La cartera de crédito de las cooperativas en Costa Rica se encuentra en un periodo de estancamiento tras dos años de la declaración de inviabilidad de Coopeservidores, lo que dicta una pausa sobre el auge que antes caracterizó a este sector.
Se trata de un fenómeno que pareciera prevalecer sobre este tipo de entidades, mas no sobre la banca tradicional; por lo menos a niveles generales.
De acuerdo con datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef), en los bancos, tanto privados como públicos, prevaleció una tendencia al alza que, aun si hay periodos de baja en respuesta a sacudidas de mercado, no muestra los mismos síntomas de aplanamiento.
Aunque la gran mayoría de cooperativas ha registrado utilidades en los últimos dos años, su principal activo —los préstamos— no han tenido el dinamismo de otrora. En enero del 2023 la cartera cooperativa sumaba ¢2,7 billones. Ese número cayó en 2025 a ¢2,3 billones. Es decir, hubo una reducción de ¢400.000 millones (un 15%).
Esa caída se explica en gran medida por la salida de Coopeservidores, la segunda cooperativa más grande en 2023, cuando contaba con una cartera crediticia con un valor de ¢523.192 millones, solo superada por Coopenae (¢608.448 millones). Sin embargo, una vez que se registra esa salida, el comportamiento ha sido de estabilidad, mas no de crecimiento, por lo menos no a un ritmo relevante.
Representantes de grandes cooperativas coinciden en que se trata de un periodo de estabilización y que no se esperan, en el corto plazo, los grandes crecimientos que marcaron los años previos a la caída de Coopeservidores.
En cambio, los bancos comerciales del Estado pasaron de tener una cartera de crédito de ¢7,7 billones en marzo de 2023 a ¢9,1 billones en marzo del año en curso. Algo similar sucede con los bancos privados: pasaron de ¢7,8 billones a ¢8,6 billones en ese mismo periodo.
Eso sí, el primer trimestre del 2026 muestra algunos síntomas de enfriamiento. La diferencia es que esa ralentización se da a partir de este año, no desde el 2024, como en las cooperativas.
Según la Asociación Bancaria Costarricense, esta desaceleración posiblemente obedece a “perspectivas negativas sobre el entorno internacional, lo cual afecta las expectativas de crecimiento, empleo, inflación, tasas de interés y tipo de cambio en Costa Rica”.
¿Cuándo empezarán a crecer las cooperativas?
El Financiero conversó con cuatro de las cooperativas más grandes en el país a la fecha: Coocique, Coopecaja, Coope Ande y Coopenae.
A excepción de la primera, coinciden en que el efecto de la salida de Coopeservidores todavía pesa sobre el sector y es uno de los factores que les impide crecer, por lo que se mantienen en un periodo de estabilización que, según las proyecciones de algunos, se extenderá dos años más.
“En el corto y mediano plazo (los próximos dos años probablemente) no vamos a estar viendo crecimientos fuertes en el sector. Y eso nos ha obligado a repensar cuál debe ser la estrategia de crecimiento hacia futuro”, dijo Adrián Álvarez, gerente de Coopenae.
Sin embargo, para Norman Chavarría, gerente de Coope Ande, una vez completada la fase de recuperación, el ritmo no será como el de antes.
“Ya no veremos grandes alzas en la cartera de crédito como antes de 2023, serán números más conservadores, quizá de 2% o 3% interanual”, sugirió.
Para Luis Liberman, actual socio de Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa) y exbanquero, esas estimaciones de crecimiento son posibles siempre que el contexto macroeconómico lo favorezca y se mantenga dinámico.
En paralelo, anticipó un proceso de consolidación, en el que algunas entidades de las cooperativas más pequeñas podrían fusionarse para conformar otras más grandes o desaparecer debido a limitaciones para sostener costos regulatorios, tecnológicos y operativos.
Esto ya ha sucedido: hacia finales de 2024, por ejemplo, se anunció que Coopelecheros y Coopeamistad dejaban el negocio de intermediación financiera. Sus operaciones fueron adquiridas por Coopealianza y Coopenae.
