El inicio de un nuevo año representa una oportunidad única para reflexionar sobre el manejo del dinero y establecer metas concretas que fortalezcan la salud financiera. Según expertos, la mayoría de las personas no fracasan por falta de ingresos, sino por ausencia de planificación y hábitos sólidos. En el contexto costarricense, donde la inflación y el costo de vida ejercen presión constante sobre las familias, definir propósitos financieros claros se convierte en una necesidad estratégica para alcanzar estabilidad económica.
Crear un presupuesto realista como punto de partida
El presupuesto mensual constituye la piedra angular de unas finanzas saludables. Aurora Geitel Salgado, directora de Educación Financiera de BBVA México, señala que “comenzar el año organizando las finanzas personales puede ser la clave para cumplir propósitos y alcanzar una mayor estabilidad económica”. La regla 50/30/20 ofrece una estructura práctica: destinar el 50% de los ingresos a necesidades básicas como alquiler, servicios y alimentación; el 30% a gastos prescindibles como entretenimiento; y el 20% al ahorro. Este método permite visualizar con claridad el destino del dinero e identificar áreas de mejora sin sacrificar la calidad de vida.
Llevar un registro detallado de ingresos y gastos, ya sea mediante una libreta, hoja de cálculo o aplicación financiera, facilita detectar patrones de consumo y fugas de dinero. Esta transparencia financiera es el primer paso para tomar decisiones informadas y ajustar el presupuesto según las circunstancias cambiantes de cada mes.
Construir un fondo de emergencia sólido
Los expertos financieros coinciden en que un fondo de emergencia debe cubrir entre tres y seis meses de gastos esenciales. Este colchón financiero protege ante imprevistos como pérdida de empleo, reparaciones urgentes o gastos médicos inesperados, evitando recurrir a préstamos que generen intereses elevados.
Para construirlo, se recomienda automatizar transferencias mensuales desde la cuenta principal hacia una cuenta de ahorro separada, asegurando que el dinero se destine a este propósito antes de gastarlo en otras categorías. Aunque la cantidad inicial sea pequeña, la constancia es más importante que el monto. Una vez establecido el fondo, se convierte en una red de seguridad que proporciona tranquilidad mental y libertad para enfrentar emergencias sin comprometer la estabilidad financiera.

Eliminar deudas con estrategias efectivas
El pago de deudas debe ocupar una prioridad alta en cualquier plan financiero, especialmente aquellas con tasas de interés elevadas como las tarjetas de crédito. Existen dos metodologías probadas: el método “bola de nieve”, que prioriza pagar primero las deudas más pequeñas para generar motivación mediante victorias rápidas; y el método “avalancha”, que ataca primero las deudas con mayor tasa de interés, ahorrando dinero a largo plazo.
Independientemente del método elegido, lo crucial es realizar pagos superiores al mínimo requerido y evitar adquirir nuevas deudas mientras se ejecuta el plan de reducción. Esta disciplina libera recursos económicos que posteriormente pueden redirigirse hacia el ahorro y la inversión.
Establecer metas financieras SMART
Las metas vagas como “ahorrar más” rara vez se cumplen. En cambio, los objetivos SMART —específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con plazo definido— proporcionan claridad y dirección. Por ejemplo, en lugar de decir “quiero ahorrar”, un objetivo SMART sería: “Ahorraré ₡200.000 mensuales durante seis meses para crear un fondo de emergencia de ₡1.200.000”.
Dividir las metas en corto, mediano y largo plazo ayuda a mantener el enfoque y la motivación. Las metas a corto plazo pueden incluir saldar una tarjeta de crédito en tres meses; las de mediano plazo, ahorrar para el enganche de un automóvil; y las de largo plazo, planificar la jubilación o la educación universitaria de los hijos.
Planificar la jubilación desde temprana edad
En Costa Rica, la pensión del régimen de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) cubrirá apenas entre el 40% y el 60% del salario de referencia, según advierten expertos de Coopecaja. Esta realidad hace imprescindible complementar los ingresos de retiro mediante planes voluntarios de pensión.

El efecto del interés compuesto juega a favor de quienes comienzan temprano: una persona que inicia a los 25 años puede acumular hasta tres veces más que quien comienza a los 40. Los planes voluntarios en Costa Rica ofrecen ventajas fiscales significativas, como deducciones del ingreso bruto y rendimientos libres de impuestos al momento del retiro.
Automatizar el ahorro para garantizar constancia
La automatización elimina la dependencia de la fuerza de voluntad. Programar transferencias automáticas el día siguiente a recibir el salario asegura que el ahorro se realice antes de cualquier gasto discrecional. Esta estrategia convierte el ahorro en un “pago obligatorio” hacia el futuro personal, similar a cualquier factura recurrente.
Separar el dinero ahorrado en diferentes subcuentas según objetivos específicos —emergencia, vacaciones, educación, inversión— proporciona mayor claridad y facilita el seguimiento del progreso hacia cada meta. Las instituciones financieras costarricenses ofrecen herramientas digitales que permiten configurar estas transferencias automáticas de manera sencilla.
Proteger el patrimonio con seguros adecuados
Los seguros de vida y salud representan una protección financiera integral para la familia. Un seguro de vida garantiza que, en caso de fallecimiento o invalidez, los seres queridos puedan mantener su estabilidad económica, cubrir deudas pendientes y afrontar gastos esenciales. Por su parte, una póliza de salud permite acceder a atención médica de calidad sin las largas listas de espera del sistema público, cubriendo gastos que podrían desestabilizar las finanzas familiares.
En Costa Rica, contar con estas coberturas es especialmente relevante considerando que una emergencia médica puede consumir años de ahorro en cuestión de semanas. La inversión en seguros no debe verse como un gasto, sino como un escudo que protege todo el esfuerzo financiero construido con el tiempo.
Invertir en educación financiera continua
El conocimiento financiero es una herramienta que genera dividendos permanentes. Dedicar tiempo a aprender sobre inversión, manejo de crédito y estrategias de ahorro mediante libros, cursos o talleres especializados empodera para tomar decisiones más informadas.
La educación financiera no solo mejora la capacidad de generar riqueza, sino que también desarrolla la mentalidad necesaria para mantenerla y hacerla crecer generación tras generación. Como indican especialistas, nunca es tarde para aprender a gestionar mejor el dinero.
Revisar y ajustar el plan financiero regularmente
Los propósitos financieros no son estáticos. Establecer una revisión mensual o trimestral permite evaluar el progreso, identificar desviaciones y realizar ajustes necesarios. Esta práctica de control garantiza que las metas sigan siendo relevantes y alcanzables conforme cambian las circunstancias personales o económicas.
El compromiso con la salud financiera debe ir más allá de un simple propósito de año nuevo. Como señala Aurora Geitel Salgado, “con disciplina y constancia estos cambios pueden llevar a alcanzar una mayor estabilidad y bienestar económico”. La clave está en comenzar ahora, con acciones pequeñas pero sostenidas, construyendo paso a paso el futuro financiero que se desea alcanzar.
