El 2025 quedará marcado como el año en que el dólar perdió protagonismo en Costa Rica, al registrar su nivel más bajo en dos décadas.
El pasado 4 de diciembre, la divisa estadounidense cayó hasta los ¢488 frente al colón, reflejando un cambio significativo en la dinámica cambiaria del país.
Entre el 30 de diciembre de 2024 y el 30 de diciembre de 2025 el dólar acumuló una depreciación de 3%, según datos oficiales del Banco Central de Costa Rica (BCCR).
En términos absolutos, el tipo de cambio pasó este año de ¢511,27 en ese mismo período a ¢499,81 en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex), lo que representó una reducción de ¢11,46.
Esta caída no se observaba desde hace 20 años, cuando el país se encontraba bajo el esquema de minidevaluaciones (1984-2006), periodo en el que el Banco Central fijaba el precio del dólar mediante ajustes diarios y predecibles.
No obstante, el modelo actual de flotación administrada permite que el valor de la divisa sea determinado principalmente por la oferta y la demanda del mercado.

“El superávit sostenido en las ventanillas bancarias, impulsado por un sólido sector exportador de servicios, las zonas francas, el turismo y la inversión extranjera directa, explica en gran medida este comportamiento y por esas mismas razones lo más seguro es que el tipo de cambio se mantenga estable durante el 2026”, afirmó Mauricio Moya, líder de Inversiones del Grupo Financiero Mercado de Valores.
La variación del dólar en cuanto a montos máximos tampoco fue tan pronunciada como en otros años.
Por ejemplo, en junio del 2022, la divisa alcanzó los ¢700 y el punto más alto del 2025 se registró el 7 de abril, cuando el promedio en Monex llegó a ¢511,43.
“Existe una relación directa entre el comportamiento del dólar y el aumento en las reservas monetarias internacionales”, aseguró Roxana Morales, economista de la Universidad Nacional.
Además, durante el 2025 el Banco Central acumuló compras de divisas por $5.800 millones. De ese total, $4.9 millones corresponden a operaciones con el Sector Público No Bancario, mientras que otros $875 millones se destinaron a operaciones propias para fortalecer las reservas internacionales. A lo largo del año, el ente emisor no realizó intervenciones por estabilización del tipo de cambio.
2026: Perspectivas de estabilidad
“Las expectativas para el 2026 apuntan a que la estructura superavitaria de dólares se mantendrá, aunque existe el riesgo de que los excedentes sean menores ante una eventual desaceleración de sectores más vulnerables como el turismo, los servicios y algunas exportaciones. Aun así, el tipo de cambio se mantendría en rangos bajos similares a los observados en 2025”, aseguró Adriana Rodríguez, gerente del puesto de bolsa de Acobo.
No obstante, se debe considerar que el país enfrentará un año electoral, en el que las decisiones de política económica podrían generar episodios de incertidumbre en el mercado cambiario.
“Esperamos que las autoridades del Banco Central no cambien con el nuevo gobierno y que la política monetaria y cambiaria se mantenga similar a la actual. Además, el Banco Central cuenta con niveles elevados de reservas, lo que le permite preservar la estabilidad del tipo de cambio”, destacó Vidal Villalobos, asesor financiero del Grupo Financiero Prival.
Un tipo de cambio bajo tiene efectos distintos en la economía costarricense, con sectores que se benefician directamente y otros que enfrentan mayores desafíos.
Entre los principales ganadores están los consumidores y las empresas importadoras, ya que los bienes y servicios traídos del exterior —como alimentos, combustibles, vehículos, tecnología y materias primas— se abaratan. También se benefician quienes tienen deudas en dólares pero ingresos en colones, pues el monto de sus obligaciones se reduce en términos reales.
Los principales perdedores son los exportadores tradicionales, el sector agrícola y algunas empresas turísticas, cuyos ingresos en dólares se convierten en menos colones, afectando su rentabilidad.
Lo mismo ocurre con quienes reciben remesas o ingresos desde el exterior y con inversionistas que mantienen activos en dólares, al ver disminuido su poder adquisitivo en moneda local. Para estos sectores, un tipo de cambio bajo puede traducirse en menores márgenes, ajustes de costos o pérdida de competitividad frente a otros países.
Más allá de los sectores productivos, la apreciación del colón durante el 2025 también dejó una huella en las finanzas públicas. El Ministerio de Hacienda enfrenta un fenómeno de “doble filo”: mientras el costo de servir la deuda denominada en moneda extranjera se reduce, la recaudación por el Impuesto sobre las Utilidades sufre una presión a la baja.
Esto ocurre porque las empresas del sector exportador, cuyos ingresos son mayoritariamente en dólares, ven contraer sus ganancias al realizar la conversión contable a colones para declarar sus tributos.
Al reportar menores utilidades netas en moneda local, el aporte impositivo de estos motores económicos disminuye, lo que obliga al Gobierno a mantener una disciplina de gasto aún más estricta para no comprometer las metas de déficit primario.