La modificación en la tendencia de crecimiento que caracterizó al sistema cooperativo en los últimos años sugiere un cambio de ciclo caracterizado por un comportamiento prudencial en busca de recuperación de confianza.
“Más que el fin de una era, estamos ante un cambio de ciclo...El sector cooperativo sigue teniendo un rol clave en la inclusión financiera, pero ahora con un enfoque más estratégico, donde la calidad de la cartera y la eficiencia operativa pesan más que el volumen”, afirmó Elizabeth Morales, subgerente de Coopecaja.
Sobreendeudamiento afecta préstamos de consumo
La dificultad de crecimiento y búsqueda de solidez actual trasciende el cierre de Coopeservidores, pues hay un factor que, desde 2023, se une y presiona la colocación de préstamos de consumo, el principal producto financiero que gestionan las cooperativas.
Un cambio regulatorio aplicado por la Sugef en dicho año obligó a los intermediarios financieros, incluidas las cooperativas, a reservar una mayor parte de su capital cuando otorgan préstamos de consumo a plazos largos. Esto funciona como una especie de castigo patrimonial para las entidades que asumen ese tipo de operaciones, normalmente más riesgosas.
Adrián Álvarez, gerente de Coopenae, señaló que ese incremento en los ponderadores adicionales de capital por plazo para créditos de consumo incomoda el potencial de crecimiento.
Chavarría coincidió en esta apreciación e indicó que el sector se vio en la obligación de reducir los plazos máximos de financiamiento en consumo desde esquemas que alcanzaban hasta 12 o 13 años hacia límites cercanos a nueve, una medida que, aunque prudencial, elevó las cuotas para los clientes y disminuyó los niveles de colocación.
La modificación, realizada por el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif), reforzó un cargo a capital que ya existía desde 2018 para préstamos con plazos extensos.
Para ello, estableció tres tramos: 20% adicional para operaciones entre cinco y seis años, 60% para aquellas entre seis y nueve (posteriormente ajustado a 40% en marzo de 2024), y 140% para plazos mayores. Este cargo obliga a las entidades a destinar más capital como respaldo para operaciones de largo plazo, lo cual las hace menos atractivas en términos de rentabilidad.
“Tomamos algunas decisiones. En muchos casos simplemente dejamos de tener dentro de nuestra oferta créditos más allá de nueve años para consumo. Y eso, combinado con que otros actores del sistema sí decidieron seguir colocando crédito a esos plazos, hizo que parte de la demanda de crédito que históricamente atendíamos se redujera”, comentó Chavarría.
Esa condición, sin embargo, prevalece tres años después; recientemente, el Informe Anual 2025 del Banco Central de Costa Rica (BCCR) encontró que la proporción de créditos a los que les faltan cinco años o menos para su vencimiento cayó: en moneda nacional pasó de 27,6% en 2022 a 23,3% en 2025 y en moneda extranjera de 38,2% a 20,6%. En la práctica, significa que las personas se endeudan por más años.
Este aumento en los plazos parece indicar, como lo dice Chavarría, que otros intermediarios sí podrían estar creciendo en consumo, ganándole mercado a las cooperativas, a pesar de los castigos de la regulación.

Menor apetito de riesgo y cambio de estrategia
Las cooperativas adoptaron una postura más selectiva en la aprobación de créditos, con un enfoque en perfiles con menor probabilidad de impago en un contexto donde la demanda se mantiene activa, pero con potencial de disminuir.
Tras la salida de Coopeservidores, el apetito de riesgo muestra un giro; ahora, estas entidades redefinen sus clientes objetivo y endurecen los criterios de colocación, en línea con una estrategia más cautelosa.
“Eso hace que ya no sea solamente un tema de demanda de crédito, sino también de qué tan amplia es la base de personas a las que hoy estamos dispuestos a financiar”, aseguró Álvarez.
Este endurecimiento no ocurre en un vacío, sino en paralelo a un reacomodo más amplio dentro del sistema financiero, donde también se observan cambios en el comportamiento de los ahorrantes y en la dinámica de la banca.
Mientras las cooperativas restringen su base de crédito bajo una lógica más prudencial, parte de la demanda se desplaza hacia el sistema bancario.
