La mayoría de las personas inicia el año con un plan financiero; sin embargo, aparte del rubro del ahorro, es bueno construir un fondo de emergencia.
Este dinero es el que sirve para los gastos imprevistos (pérdida de empleo, salud, reparaciones) y es recomendable que cubra de 3 a 6 meses de los gastos básicos (vivienda, comida y transporte).

Esta cuenta debería estar por separado de los ahorros regulares para dar tranquilidad sin desestabilizar sus finanzas.
“Debe estar disponible e invertido en instrumentos líquidos y de bajo riesgo, como fondos de inversión abiertos de corto plazo o ahorros a la vista, de manera que el dinero se pueda usar rápidamente si ocurre una emergencia”, aseguró Josué Rodríguez, gerente de Sirú Financiero.
Se construye sumando el promedio de los gastos recurrentes de la familia más las cuotas de las deudas, a lo que se llama monto mínimo de supervivencia.
Con ese parámetro se determina el nivel de respaldo: si el fondo cubre menos de un mes la situación es crítica, entre uno y tres meses es vulnerable, entre tres y seis meses es estable y más de seis meses de reservas es sobresaliente.
El primer paso para hacer un fondo de emergencia es organizar el presupuesto mensual, anotar todos los ingresos y gastos fijos (como alquiler, servicios, transporte), registrar los gastos variables, como alimentación y entretenimiento y tratar, dentro de lo posible, de reducirlos, clasificar los gastos en categorías y priorizar lo esencial.
“Una vez hecho esto, priorizar el ahorro y luego el fondo de emergencia e irlo creando”, aseguró José Daniel Artavia, economista del Banco Nacional.
Gastos inesperados: un problema
Un estudio realizado por la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica llegó a la conclusión de que casi la mitad de los costarricenses no podría asumir un gasto inesperado de ₡500.000 sin recurrir a endeudamiento y determinó que 47,4% de la población tendría que solicitar un préstamo ante una situación de este tipo.
El estudio detalla que solo un 33,8% de las personas lograría cubrir ese monto con sus propios ingresos o ahorros.
En contraste, un 4,5% se vería obligado a vender algún bien, mientras que un 4,6% simplemente no tendría cómo hacer frente al gasto.
En cuanto a las fuentes de financiamiento, quienes manifestaron que pedirían un préstamo señalaron que el 62,5% acudiría a familiares o amistades, el 25% a una entidad bancaria, el 2,4% a su empleador, otro 2,4% a prestamistas independientes y un 1% a cooperativas.
Esta encuesta fue aplicada por la Escuela de Estadística de la UCR y los datos fueron recolectados entre el 11 de octubre y el 28 de noviembre del 2025.
Cada realidad es diferente
El monto del fondo varía según la situación personal. No es lo mismo una persona soltera que una familia, cuyos gastos fijos y variables suelen ser mayores y más complejos.
“La estabilidad financiera se construye con orden y constancia. No es tanto un tema de cuánto se gana, sino sobre todo de tener conciencia de cuánto ingresa, cuánto se gasta y en qué se gasta, por quincena o por mes, y en especial cuánto se debe. Cuando una persona pierde esa claridad, incluso ingresos altos pueden resultar insuficientes”, explicó Danilo Montero, director de la Oficina del Consumidor Financiero.
Agregó que las personas deben llevar un registro regular de gastos —aunque sea en un cuaderno— para identificar consumos innecesarios; ajustar el nivel de gasto al ingreso real del hogar; reservar una parte del ingreso para el ahorro; planificar metas financieras a mediano y largo plazo y pensar con calma las compras importantes antes de endeudarse.
Montero añadió que una de las principales causas del endeudamiento recurrente es la falta de margen financiero, ya sea por ingresos insuficientes o irregulares, o por la ausencia de disciplina de gasto y ahorro. Esta combinación deja a las personas sin respaldo cuando surge una emergencia.
¿Qué es lo más recomendable si ocurre una emergencia y no tengo un fondo antes?
Si no existe un fondo previo, una alternativa común para las personas, dijo Josué Rodríguez, es cubrir la emergencia con tarjeta de crédito y procurar hacer luego el pago de contado lo antes posible.
Si no se cuenta con ese recurso, otra opción es recurrir a un préstamo con una red familiar de apoyo, estableciendo acuerdos claros.
Si tampoco es posible cubrir de contado, puede ser necesario solicitar un préstamo personal y ajustar temporalmente el presupuesto para cubrir esa deuda mientras se recupera la estabilidad financiera.
Otra posibilidad es buscar un trabajo temporal extraordinario que le permita ponerse al día con las deudas y pronto iniciar un fondo de emergencia para el futuro.
Una estrategia que puede servir para este fin es tener una sola cuenta para esos imprevistos o incluso utilizar el sistema de sobres que tienen algunos bancos.
