Por: María Esther Abissi.   19 enero

El Ministerio de Hacienda anunció en noviembre anterior que para este mes de enero saldría al mercado a colocar $1.500 millones bajo la figura de “contrato de colocación”.

Era una vía para para poder captar en el exterior, dada la imposibilidad legal de hacer una emisión de eurobonos y la necesidad de no seguir vendiendo bonos en el mercado local y presionando las tasas de interés.

Empero, aun no hay noticias sobre la colocación y lo último que dijo el Gobierno es que estaba revisando algunos temas legales en relación a este mecanismo.

Aun así, esta opción tiene a Hacienda al frente de dos caminos muy diferentes: Por un lado, si logra colocar lasuma, evitará presionar las tasas, tendrá recursos para financiar sus gastos durante el primer semestre y de esa forma, recibirá un poco aire mientras se sigue discutiendo la reforma fiscal.

Por otra, si no lo logra, enfrenta un panorama más desesperado, pues se verá obligado a colocar más bonos, subir los rendimientos y afectar otras variables como el tipo de cambio. Además, se expone a un castigo de parte de las firmas calificadoras de riesgo.

Esa enorme suma equivalente al 60% del monto ofertado por Hacienda durante el segundo semestre del año pasado.

Además, el anuncio de la colocación se dio un mes antes de que la Tesorería saliera a colocar $340 millones a una tasa poco usual, de 6%, 200 puntos base más de lo que se ofrecía a ese mismo plazo, debido a la necesidad para pagar salarios.

Entonces, ¿qué implicaciones tendría esta oferta para el mercado y la economía.

Por un lado, si Hacienda logra colocar los $1.500 tendría un poco más de aire para cubrir sus gastos actuales. A noviembre pasado, las erogaciones total ascendieron a ¢5,7 billones, un 10% en el 2017 con respecto al año previo.

De todos los gastos, el rubro que más creció el año pasado fueron los intereses de deuda. A noviembre, este concepto había crecido 23%.

La colocación también daría un respiro para cubrir con las erogaciones del primer semestre de este año, lo que supondría un espacio para que, después de las elecciones, se pueda retomar la negociación de la reforma fiscal.

Además, la Tesorería Nacional no tendría que buscar recursos de forma desesperada en el mercado local lo que haría que las tasas tengan menos presiones al alza.

Esto ayudaría a los bancos, cooperativas y mutuales a que puedan recurrir al mercado para captar recursos a tasas más bajas y más competitivas, haciendo que el estrujamiento del crédito para el sector privado sea menor.

El hecho de que las tasas no tengan mayor presión al alza generaría un mejor ambiente para negocios y tampoco afectaría los niveles de inflación, según los analistas.

Vidal Villalobos, gerente de Estudios Económicos de Prival Bank, explicó también que una mayor disponibilidad de dólares entrantes por medio de esta colocación le quitaría presión a una posible depreciación del colón.

“Incluso, un flujo de dólares podría más bien provocar una apreciación del colón, es decir, una rebaja en el tipo de cambio, pero tendríamos un incremento en el nivel de deuda pública, que ya alcanza altos niveles” afirmó Villalobos.

¿Y si Hacienda no lo logra?

Si el Gobierno no logra la colocación, tendrá que recurrir más al mercado interno, a contratos externos o colocaciones directas con instituciones gubernamentales o bancarias, canjes de deuda y/o subastas inversas.

Para Antonio Pérez, gerente de Mercado de Valores, la propuesta de la colocación plantea un buen escenario porque “no tendríamos que financiarlo nosotros”, sin embargo, el problema lo seguimos teniendo.

“Mientras no se pueda controlar el déficit, no podremos ir a ninguna parte. Hoy nos seguimos endeudando y si nos endeudamos, vamos para un abismo”, afirmó Pérez.

Agregó que aunque la colocación resulte un paliativo más para curar los efectos del déficit fiscal, el hecho de que nos sigamos endeudando puede tener efectos adicionales.

"Estamos pidiendo tanto que estamos llegando a que no nos presten". Antonio Pérez, gerente de Mercado de Valores.

"Independientemente del esquema de colocación, lo que estamos haciendo es pidiendo más plata para poder vivir”, aseguró.

Uno de los efectos colaterales es que, a mayor deuda y mayor déficit fiscal, la percepción de la calificadoras de riesgo respecto a la salud de las finanzas públicas del país se agrava y es posible que tiendan a bajar sus notas en las próximas revisiones, obligando al país a ofrecer tasas aún más altas en deuda interna y externa.

Si la colocación no se diera, o bien, no se lograra colocar completamente, el nivel de la deuda podría llegar al tope.

La presión por la colocación interna aumentaría y los costos tenderían a subir en el resto de emisiones de los meses siguientes, por los efectos en la curva de rendimientos.

Vale tomar en cuenta que entidades como los fondos de inversión o los de pensión tienen límites de inversión en instrumentos del Gobierno, por lo que tampoco tienen tanto espacio para seguir comprando bonos de Hacienda.

Este segundo camino también podría generar presiones alcistas sobre el tipo de cambio con implicaciones sobre la estabilidad del sistema financiero, aunque aquí juegan las decisiones de política monetaria que adopte el Banco Central entrante.

Según datos del Ministerio de Hacienda, sólo en el primer trimestre de este año, en emisiones estandarizadas, los vencimientos suman $726 millones, sin incluir intereses. Y entre mayo y abril, los vencimientos en dólares son aproximadamente de $500 millones.

En el peor de los escenarios, la falta de recursos y la incapacidad de colocar deuda, terminaría en incumplimientos de pago de transferencias, menor inversión pública y nuevos atrasos en salarios y pensiones, como ocurrió ya en el pasado.