Finanzas

Conozca las finanzas descentralizadas y también los riesgos que asumen sus usuarios

Para evitar que estas aplicaciones sean utilizadas para el lavado de dinero las entidades regulatorias deberán generar políticas que contemplen las criptomonedas y los diferentes usos de las mismas.

En el mundo de las criptoactivos un —relativamente— nuevo participante toma fuerza y se apodera de las finanzas personales y en algunos casos de los emprendimientos. Se trata de las finanzas descentralizadas o DeFi por sus siglas en inglés.

Consiste en una aplicación más de la tecnología blockchain, esta vez su función se concentra en una alternativa descentralizada para lo servicios bancarios.

Las DeFi llegan a las economías con la promesa de tener autonomía sobre los rendimientos en inversiones, tasas de interés para préstamos y poder tener control del tipo de cambio con el dinero fiat. Sin embargo, como en todas las transacciones con criptoactivos están cargadas de incertidumbre y volatilidad, lo que las hace más riesgosas.

En julio del 2021 ante el auge de esta tecnología, el Foro Económico Mundial lanzó un conjunto de herramientas para los creadores de políticas de finanzas descentralizadas (DeFi).

El movimiento DeFi comenzó a finales de 2018, cuando una red de 15 proyectos basados en la red Ethereum se unió para construir un sistema financiero independiente y abierto. Actualmente hay otras criptoactivos que están siendo desarrollados para competir con Ethereum en este y otros campos.

Si se tuviera que definir el concepto de DeFi en palabras sencillas la descripción que le corresponde es: “una manera de tener servicios bancarios sin la necesidad de un intermediario o ente regulador”.

Daniel Truque, ingeniero en sistemas y emprendedor de tecnologías blockchain, explicó que el concepto de DeFi es sencillo de comprender pero conlleva una aplicación compleja, pues le brinda a los usuarios el poder de ejecutar transacciones bancarias de manera descentralizada.

Por su parte Otto Mora, experto en blockchain agregó que el aspecto más llamativo de este tipo de finanzas es el hecho de que contempla una serie de servicios que se hacen sin intermediaros financieros.

Hay múltiples aplicaciones que han sido diseñadas para complementar el ecosistema de finanzas descentralizadas todas con funciones diferentes. Por ejemplo, existen las que funcionan como una especie de Banco Central, las casas cambiarias, préstamos, inversiones, seguros, fondos de cobertura entre otros. No obstante, la mayor oferta surge en aquellas aplicaciones que usando la tecnología blockchain cumplan propósitos de casas de préstamos o inversiones.

Las aplicaciones se convierten en un conjunto de sistemas que permiten intercambiar valor (‘tokens’) de un punto A a un punto B (entre monederos) sin intermediarios.

De manera que si por ejemplo, una persona o empresa desea obtener dinero prestado podrá recurrir a alguna de las aplicaciones DeFi pero a diferencia de las operaciones en instituciones tradicionales los intermediarios son sustituidos por contratos inteligentes.

En esta operación al depender de una criptomoneda, la tasa de interés es variable y se ajusta según la oferta y la demanda de cada criptoactivo dentro de la plataforma, lo que lo hace menos estable y más volátil.

Detrás de estos servicios hay DAOs (Decentralized Autonomous Organizations) que son una especie de cooperativas que administran los servicios. Cada persona tiene un token que le permite ser un accionista del servicios.

A través de los token se maneja la coordinación y gobernanzas del servicio. Eso sí es importante aclarar que cada proyecto de finanzas descentralizadas es diferente y ofrece determinadas características, riesgos y oportunidades.

Un artículo del Foro Económico Mundial señala que en el último año el valor de los activos digitales pasó de $670 millones a $13.000 millones. Mientras que el número de carteras de usuario asociadas pasó de 100.000 a 1,2 millones, y el número de aplicaciones relacionadas con DeFi aumentó de ocho a más de 200.

Es decir entre el 2020 y 2021 las DeFi han ido acaparando terreno financiero para posicionarse dentro de las economías globales.

Su principal diferencia con las fintech es la descentralización de los servicios. Pese a que ambas pretenden brindar soluciones financieras a través de la tecnología la forma de ejecución es diferente.

Por ejemplo, las fintech pretenden funcionar de manera independiente pero también trabajan para ser aliados de las entidades bancarias en sus operaciones. Las DeFi —por el contrario— funcionan de manera 100% independiente, y no están del todo relacionadas con la banca, de hecho su modelo de negocio se caracteriza por esto, por salir completamente de los sistemas financieros supervisados y tradicionales.

En las fintech pese a que no hay garantías o un ente regulador de sus operaciones, sí hay una empresa que funciona como respaldo o al menos que está atrás de las aplicaciones, mientras que en las DeFi no hay nadie que pueda responsabilizarse por ningún tipo de siniestro en medio de las transacciones.

Finalmente las fintech pueden realizar operaciones con dinero fiat mientras que DeFi se respalda en criptomonedas o stablecoins que son una especie de criptoactivo estable que trata de reducir los riesgos de volatilidad.

Pese a su auge los usuarios se enfrentan a una serie de riesgos y a los que se deben de adaptar.

El primero es la volatildad, las inversiones a través de aplicaciones DeFi tienen retornos superiores a los de cualquier sistema regulado, pero esto es bajo un escenario optimista porque así como puede suceder que el usuario gane dinero, también podrá perder toda su inversión en cuestión de horas.

En segundo lugar está la posibilidad de ser estafado, Truque explica que hay muchos beneficios y ganancias que se pueden obtener de la utilización de este tipo de aplicaciones pero a su vez existe la posibilidad de ser hackeado.

Por ejemplo, en abril de este 2021 Uranium Finance, un proyecto DeFi basado en Binance Smart Chain, afirmó haber perdido $50 millones debido a que un hacker logró aprovechar errores en el código para extraer criptoactivos.

Como tercer punto existe también un riesgo para los gobiernos, pues en el momento en que los emprendimientos o personas generen ingresos con este tipo de plataformas al ser descentralizadas no es posible monitorear detalladamente la ruta de los valores y por ende los usuarios podrán evadir el pago de tributos.

Hay un riesgo adicional que corren los sistemas financieros tradicionales y los DeFi, es el lavado de dinero. Para esto Truque explicó que tradicionalmente hay una especie de estigma con respecto a las criptomonedas y sus diferentes aplicaciones sobre el lavado de dinero pero desde su empresa Symbiont desarrolla un ecosistema para supervisar y darle seguimiento a los bancos de inversión, los mercados y la organización de gobiernos, como el caso de El Salvador, que se enfrentan a actividades con activos digitales.

Es decir, según Truque sí hay maneras para fiscalizar y regular las actividades con criptomonedas pero los gobiernos deberán trabajar para aceptarlas si desean darles seguimiento.

Andrea Hidalgo

Andrea Hidalgo

Periodista de la sección de Finanzas y Negocios de El Financiero. Licenciada en Periodismo Social. Excolaboradora del proyecto #NoComaCuento de La Nación.

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