición de Manuel Tovar, ministro de Comex, durante el proceso de negociación se sostiene en que no adelantará criterio sobre las discusiones que iniciaron con EE. UU. La meta del jerarca es revertir el arancel a las condiciones pactadas en el DR-Cafta.
Para cumplir el objetivo, Tovar comentó a EF que Comex ha enfatizado el “papel estratégico de Costa Rica en la seguridad y resiliencia de las cadenas de suministro de los Estados Unidos, así como la importancia de preservar el marco de libre comercio que ha generado beneficios mutuos durante décadas”.

Desde el inicio de los ajustes en las tarifas arancelarias, distintos expertos aseguraron a EF que los movimientos de Trump no eran estrictamente comerciales, sino políticos. Así lo advirtió Alexander Mora, exministro de Comex, al mencionar que “la administración Trump usa lo comercial como instrumento para negociar asuntos no comerciales”.
A esa postura se sumó Carlos Murillo, director del Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien indicó que el mandatario estadounidense interpreta que cualquier asunto interno que afecta la competitividad de sus productos se refiere a un asunto de aranceles, cuando en realidad se trata de una decisión estrictamente política.
Pero, ¿por qué Mora y Murillo hacen referencia a un tema político más que comercial? La respuesta está en la intención de la Casa Blanca de fortalecer su economía y debilitar a competidores estratégicos como China.
Escalada de tensión
Si bien actualmente los aranceles para todos los socios comerciales se situaron en un mismo porcentaje, Costa Rica se mantiene a la espera de la resolución de la investigación que evalúa el impacto que tienen las importaciones de dispositivos médicos sobre la seguridad nacional de EE. UU.
El Departamento de Comercio de EE. UU. recibió los comentarios de los socios comerciales en relación con la investigación. Tovar aprovechó el espacio y apeló a la cercanía geográfica y a la condición del país como “proveedor confiable” para destacar que Costa Rica ofrece plazos de entrega cortos, una logística ágil y una cadena de suministro segura y estable.
De momento se desconoce el porcentaje de arancel adicional que puede representar el resultado para las exportaciones costarricenses.
Los dispositivos médicos representan un 48% de las exportaciones costarricenses, de lejos el principal producto. Además, Estados Unidos es el destino principal de estos bienes, así que el resultado de la investigación estadounidense es vital para el comercio internacional del país.
Paralelamente, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) abrió una investigación bajo la Sección 301 por la presunta falta de normas específicas para prevenir prácticas vinculadas al trabajo forzoso. El mecanismo permite a Washington responder ante lo que considere prácticas comerciales desleales, ampliando el espectro de presión más allá de los aranceles.
Tovar, por su parte, menciona que el país tiene un compromiso con cumplir los estándares laborales internacionales y de las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo.
“Como nación respetuosa de los derechos humanos, continuaremos fortaleciendo con determinación todas las acciones y políticas necesarias, así como la cooperación con nuestros socios, para asegurar la integridad de nuestras cadenas de valor y la transparencia de nuestro comercio”, dijo Tovar.
En medio de la movida arancelaria, el gobierno costarricense se acercó aún más a la Casa Blanca al integrar el Escudo de las Américas. La iniciativa de Trump que plantea combatir a los grupos de narcotráfico que operan en la región mediante el uso de la fuerza militar estadounidense.
Dicho escudo, también llamado Coalición de las Américas contra los Cárteles, se vincula con la Estrategia Nacional de Seguridad 2025 de EE. UU., documento que plantea la necesidad de impedir que un “competidor no hemisférico” consolide control sobre la región americana. Esto apunta a que uno de sus objetivos es frenar la influencia de Pekín en la región.
El balance del primer año deja una paradoja difícil de ignorar: Costa Rica crece en medio de un entorno que, en teoría, debería frenarla. Pero ese resultado no necesariamente valida la estabilidad del modelo, sino que expone su fragilidad. Depender de un mercado que redefine las condiciones de acceso sobre la marcha convierte el éxito exportador en un ejercicio de resistencia más que de previsibilidad.
