Por: María Fernanda Cisneros.   24 febrero

Los consumidores enfrentaron un camino empinado en 2019, y esta realidad, sumada a otros factores, impactó –un año más– la salud financiera de la banca.

Al término del año, el deterioro de las carteras de crédito es solo una evidencia de una condición con dos frentes: por un lado, la porción morosa de los créditos vigentes creció por tercer año consecutivo; por otro, el apetito por el endeudamiento bajó.

Si un consumidor percibe un ambiente de incertidumbre, posterga decisiones; entre ellas la adquisición de un crédito para comprar algún bien duradero (casa o carro) o concretar un viaje. Al final, esto impacta los resultados del sector financiero, puesto que, al contraer o caer la demanda, los ingresos de las entidades son menores.

Además, si a esto le sumamos un alto nivel de desempleo y un estancamiento del ingreso de los hogares, entonces las personas y las empresas también enfrentan dificultades para pagar los préstamos ya existentes.

¿Podría bajar mora?

A finales del 2016, un 1,2% de la cartera de crédito directa de la banca correspondía a préstamos que muestran un atraso mayor de 90 días y en cobro judicial. Tres años después, la cifra es de un 2%.

Los números más altos pertenecen a Lafise (3,41%), Banco Nacional (3,33%) y BAC Credomatic (2,86%).

Se consultó a Lafise; sin embargo, al cierre de edición no se había obtenido respuesta.

El Banco Nacional destaca que desde junio 2019 la cartera morosa se mantiene estable; en el último año, incluso se redujo. Por su parte, la cartera de crédito se contrajo casi ¢225.000 millones, afirmó Allan Calderón, subgerente general de Riesgo y Crédito del Banco Nacional.

Al respecto de la cifra, Federico Odio, gerente del BAC, destacó que el 2019 fue un año difícil para los clientes; la cifra es un reflejo de eso.

En general para la banca, por tipo de operación, el deterioro impactó consumo, vehículos, tarjetas de crédito y vivienda; en empresas, comercio, agricultura y construcción.

El efecto sobre cada sector por banco es variable. Por ejemplo, mientras en el Banco Nacional vivienda se deterioró “en alguna medida”, en el BAC fue la que más desmejorada se mostró.

¿Qué hay detrás de los resultados de mora en la banca? Aquí hay diferentes factores por analizar.

Existe una porción importante de los consumidores financieros que todavía enfrentó dificultades para atender sus préstamos a tiempo durante el año pasado y que también demandó menos créditos.

“Persisten los problemas de fondo en la economía de desempleo, baja actividad económica, lo cual se traduce en que la calidad de cartera no muestre signos de mejora sostenida y la demanda crediticia no crezca lo suficiente”, anotó Allan Calderón, subgerente general de Riesgo y Crédito del Banco Nacional.

El desempleo se situó en 12,4% al término del 2019, según la última entrega de la Encuesta Continua de Empleo (ECE), del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). La cifra se sostuvo por encima del 11% en 2019, y, a pesar de que no mostró cambios estadísticamente significativos, no dio paso hacia atrás.

En esa misma línea, el ingreso promedio por hogar se mantuvo estancado entre julio 2018 y julio 2019, también según datos del INEC.

A esto se suma la incertidumbre en la que se sumergió Costa Rica por la aprobación y puesta en marcha de la reforma fiscal, lo que desaceleró la actividad económica (que ya da pasos hacia la recuperación) y la demanda de crédito.

Este último elemento también juega un papel importante en el deterioro que registró la cartera de la banca.

Si bien la cartera morosa sigue siendo grande, la tendencia hacia el deterioro se revirtió de forma leve en 2019. Esto permitió que el saldo de los créditos que presentan atrasos a más de 90 días y en cobro judicial redujera su crecimiento e incluso se contrajera en algunas entidades.

Por ejemplo, a pesar de que la banca estatal muestra indicadores de mora más altos, también logró dar un giro al crecimiento de su saldo deteriorado.

En el BCR y el Banco Nacional la cifra del 2019 se contrajo, respecto a la del año previo, en ¢6.836 y ¢7.846 millones, respectivamente.

Esto también es visible en algunos bancos privados, como Scotiabank y Davivienda. Sin embargo, en Lafise la cifra creció al mismo ritmo y, en BAC, aún más.

Otro indicador de la salud de una cartera de crédito son las estimaciones que realizan las entidades financieras para los préstamos deteriorados.

Las estimaciones bajaron el ritmo en 2019 en la banca privada y pública, a excepción de dos entidades: Cathay y Popular.

La economía da visos de una recuperación; ya cumplió siete meses de acelerar el ritmo de crecimiento. Además, el mismo Banco Central ha mostrado su total confianza en que la demanda de crédito subirá.

Las estimaciones del Central apuntan que el crédito pasará de crecer 0,8% en 2019 a 4,9% en 2020. También predice un aumento en el ingreso nacional disponible real.

Si estas previsiones se cumplieran, el ambiente ayudaría a que el deterioro en las carteras se redujera.