Conseguir financiamiento continúa siendo uno de los principales obstáculos para las microempresas costarricenses.
De las 494.564 que operan en el país, 156.851 consideran que el financiamiento es una de sus principales necesidades, pero solamente tres de cada 10 que requieren crédito logran acceder a él.
Los datos se desprenden de la Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares (ENAMEH) 2025, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), y fueron analizados por el Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica como parte de un estudio sobre las condiciones de acceso al crédito de este segmento empresarial.
La falta de avales y garantías, así como no contar con un historial financiero, aparecen entre las principales barreras que enfrentan estos negocios para obtener financiamiento.

El problema no termina en la dificultad para conseguir un préstamo.
Cuando las microempresas logran acceder al crédito, una parte importante de esos recursos no se utiliza para comprar maquinaria, equipo u otros activos que permitan ampliar la capacidad productiva, sino para mantener la operación.
¿Para qué buscan estos préstamos?
Un tercio de los créditos que solicitan las microempresas se utiliza para pagar deudas o abastecer inventarios, es decir, para cubrir necesidades operativas de corto plazo.
Luis Vargas Montoya, economista del Colegio de Ciencias Económicas, señaló que esta situación puede comprometer la sostenibilidad de los negocios porque limita la posibilidad de utilizar el financiamiento para inversiones que permitan crecer.
“Resulta relevante señalar que en estas empresas el crédito no se está destinando a bienes duraderos, sino a cubrir necesidades operativas de corto plazo y obligaciones financieras existentes”, explicó Vargas.
A su criterio, esto puede generar un ciclo creciente de endeudamiento y limitar la capacidad de crecimiento de las microempresas.

Tres de cada 10 utilizan créditos personales
Otra de las características que encontró el análisis es la forma en que las microempresas se financian.
32 de cada 100 utilizan créditos personales, en lugar de recurrir a financiamiento empresarial o productivo.
Los bancos públicos son los que más brindan este tipo de financiamientos, después le siguen los bancos privados y los prestamistas particulares.
El Colegio señala, con base en información del Banco Central de Costa Rica (BCCR), que los créditos personales incluyen modalidades de consumo con tasas que se ubican entre 14% y 20%, mientras las tarjetas de crédito pueden alcanzar tasas de entre 20% y 35%.
Estas condiciones contrastan con las tasas de los créditos empresariales o productivos, que mayoritariamente se encuentran entre 5% y 15%, según la información proporcionada por el Colegio.
El costo del financiamiento puede convertirse así en otro obstáculo para las empresas de menor tamaño.
“Una microempresa que utiliza un préstamo personal o una tarjeta para financiar inventarios, pagar proveedores o cubrir gastos de operación puede terminar asumiendo un costo financiero mayor que si tuviera acceso a un crédito diseñado específicamente para actividades productivas”, aseguró Montoya.
Más de la mitad desconoce Banca para el Desarrollo
El análisis también pone el foco sobre el Sistema Nacional de Banca para el Desarrollo (SNBD).
Aunque este mecanismo tiene entre sus objetivos facilitar el acceso al financiamiento para sectores productivos que enfrentan dificultades para obtener crédito en las condiciones tradicionales, 52,1% de las microempresas encuestadas no conoce su existencia.
“Esto significa que existe una brecha no solamente entre quienes necesitan financiamiento y quienes consiguen obtenerlo, sino también entre la oferta institucional disponible y el conocimiento que tienen los empresarios sobre esas opciones”, afirma el estudio.
Una de cada cinco recurre al crédito informal
El escenario se vuelve más delicado cuando las microempresas que no encuentran opciones dentro del sistema financiero formal buscan alternativas fuera de él.
Cerca del 20% de las microempresas recurre a créditos informales, de acuerdo con el análisis de la ENAMEH 2025.
Este tipo de financiamiento puede tener condiciones más desfavorables, como tasas de interés más elevadas y una menor amortización del principal, debido a que opera fuera de los mecanismos de regulación y supervisión del sistema financiero formal.
Dentro de estas modalidades están los llamados “gota a gota”, que pueden involucrar tasas de interés usurarias y mecanismos de cobro basados en coerción y violencia.
“Tenemos el reto de generar más y mejores opciones de crédito para las microempresas, que es una de las principales condiciones para promover su supervivencia y crecimiento”, afirmó Vargas.
Entre las acciones que plantea el Colegio están reforzar Banca para el Desarrollo y aumentar los recursos destinados a avales y garantías, mecanismos que pueden facilitar que empresas que no cuentan con suficientes activos para respaldar un préstamo tengan acceso al financiamiento productivo.
