El tipo de cambio durante el primer semestre de 2026 fue mayormente caracterizado por mínimos históricos y fluctuaciones con fuertes tendencias hacia la baja. No obstante, detrás del nivel diario de este indicador económico, las operaciones de estabilización y superávit de ventanilla también revelan condiciones importantes a tomar en cuenta.
El comportamiento de los últimos seis meses se manifestó diferente al del mismo periodo de los dos años previos: 2024 y 2025. Si bien es usual que haya movimientos diarios dado el sistema de flotación administrada que rige el mercado cambiario costarricense, revisar qué ocurrió en el pasado brinda un panorama comparativo para entender lo que hace diferente al año en curso. En El Financiero, le explicamos cómo se movieron las cifras.
Mínimos históricos
A inicios de año, el promedio ponderado en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex) todavía se ubicaba cerca de ¢500; de hecho, el 23 de enero alcanzó ¢499,39, uno de los niveles más altos del semestre.
A partir de ahí, la trayectoria fue mayoritariamente descendente, hasta llevar el indicador a umbrales inéditos en los últimos 20 años.
El movimiento se intensificó en el segundo trimestre, cuando el tipo de cambio tocó su punto más bajo el 26 de mayo (¢452,74).
Entre ese máximo de ¢499,39 y el mínimo de ¢452,74, el mercado acumuló una caída cercana a ¢47 en cuestión de cuatro meses.
Al comparar este trimestre con los mismos periodos del 2024 y 2025 se observa una tendencia bajista más marcada.
Intervenciones cambiarias
Este primer semestre también tuvo una participación particular del Banco Central dentro del mercado cambiario.
Mientras en los primeros seis meses de 2024 y 2025 no se registraron operaciones de estabilización de compras, en el primer semestre de 2026 se volvió una práctica relativamente común.
Al 30 de junio el Central había comprado $843,75 millones en operaciones de estabilización. Entre el 2015 y el 2025 solo adquirió $1,11 millones.
En este tipo de intervenciones el Central decide participar para evitar “fluctuaciones violentas” en el valor de la divisa, según lo permite el artículo 87 de su ley orgánica. Compra dólares cuando quiere atenuar caídas y los vende cuando quiere suavizar aumentos.
Para Jorge Benavides, economista, sin las compras de divisas del Central el tipo de cambio probablemente habría caído por debajo de los ¢430 por dólar, “lo que sería resultado de una abundancia de dólares impulsada por Inversión Extranjera Directa (IED), zonas francas, turismo y otros ingresos externos”.
Más dólares
La tendencia a la baja se explica en gran parte por una abundancia de dólares en la economía costarricense. Esta abundancia se hace visible por medio del superávit en ventanillas.
El superávit es el exceso de oferta de divisas sobre la demanda en el mercado privado de cambios, medido por las operaciones de compra y venta de dólares que realizan bancos y otros intermediarios cambiarios directamente con el público, tanto en ventanillas físicas como en canales electrónicos. En la práctica, es la diferencia neta entre los dólares que los clientes venden y los que compran cada día. Cuanto más alto es el superávit, mayores presiones hacia la baja se generan sobre el tipo de cambio.
Al revisar los datos diarios de los primeros seis meses de los últimos tres años se observa una ligera tendencia hacia el alza: los superávits de 2024, 2025 y 2026 fueron de $3.468 millones, $3.679 millones y $3.874 millones, respectivamente.
Estos son montos históricamente altos. Para ponerlo en perspectiva, el superávit promedio del periodo 2015-2019 fue de apenas $466 millones.
Daniel Ortiz, economista de Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), señaló que el superávit reciente continúa muy ligado al Régimen Especial, pero también se observa “en actividades como la construcción, la agricultura y los servicios profesionales”. Esto muestra una oferta de divisas superior a la demanda en áreas específicas de la economía.
El primer semestre de 2026 deja un tipo de cambio que no puede leerse solo como un precio que cae, sino como el resultado de la interacción entre una abundante oferta de dólares y un Banco Central más activo.
De cara a la segunda mitad del año, la discusión también pasa por qué tanto de esa trayectoria responderá al mercado y cuánto dependerá de la mano estabilizadora del Banco Central.

