Por: Andrea Hidalgo.   5 marzo

Las actividades de regímenes especiales muestran signos de recuperación e inclusive crecimiento, mientras que otros sectores económicos se mantienen fuertemente afectados debido a su dependencia al mercado nacional.

Empresas de dispositivos médicos no pararon su producción por el contrario a partir de junio su demanda incrementó. Foto: Cortesía Cinde
Empresas de dispositivos médicos no pararon su producción por el contrario a partir de junio su demanda incrementó. Foto: Cortesía Cinde

El shock que causó la pandemia a nivel nacional les duró poco a las empresas de régimenes especiales (zonas francas), que de acuerdo al índice mensual de actividad económica (IMAE) durante marzo, abril y mayo vivieron una depresión en sus actividades económicas, pero en junio con los primeros pasos de la apertura gradual se recuperaron y con buen ritmo.

Sin embargo, no sucedió de esa forma con el denominado régimen definitivo que son las empresas que atienden el mercado local. La pandemia golpeó a este grupo, pero algunos de sus sectores se mantienen aún con variaciones negativas.

Para finales del 2020 las actividades de comercio, contrucción, alojamiento, transporte y alimentación fueron las más afectadas de manera que tuvieron caídas de hasta dos dígitos en sus variaciaciones interanuales.

¿Cuál fue la diferencia? La demanda en el extrajero de los artículos y servicios producidos en las zonas francas fueron determinantes para la rápida recuperación de los regímenes especiales.

José Luis Arce, economista y gerente general de FCS Capital explicó que la rápida demanda del mercado extranjero como consecuencia de un temprano proceso de reapertura, exceptuando Centroamérica, fue el principal factor que determinó la recuperación de zonas francas e inclusive también del sector agrícola exportador.

“Fuera de regímenes especiales, actividades como las agrícolas se recuperaron más, debido a una demanda mundial que se recuperó más rápido de lo que se esperaba”, agregó Arce.

Al respecto Jorge Sequeira director general de Cinde coincide y aseguró que el crecimiento de la demanda global por productos y servicios producidos en zonas francas fueron uno de los principales beneficios. Sin embargo, añadió que además de esto hubo dos factores adicionales que les permitió evitar una afectación mayor en sus actividades.

El primero el hecho que en términos generales el país manejó de manera ejemplar la pandemia, a pesar de que hubo algunos altos y bajos en cuanto a medidas y restricciones la ‘buena’ logística a nivel nacional permitió que las grandes compañías vieran a Costa Rica como un lugar con la infraestructura adecuada para recibir situaciones de emergencia como la pandemia.

Por otra parte Sequeira mencionó la resiliencia para adaptarse a un modelo virtual en cuestión de tres días.

Al respecto Carlos Wong, gerente general de la zona franca Coyol (Coyol Free Zone), destacó la rápida gestión que tuvieron las empresas dentro del régimen para crear sistemas de apoyo entre firmas. Entre estos mencionó el aumento de los beneficios especiales que a la vez cuidaban de la salud de los colaboradores como por ejemplo el transporte privado, la implementación de mascarillas y los rigurosos protocolos de sanitización.

Adicionalmente, como un tercer punto Sequeira destacó el acompañamiento que tuvieron la empresas de zona franca por parte de entidades como Cinde, Comex y Procomer, las cuales brindaron un apoyo en la solución de necesidades a lo largo de los meses.

Otras actividades

El Imae calculado por el Banco Central de Costa Rica (BCCR) indicó que al cierre del 2020 todas las actividades habían presentado una caída en sus variaciones. Sin embargo, unas más profundas que otras.

A lo largo de los meses de la pandemia quedaron en evidencia los sectores que dependen del turismo y del consumo local. Como el comercio, alojamientos y transporte.

A nivel de consumo es evidente el efecto de las medidas restrictivas de movilidad que debieron ser implementadas para minimizar el impacto en el sistema de salud.

Por su parte la encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares (ENMHO) mostró que se disminuyó en 7,3 % la cantidad de microempresas encontradas en 2020 con respecto a las contabilizadas en 2019. Es decir, 367.911 menos.

De este total de microempresas la mayor participación la tienen en actividades de servicios, 41,8%, seguido del sector industria 21,3%, luego el sector comercio 20,9% y por último el sector agropecuario con 16%.

No es coincidencia que al analizar cada rubro del Imae, las actividades de alojamiento y servicios de comida tengan una variación interanual negativa del 49% al cierre de año.

Flora Ayub presidenta de Cámara Costarricense de Hoteles (CCH) explicó que desde la agrupación hacen lo posible por mantener activos la mayor cantidad de hospedajes a través de programas de información y apoyo, pero no ha sido posible salvarlos a todos.

Los hoteleros, como ella los describe, siguen creando actividades para reinventar sus negocios pero tienen poco éxito debido a la poca afluencia de turistas.

Por otra parte, aseguró que no hay una red de apoyo que les permita tener la ayuda que necesitan.

Desde el pasado setiembre las entidades financieras disponen de una facilidad de crédito brindada por el Banco Central para apoyar los sectores más afectados, entre ellos el hotelero. No obstante, de acuerdo con Ayub este apoyo es ‘insuficiente’ pues la banca sí brinda ayuda pero en condiciones inpagables por el sector, por lo que no lo consideran una buena solución.

Hay otras sectores, como el de construcción que tiene varios años de enfrentar desaceleración en su actividad. El inicio del 2020 empezaron a ver indicios de reactivación del sector pero con la COVID-19 la situación cambió para mal nuevamente.

Actualmente desde el sector esperan una evolución positiva para este nuevo año.

“Existen diferentes factores que han afectado la evolución de nuestro sector en los últimos años. Por ejemplo, el poco crecimiento que ha mostrado en la economía nacional recientemente, las cifras históricamente bajas que han mostrado la confianza de los consumidores e inversionistas, la falta de acceso al crédito para familias y empresas desarrolladoras, los excesos tramitológicos, la caída en la inversión de obra pública, entre otros. Todos estos factores han contribuido a la desaceleración de la actividad productiva del sector construcción” advirtió Esteban Acón, Presidente de la Cámara Costarricense de la Construcción.

Hay otras actividades que resultaron ‘ganadoras’ con la pandemia, aunque sus crecimientos no fueron de más de un dígito, fueron las únicas que lograron presentar movimiento positivos. Por ejemplo, el sector de información y comunicaciones que a finales del 2020 presentó un crecimiento interanual de 1,3%.