Hace 50 años, regalar una lavadora para el Día de la Madre parecía el gesto más romántico y considerado del mundo. Así lo dejaban ver la gran mayoría de los anuncios publicitarios de la época que, desde los primeros días de agosto, llenaban las páginas de periódicos con dibujos o fotografías de electrodomésticos y madres sonrientes usándolos.
Con el paso del tiempo, las recomendaciones para “hacer feliz a mamá” han ido variando radicalmente: de la cocina a la licuadora, del microondas a la radiograbadora y del celular al smartwatch.
Hoy, el 15 de agosto no es solo la segunda fecha más importante en el calendario comercial de Costa Rica —por detrás de la Navidad—; es, en realidad, un espejo de cómo ha cambiado nuestra sociedad.
Al mirar atrás, a través de cinco décadas de publicidad, descubrimos un cambio radical: el paso de ver a mamá como la encargada principal del hogar a reconocerla como una mujer independiente que busca bienestar, tiempo y conexión.
Acompáñenos en un recorrido gráfico para entender cómo el regalo perfecto ha contado, sin querer, la historia de esta evolución.
1970 y 1980: La madre abnegada y la línea blanca
Durante la década de 1970, el mercado costarricense posicionaba los electrodomésticos como el obsequio definitivo. Los periódicos llenaban sus ediciones de agosto con ofertas de refrigeradoras, ollas arroceras, aspiradoras, lavadoras y cocinas.
Con frases como “El trabajo de mamá déjeselo a NATIONAL”, “Demuéstrele cuánto la quiere… “Obséquiele una cocina”, “Adquiera una máquina de coser y haga a su mamá doblemente feliz en su día”; la publicidad de la época reforzaba un rol exclusivamente doméstico, sugiriendo que la máxima aspiración femenina era la administración eficiente del hogar.
Los mensajes comerciales reflejaban esta mentalidad de servicio. Las tiendas promovían las herramientas de limpieza con eslóganes que prometían aliviar las pesadas rutinas diarias y el mercado vendía la línea blanca como la mayor demostración de gratitud familiar.
Licuadoras fuertes, planchas rápidas y hornos portátiles se sumaban a la lista de “las maravillas que mamá desea”.




Los años 1990: El ingreso laboral y la transición estética
Con la llegada de los años noventa, la narrativa comercial experimentó su primera diversificación importante. Aunque la figura de la madre seguía vinculada a la cocina mediante la popularización del microondas, se registró un giro evidente hacia el cuidado personal. Las tiendas por departamentos empezaron a impulsar líneas de perfumes, moda y cosmética como regalos legítimos y deseables.
A ese enfoque por el cuidado personal de mamá se unió el área de entretenimiento, con regalos como equipos de sonido, discos compactos, televisores a color, VHS, teatros en casa y radiograbadoras.
Esta década marcó además el inicio de la democratización tecnológica. Los primeros teléfonos celulares y los localizadores personales comenzaron a figurar en los catálogos de regalos. Este cambio respondió de manera directa a la creciente inserción de la mujer en el mercado laboral remunerado, generando una nueva necesidad de mantenerse comunicada fuera del entorno doméstico.
A pesar de ello, en la publicidad de la época continuaban anunciándose adornos, alfombras, colchones, vajillas, relojes de pared, lavadoras y secadoras como los “regalos soñados” de mamá en su día.


Los años 2000: La era digital y el valor del ocio
El cambio de milenio transformó de manera permanente las pautas de consumo. Los anuncios fueron desplazando paulatinamente los artículos del hogar para destacar la electrónica personal.
Las cámaras digitales y los reproductores MP3 dominaron los escaparates, apuntando a una mujer interesada en documentar su vida y disfrutar de sus propios espacios de entretenimiento.
De forma paralela, el sector de servicios comenzó a disputar el presupuesto de los consumidores frente a los bienes físicos. La proliferación de certificados de regalo para spas, salones de belleza y cenas demostró una evolución en la demanda.
De esta forma, la publicidad empezó a dirigirse a una madre que necesitaba descansar, desvinculándola de la expectativa de trabajar en casa durante su día.



Los años 2010: La conectividad y la experiencia
La masificación de los smartphones y las tabletas reescribió buena parte de las estrategias de mercadeo para el Día de la Madre durante la segunda década del siglo.
Aunque la mayoría de los anuncios se mudaron a las redes sociales, las compañías de telecomunicaciones acapararon la inversión publicitaria en prensa bajo la premisa de mantener la conectividad familiar. Regalarle a mamá un dispositivo inteligente se convirtió en el nuevo estándar de estatus, superando el valor simbólico que alguna vez tuvieron los electrodomésticos.
En esta etapa surgió también un fuerte reconocimiento de la individualidad de la mujer. Los obsequios de carácter vivencial, como boletos de avión para viajes cortos o entradas para conciertos, tomaron protagonismo.
La industria dejó de tratar a la madre como un ente de servicio para abordarla como una consumidora independiente. Si bien aún era posible encontrar anuncios de lavadoras, cocinas o refrigeradoras, estos y otros electrodomésticos perdieron la etiqueta de “regalo soñado” que ostentaron décadas atrás.


La actualidad (2020-2026): El autocuidado y la automatización
En el panorama comercial contemporáneo, la publicidad rechaza abiertamente el electrodoméstico tradicional como regalo del Día de la Madre. Las únicas excepciones aceptadas socialmente son los artículos de preparación culinaria por afición, como las máquinas de espresso o las freidoras de aire de alta gama.
El mercadeo actual -ausente en los periódicos y radicado casi por completo en plataformas digitales- enfoca sus esfuerzos en productos relacionados con el bienestar integral y la salud física.
Las campañas modernas impulsan tecnologías diseñadas para eliminar, no facilitar, las cargas del hogar. Las aspiradoras robotizadas y los relojes inteligentes (smartwatches) lideran las tendencias de ventas.
Esta transformación comercial cobra total sentido al observar a quién se dirigen los mensajes hoy. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) del año anterior, en Costa Rica hay 1.529.994 mujeres que llevan el título de “mamá”, con una edad promedio de 51,7 años.
Hablamos de una generación madura, económicamente activa y con agendas saturadas; un sector demográfico que ya no anhela herramientas para trabajar más en la casa. Por el contrario, el mercado del 2026 entiende que, para esta mujer, el mejor obsequio es la tecnología o la experiencia que protege su tiempo, fomenta su bienestar integral y le permite, por fin, ser la protagonista de su propio descanso.