De acuerdo con las voces consultadas, el cierre de Coopeservidores provocó un impacto en la confianza de los ahorrantes con un componente psicológico que, si bien tiende a erosionarse con el tiempo, genera dudas y movimiento de recursos.
Sobre esto, la Asociación Bancaria Costarricense (ABC) apuntó a un cambio en la distribución de los recursos dentro del sistema financiero.
“El sector cooperativo experimentó una caída en sus obligaciones con el público entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025; posiblemente esa parte del flujo de ahorrantes migró hacia la banca comercial”, explicó.
Sin embargo, aclara que el dinamismo del crédito bancario no responde directamente a la desaceleración cooperativa. En 2024, la cartera de los bancos creció impulsada por una demanda más activa en consumo (especialmente en tarjetas y financiamiento de vehículos) en un contexto de empleo formal más estable y baja inflación.
En paralelo, el crédito empresarial mostró una dinámica más selectiva, concentrada en sectores como construcción, comercio y servicios.
Las cooperativas coincidieron en que el segmento empresarial debe ser su nuevo eje estratégico, pues un contexto macroeconómico desfavorecedor para el crecimiento de las entidades, la vejez poblacional y el sobreendeudamiento afectan los créditos a personas físicas al disminuir la demanda estructural de financiamiento para vivienda y bienes duraderos.
Estas entidades no cuentan con autorización regulatoria directa para colocar crédito a empresas constituidas. Sin embargo, se contempla para el futuro.
Para Liberman, migrar esfuerzos hacia el sector empresarial, pese a ser una buena hoja de ruta si se toma en cuenta el potencial de crecimiento que ofrece, es una transición compleja.
“Las personas físicas y las empresas responden a lógicas distintas y requieren capacidades técnicas diferentes, por lo que las entidades deberán avanzar de forma gradual”, mencionó.
Utilidades aumentaron en la mayoría
A pesar de las afectaciones, las utilidades del sector cooperativo mantienen una balanza: 11 crecieron y siete disminuyeron. De hecho, el total aumentó entre 2024 y 2025, pues pasó de ¢29.401 millones a ¢31.683 millones; es decir, hubo un incremento de ¢2.282 millones (un 8%).
Entre 2024 y 2025, Coopenae fue la que más creció: sus utilidades pasaron de poco más de ¢8.218 millones a alrededor de ¢10.643 millones. En contraste, Coopealianza y Coope Ande redujeron sus ganancias en ¢772 millones y ¢1.395 millones, respectivamente.
Entre las cooperativas pequeñas e intermedias es donde resaltan los crecimientos. Por ejemplo, Coopebanpo, Coope San Ramón y Coope San Marcos dejaron atrás un 2024 poco dinámico y cerraron el año pasado con utilidades mucho más altas. Otras, como Coopegrecia y Coopejudicial, mostraron ajustes suaves o un crecimiento más gradual, sin sobresaltos.
Por su parte, otras entidades aprovecharon 2025 para recuperar resultados, como Credecoop, que pasó de reportar pérdidas de ¢167,8 millones a tener utilidades que alcanzan los ¢625,6 millones.
El comportamiento de las utilidades muestra cómo el impacto de Coopeservidores fue un shock puntual, no el quiebre definitivo del modelo cooperativo. Ahora, se encuentra en el escenario un sector que todavía es capaz de generar ganancias, aunque su cartera ya no crece como antes.
Las cifras y decisiones estratégicas de estas entidades apuntan a una transformación más profunda que una simple pausa del crecimiento; el cooperativismo no solo resiente el impacto puntual de la salida de Coopeservidores, sino que opera en un entorno donde el riesgo, la regulación y el comportamiento de los clientes cambiaron.
Lo anterior redefine su papel dentro del sistema financiero: pasan de ser actores de expansión acelerada a entidades enfocadas en su sostenibilidad, con un crecimiento más lento, selectivo y condicionado por la calidad de su cartera.
Mientras la banca absorbe protagonismo, las cooperativas buscan consolidar su estabilidad y reconstruir confianza en un proceso que marcará su rumbo en los próximos años.
