Por: María Esther Abissi.   11 marzo

La demanda interna del país ha comenzado a sufrir de los mismos virus que le aquejan al resto de la economía y sus efectos se traducen en la poca capacidad de las personas de consumir y la necesidad del Gobierno de aumentar su gasto.

El consumo interno, conformado por el gasto de los hogares y los gastos del Gobierno tuvo relativos periodos de estabilidad después del 2009, cuando comenzó la recuperación de la crisis económica.

Sin embargo, hoy las altas tasas de interés, la tendencia al alza de la inflación, el repunte de las devaluaciones y el comportamiento de los precios del petróleo, entre otros elementos, han conseguido que los habitantes de Costa Rica tengan menos capacidad para consumir, gastar y endeudarse.

El mejor período de los últimos 16 años en términos de crecimiento del gasto de los hogares fue justo antes de la crisis económica, durante el cuarto trimestre del 2007, cuando registraba una variación interanual del 7,70%.

Luego de eso, el gasto pasó períodos de altas y bajas. Al cierre del 2017 el consumo crecía 2,37% en su variación interanual del tercer trimestre del año, el porcentaje más bajo desde el cierre del 2009, cuando el país estaba apenas logrando recuperarse de la crisis económica.

Hasta el momento la cifra se ubica por debajo de lo estimado por el Banco Central para el cierre del 2017, que es de 2,6%.

En el otro extremo, el gasto del Gobierno, que también forma parte de la composición de la demanda interna se comporta a la inversa.

El consumo del Gobierno crece a un ritmo de 3,02% en su variación interanual con datos del tercer trimestre del 2017, la cifra de crecimiento más alta desde inicios del 2014.

El último dato de gasto igual al del cierre del 2017 se dio en el 2010, aunque después de ese año se han tenido crecimientos similares.

La demanda interna resulta un indicador importante en términos de crecimiento económico. Al haber mayor consumo de los hogares, las personas reflejan una mayor capacidad de compra, endeudamiento y consumo de servicios; lo que a su vez impulsa la producción de las empresas y acelera la actividad económica.

No obstante, si las personas tienen menor capacidad de consumo, ocurre un impacto negativo en la actividad económica y el crecimiento.

La composición del gasto también ha cambiado en los últimos tres años según los datos aportados por el Banco Central.

En el primer trimestre del 2015, del total del gasto de los hogares, 6,1% era invertido en bienes duraderos, 6% en bienes semiduraderos, 32,8% en bienes no duraderos y el 55% del gasto respondía al pago de servicios.

Para el tercer trimestre del 2017, 6% del gasto se invirtió en bienes duraderos, 7,6% en bienes semiduraderos, la inversión en bienes no duraderos registró 30,7% y el gasto en servicios aumentó 55,4%.

En los bienes duraderos destacan productos como vehículos, objetos de uso personal y de uso doméstico, muebles, aparatos de uso doméstico y adornos.

Como bienes de consumo semiduradero se entienden prendas de vestir, calzado y tejidos, artículos para el hogar y accesorios para vehículos particulares, entre otros.

Los bienes no duraderos son otros como alimentos, bebidas, tabaco, productos de tocador y medicinas.

Sin embargo, si se compara el crecimiento interanual de la distribución de los gastos en cada tipo de bien, el gasto en bienes duraderos crece mucho menos 2017 que en el 2016 y la gente tendió a invertir más en bienes semiduraderos, comparando los datos del tercer trimestre del 2017, que es el último disponible con el del mismo período del 2016.

El gasto de bienes no duraderos y servicios creció menos comparado con el mismo período del 2016.

Un virus que se extiende

Hay una serie de factores que explican que las personas tengan menos capacidad de consumo y que a su vez, el Gobierno se vea obligado a gastar más, que en gran medida son los mismos responsables de la desaceleración de la economía.

En primer lugar, las tasas de interés han mantenido una tendencia al alza constante desde los primeros meses del 2017, un factor que hace que se encarezca el crédito en moneda nacional y extranjera.

La Reserva Federal de Estados Unidos, por su parte, aumentó su tasa a corto plazo en la banda de 1,25% a 1,5%, después de muchos años de mantenerse por debajo de cero.

Este comportamiento se traduce a las tasas de referencia internacionales y por ende a los créditos en dólares que toman los deudores locales.

