La distribución de los excedentes de las asociaciones solidaristas en Costa Rica está a la vuelta de la esquina, con un estimado de ¢60.500 millones para repartir, según la Confederación Nacional de Asociaciones Solidaristas (Conasol).
Estas organizaciones económicas sin fines de lucro, compuestas por trabajadores, buscan fomentar el ahorro voluntario mediante la deducción de un porcentaje del salario que se suma al aporte del patrono dentro de la entidad.
De esta manera, los integrantes no solo pueden acceder a un fondo una vez se retiran, sino que les permite obtener créditos y acceder a opciones de inversión adicionales.
El dato más reciente disponible en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), de 2024, refleja un total de 1.378 asociaciones solidaristas activas y 402.800 miembros.
Durante los primeros meses del año, estos grupos deben distribuir los excedentes generados durante cada periodo fiscal, de enero a diciembre, una vez estén aprobados en una asamblea ordinaria anual.
Ese dinero corresponde al resultado anual que generan las asociaciones luego de cubrir gastos operativos y provisiones.
Según Fernando Araya, presidente de Conasol, la repartición es proporcional al patrimonio acumulado por cada afiliado, que se compone del aporte personal, usualmente entre 3% y 5% del salario, y del patronal, que puede alcanzar hasta 5,33% como adelanto de cesantía.
Para este año, la agrupación estima una distribución de ¢60.500 millones en excedentes, una suma afectada por un proceso de normalización financiera tras la intervención en entidades donde se tenían inversiones, como Desyfin y Coopeservidores.
La recuperación, aseguró, ha sido satisfactoria y desde entonces se prioriza la diversificación para disminuir el riesgo de pérdida en casos similares.
Además, las condiciones macroeconómicas no resultaron particularmente favorables: el presidente aseguró que, mientras en los últimos dos años hubo ocasiones donde los rendimientos extraordinarios alcanzaban hasta un 13%, en 2025 fueron de entre 7% y 8%.
“Es una contracción que responde directamente a la baja en las tasas de interés locales, los ajustes en la política monetaria internacional y la fuerte apreciación del colón, que castigó el desempeño de las carteras de inversión en dólares”, consideró.
A nivel confederado, las asociaciones administran cerca de ¢2,5 billones en patrimonio.
En un contexto de tasas más bajas, el crecimiento de los excedentes tiende a moderarse, pero el sistema mantiene capacidad de distribución relevante respaldada por su base de aportes bipartitos y estructura de crédito interno.
El cálculo del monto
Al cierre del periodo fiscal, se suman todos los ingresos obtenidos durante el año y se restan los gastos administrativos y operativos. El resultado de esa diferencia son los excedentes netos.
Según explicó Luis Rodríguez, gerente de la asociación solidarista de Walmart (Asadem), en febrero del año pasado a El Financiero, el porcentaje de excedentes a repartir es el resultado de la división de los netos entre los aportes totales (compuestos por patronos y trabajadores)
“Al realizar este cálculo mensualmente, sale el porcentaje por mes y, al sumarlos durante los 12 meses del año fiscal, se obtiene la tasa anual de excedentes”, mencionó.
Ese monto se distribuye equitativamente entre los asociados; sin embargo, el monto que reciben varía según el capital que cada uno tenga acumulado. Es decir, quien ha ahorrado más, recibe más dinero.
Por otro lado, según Araya, la asamblea de cada asociación puede decidir si distribuye todo el excedente o si capitaliza una parte para fortalecer el patrimonio, crear fondos específicos o enfrentar eventuales pérdidas.
Si aterrizamos más en la porción bruta que recibe cada persona, es importante tomar en cuenta que, antes de entregarse, se le deduce el impuesto que se aplica sobre los excedentes. Este no funciona en una sola tasa sobre todo el monto, sino en tramos; cada uno recibe un porcentaje distinto.
Para explicar mejor esta dinámica, hicimos el ejercicio de calcular lo que recibiría una persona con un excedente bruto de ¢1 millón. Recordemos que el salario base de referencia es de ¢462.200 para este año, según lo establecido por el Poder Judicial para normativas tributarias.
El primer paso consiste en identificar cuánto corresponde al primer tramo. Este abarca hasta un salario base, es decir, ¢462.200, y está gravado con una tasa del 5%. Al aplicar ese porcentaje sobre dicha suma, el impuesto generado en esta primera etapa es de ¢23.110.
El segundo bloque comprende el monto que va desde un salario base hasta dos, es decir, otros ¢462.200 adicionales. Sobre esa porción intermedia se aplica una tasa del 7%. El resultado de aplicarlo es una retención de ¢32.354.

Aún quedan ¢75.600 por gravar, que corresponden a la diferencia entre el millón recibido y los ¢924.400 que ya cubren los dos primeros tramos.
Esa suma final es la que entra en el tercer escalón, el cual grava con un 10% todo lo que supere los dos salarios base. El 10% de ¢75.600 equivale a ¢7.560.
Al sumar los tres montos obtenidos en cada etapa (¢23.110, ¢32.354 y ¢7.560) el impuesto total retenido asciende a ¢63.024. En consecuencia, del millón de colones bruto en excedentes, la persona obtiene un monto neto de ¢936.976.
En resumen, el procedimiento consiste en dividir el excedente en tramos definidos por el salario base, aplicar a cada uno la tasa correspondiente y, al final, sumar los resultados. Solo la porción que supera el último umbral queda sujeta a la tasa más alta.
