La nueva canasta utilizada para medir la inflación en Costa Rica podría responder con mayor intensidad a las variaciones del tipo de cambio y reflejar en menor medida las fluctuaciones en los precios de los productos agrícolas frescos, según un análisis del Banco Central de Costa Rica (BCCR) incluido en su Informe de Política Monetaria de octubre de 2026.
El cambio obedece a la actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC), publicada en agosto por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), con base en junio de 2026. La nueva estructura incorpora cambios en los patrones de consumo de los hogares y modifica el peso que tiene cada producto o servicio en el cálculo del indicador.
Eso significa que una variación de precios de igual magnitud puede tener ahora una incidencia distinta sobre la inflación general, dependiendo de si el artículo ganó o perdió participación dentro de la canasta. El ajuste no implica, por sí mismo, que los precios aumenten o disminuyan, sino que cambia cuánto influye cada movimiento en el resultado del índice.

Vehículos ganan protagonismo
Uno de los cambios más relevantes es el aumento en la ponderación de los automóviles nuevos, que se convirtieron en el segundo artículo con mayor peso dentro del IPC. Su participación subió 2,3 puntos porcentuales respecto a la canasta anterior.
Según el BCCR, los precios de estos vehículos presentan una correlación de 96% con el tipo de cambio en el período examinado. El mayor peso de ese artículo amplía, por tanto, la incidencia que podrían tener las variaciones cambiarias sobre el indicador general.
También aumentó, aunque en menor medida, la importancia relativa de la gasolina, los servicios de plataformas digitales y los seguros de gastos médicos. Estos tres grupos representan, en conjunto, más de 5% de la nueva canasta.
El Banco Central plantea que esta composición podría hacer que el IPC responda más a los movimientos del dólar que con la estructura anterior. Se trata de una mayor sensibilidad potencial: el informe no establece que cada variación cambiaria se trasladará de manera automática o completa a los precios.
Menor incidencia de productos agrícolas frescos
El efecto contrario se observa en los productos agrícolas frescos, cuya participación en la canasta se redujo en casi dos puntos porcentuales entre 2020 y 2026.
Estos artículos se caracterizan por presentar precios muy variables. De acuerdo con el análisis, 74% de los productos agrícolas frescos se encuentra entre los 25 artículos del IPC con mayor volatilidad, calculada para el período de julio de 2015 a junio de 2026.
Con su menor ponderación, un aumento o una disminución de igual magnitud tendrá una incidencia más reducida sobre el índice general. Esto atenuaría el efecto de perturbaciones transitorias relacionadas con condiciones climáticas o ciclos de cosecha, tanto cuando los precios suben abruptamente como cuando bajan tras normalizarse la oferta.
Una misma evolución de precios puede arrojar resultados distintos
Para examinar el alcance de los cambios, el BCCR construyó un índice hipotético que aplicó las nuevas ponderaciones a la evolución histórica de los precios de la canasta anterior. El ejercicio encontró una diferencia media de 0,7 puntos porcentuales entre ambas series durante el período analizado.
La separación fue mayor entre julio de 2022 y octubre de 2023, cuando la diferencia media alcanzó 1,6 puntos porcentuales. Según el Banco Central, las menores tasas del índice hipotético respondieron a la combinación de una mayor ponderación de productos sensibles al tipo de cambio y la caída histórica registrada por este último.
Para la autoridad monetaria, comprender estos cambios es relevante para interpretar la evolución de los precios y distinguir entre fluctuaciones transitorias y presiones inflacionarias más persistentes. La nueva canasta, concluye el análisis, requiere un seguimiento especial de los factores cambiarios y una lectura ajustada de la incidencia de los precios agrícolas.