La moneda nacional también ha sufrido cambios que han afectado la demanda interna.

Según explicó Vidal Villalobos, Gerente de Estudios Económicos de Prival Bank, El Banco Central, preocupado por el deterioro del premio para ahorrar en colones, inició un proceso de aumento de su Tasa de Política Monetaria el año pasado en 300 puntos base entre abril y diciembre, incidiendo negativamente en el ingreso disponible de las personas.

Este factor hizo que las agentes económicos (personas y empresas) se vieran obligados a reestructurar su gastos para destinar mayor cantidad de dinero para pagar sus obligaciones financieras, reduciendo el monto disponible para gastar en otro tipo de bienes y servicios.

Además de esto, durante el año pasado surgieron presiones alcistas en el tipo de cambio, sobre todo en la primera parte del 2017, con episodios como el observado durante mayo.

Los movimientos obligaron a las familias y empresas generadoras de colones pero con obligaciones en dólares, a redistribuir una mayor parte de su ingreso en el pago de deudas en moneda extranjera, reduciendo no solo la capacidad de consumo, sino también de inversión.

Según explicó Esteban Chavarría, gerente de Estudios Económicos de Scotiabank, el componente del gasto de los hogares es significativo en la explicación de la variación de la demanda interna de la economía y del poco crecimiento económico, porque tiene un efecto multiplicador en la producción del país.

Entre el 2000 y el 2017, el consumo final explicó en promedio el 85% del comportamiento de la demanda interna de la economía y, a nivel agregado, representó cerca del 60% del Producto Interno Bruto del país.

“En este contexto, la desaceleración del gasto de consumo final de los hogares tiene implicaciones directas en el desempeño de la economía que pueden reflejarse en un deterioro de indicadores sociales, económicos y financieros”, aseguró Chavarría.

El alto déficit también es otro de los elementos que implica que el gasto del gobierno crezca y incluso por encima de la inflación y por encima del nivel de producción y que el de los hogares se reduzca; además de la fuerte incertidumbre ante una posible reforma fiscal que boicotea cualquier intensión de inversión.

Los precios del petróleo jugaron a favor de la demanda interna durante el 2014, 2015 y 2016, no así en el 2017.

En ese entonces, estaban tan bajos que se dio un aumento en el ingreso disponible de las personas porque no tenían que gastar tanto en combustibles y sus derivados.

Para el economista Luis Mesalles, otro factor clave es el comportamiento de la inflación.

Los precios, que tenían variaciones negativas hasta junio de 2016, iniciaron una tendencia ascendente que se ha mantenido hasta este año, situándose en 2,21% a febrero del 2018, según datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC), calculado por el INEC.

A medida que la inflación comenzó a subir, los créditos en dólares y en colones se vuelven más caros y también ocurre así con otros productos, bienes y servicios.

La incertidumbre política es el último factor que pesa en la decisión de gasto de las persona y en el aumento del gasto del Gobierno.

Según Villalobos, es usual que en los meses previos a las elecciones aumente el gasto, por lo que era de esperar que durante el 2017 se aumentara la inversión en algunas obras públicas.

Esta misma incertidumbre se termina reflejando en el Índice de Confianza del Consumidor, calculado por la Universidad de Costa Rica a noviembre, que muestra una caída en la confianza de los costarricenses desde los últimos seis meses, especialmente en una época en la que tradicionalmente se suele comprar más, como noviembre y diciembre.

En esta encuesta, 29,4% de los consumidores advirtieron sentirse pesimistas y solo 15,4% de los encuestados se mostraron optimistas con respecto a la economía, lo que equivale a casi dos veces más de personas desconfiadas frente a temas relacionados a la economía y consumo.

Una vez que se disipe la incertidumbre política, se esperaría que la demanda interna crezca, aunque a tasas menores de lo previsto por el Banco Central en su Programa Macroeconómico, cuya proyección de crecimiento es de 3,5% en el consumo de los hogares y 2,4% en el consumo del gobierno.

Para Chavarría, el mayor riesgo está en un mayor deterioro de las finanzas públicas del Gobierno Central y el curso de acción del Ministerio de Hacienda con el instrumento de Contratos de Colocación, previsto para este año.