El tipo de cambio ofrece una ventana al contexto macroeconómico bajo el que se encuentra al momento de asumir una decisión financiera. Aunque recientemente su valor se ha mantenido bajo, incluso en mínimos históricos, no puede pasar desapercibida la inestabilidad que suele rodear a este indicador.
En este contexto, en las familias puede surgir la pregunta: ¿conviene endeudarse en dólares o en colones si estoy interesado en una hipoteca residencial?
La decisión no es menor, pues un crédito de este tipo probablemente durará décadas, lo que aumenta el riesgo de experimentar cambios en la cuota según se comporten las variables macroeconómicas.
No obstante, el estado actual de estos indicadores, sobre todo el tipo de cambio, puede darle una ventaja frente a posibles escenarios futuros.
Si está interesado en adquirir un préstamo como este, pero aún no está seguro de cuál moneda le conviene más, tres especialistas consultados por El Financiero le ayudan a orientarlo.
La regla básica
Tanto el asesor financiero Diego Benítez como los economistas Fabiana Camacho y Daniel Vargas, coinciden en una regla básica: es mejor que la deuda esté en la misma moneda en la que se reciben los ingresos.
Si una persona gana en colones y se endeuda en dólares, asume un riesgo directo, por lo que un aumento del tipo de cambio se traduce automáticamente en una cuota más alta, aunque el salario permanezca igual.
Vargas lo plantea en términos prácticos: si el dólar sube un 15%, la cuota en colones sube ese mismo 15%. Y en un crédito de largo plazo, ese riesgo puede pesar más que una diferencia marginal en la tasa de interés.
No obstante, la decisión no puede tomarse sin simular escenarios adversos.
Para esto, Benítez propone un ejercicio concreto. Imagine una situación donde el tipo de cambio pasa de ¢500 a ¢650 (el incremento ronda el 30%). ¿Puede su presupuesto familiar absorber ese aumento sin comprometer otros gastos esenciales, como la alimentación?
Mientras una diferencia de un punto porcentual en una tasa de interés puede representar entre un 8% y 10% adicional a lo largo del tiempo, un salto del dólar de ¢500 a ¢600 implica un aumento inmediato del 20% en el saldo en colones.
“Para un préstamo de $150.000, esto significa que usted pasaría a deber ¢15 millones adicionales en términos reales, un golpe financiero que ninguna tasa de interés baja podría compensar si no recibe sus ingresos en dólares", explicó Vargas.
Además, el riesgo se amplifica cuando la deuda es a tasa variable, pues puede coincidir un aumento del tipo de cambio con un alza en tasas internacionales, lo que generaría un doble impacto en la cuota mensual.
Los lapsos de estabilidad cambiaria pueden generar una falsa sensación de confianza, por lo que se debe ser especialmente cauteloso.
“El momento actual es engañoso porque el dólar está en sus niveles más bajos de los últimos veinte años. Esto crea una situación con muy poco margen para que el colón se siga fortaleciendo, pero mucho espacio para que el dólar suba. Si bien quienes se endeudaron en dólares hace tres años tuvieron éxito, hoy la ganancia potencial es mínima comparada con el gran riesgo de que el tipo de cambio empiece a subir pronto”, señaló Vargas.

Deudores de vivienda residencial en dólares disminuyen
Datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) revelan que el saldo total de deudores de viviendas residenciales con préstamos en dólares muestra una tendencia a la baja en el período 2022-2025.
El monto pasó de ¢2,4 billones en 2022 a ¢2,1 billones en 2023 y 2024, y disminuyó nuevamente hasta ¢2 billones el año pasado.
En el caso de los deudores expuestos al riesgo cambiario, la reducción también es sostenida.
El saldo bajó de ¢2,1 billones en 2022 a ¢1,9 billones en los siguientes dos años, y se ubicó en ¢1,8 billones en 2025.
Es decir, hubo una disminución tanto en el volumen total de crédito en dólares como en la porción vulnerable a variaciones del tipo de cambio.
Hay que tomar en cuenta que se trata de montos colonizados, así que la caída en el precio de la divisa de los últimos tres años hace que, por conversión, los saldos se hagan más pequeños en cada nuevo cálculo. Esto hace probable que el monto total en dólares (no colonizado) no se haya reducido en esas mismas proporciones.
No olvide tener un respaldo
Los tres especialistas coinciden en que la decisión de asumir una hipoteca, en cualquier moneda, no debería tomarse sin un respaldo financiero paralelo.
Además de lo anterior, debe considerar algunos elementos adicionales como si cuenta con un empleo estable, pues no es lo mismo tener un salario fijo en una empresa consolidada en comparación con depender de ingresos variables o comisiones.
También podrían presentarse escenarios repentinos con disminución de ingresos, despidos e incapacidades, por lo que debe anticiparlo aún cuando la idea pueda incomodarle.
“En un crédito de largo plazo, es casi inevitable que haya momentos de tensión financiera. La diferencia está en si el hogar tiene margen para absorberlos sin caer en morosidad”, dijo Camacho al respecto.
Para Benítez, el error más frecuente es destinar todo el ahorro a la prima y a los gastos de formalización, incluso quedándose sin liquidez para enfrentar imprevistos.
Su recomendación es concreta: contar con un fondo de emergencia equivalente, al menos, a seis cuotas completas del préstamo, idealmente entre seis y 12 meses, si el ingreso del hogar es variable.
Ese fondo no debe confundirse con el ahorro para vacaciones o inversiones. Debe ser dinero líquido, disponible de inmediato y destinado exclusivamente a cubrir obligaciones esenciales.
Un fondo también cumple una función psicológica, además de financiera, pues saber que se cuenta con reservas reduce la probabilidad de tomar decisiones apresuradas ante una subida del dólar.
En escenarios de volatilidad, muchos deudores reaccionan vendiendo activos o reestructurando créditos bajo presión, lo que suele encarecer el costo total del financiamiento.
