En el primer semestre de 2026, el sector asegurador de Costa Rica representó un periodo de estancamiento en las utilidades, con entidades que incluso reportan pérdidas mayores y una caída general del 87% con respecto al mismo periodo del año previo.
De acuerdo con datos a junio de los últimos dos años y publicados por la Superintendencia General de Seguros (Sugese) en el primer semestre de 2026 ninguna aseguradora mejoró sus resultados. Lo anterior no fue así en los años anteriores.
Las aseguradoras consultadas atribuyen este fenómeno, en mayor medida, a la apreciación sostenida del tipo de cambio que ha llegado a ubicar su promedio ponderado por abajo de los ¢450 en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex).
Pese a su papel de protectores de terceros, estas entidades no están exentas de los efectos que el tipo de cambio tiene sobre los estados financieros y además porque están dentro del sistema financiero costarricense.
Muchas mantienen parte de sus inversiones, disponibilidades y otros activos denominados en dólares. Cuando el colón se aprecia, el valor de esos recursos expresado en colones disminuye, lo que puede generar pérdidas por diferencial cambiario o reducir los ingresos financieros contabilizados durante el periodo.
El reaseguro también amplifica la exposición cambiaria de las aseguradoras, pues estas ceden parte de los riesgos de mayor tamaño a reaseguradoras internacionales y, a cambio, pagan primas o mantienen cuentas con ellas, todo estas transacciones usualmente se hacen en dólares.
Aunque esas obligaciones en moneda extranjera —que con la apreciación del colón salen más baratas— pueden compensar parcialmente la pérdida de valor de activos dolarizados, el resultado depende de si la entidad tiene más activos, cuentas por cobrar o inversiones en dólares que pasivos con reaseguradores.
Si predominan los activos, la apreciación del colón reduce su valor al convertirlos a moneda local y puede generar pérdidas por diferencial cambiario en los estados financieros.
Aseguradoras con pérdidas
Las utilidades permiten medir la ganancia neta que queda a una aseguradora luego de descontar los costos de siniestros, gastos administrativos, comisiones e impuestos entre otros rubros.
Es un indicador relevante porque revela la capacidad de las compañías para sostener su operación, fortalecer su patrimonio y absorber eventos adversos.
Entre el primer semestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, las ganancias del sector asegurador cayeron 87%, al pasar de ¢42.164 millones a ¢5.646 millones.
El Instituto Nacional de Seguros (INS) concentró el mayor descenso, de ¢30.764 millones a ¢4.558 millones. Es el participante más importante del mercado.
Además, cinco nuevas entidades cerraron junio de 2026 con pérdidas, frente a una un año antes (MNK); BMI, Davivienda, Magisterio, ASSA y Sagicor pasaron de ganancias a números rojos, mientras que MNK acumula tres años consecutivos de pérdidas.
Ahora bien, de esas primeras cinco que anteriormente reportaban utilidades, la calificadora de riesgo Feller Rate afirmó que “solo una reporta un riesgo real de deterioro de mantener estos resultados por periodos consecutivos”. Sin embargo, no aclaró explícitamente a cuál se refiere.
Su explicación es contundente: para evaluar la solvencia de largo plazo de una aseguradora, el principal elemento es su capacidad de generar resultados técnicos, mientras que los resultados financieros pueden presentar volatilidad temporal y compensarse entre periodos.
Una aseguradora puede mantener resultados locales deficitarios cuando forma parte de una estrategia global o de un esquema de retrocesiones, pues la rentabilidad del modelo puede reflejarse en los estados financieros consolidados de la compañía fuera de Costa Rica.
Sin embargo, en las aseguradoras de capital local, mantener flujos deficitarios durante periodos prolongados puede consumir el patrimonio y generar riesgos de incumplimiento.
En una entrevista en agosto con EF, el superintendente de Seguros, Tomás Soley, determinó que la caída de las utilidades del mercado requiere considerar un efecto extraordinario registrado por el Instituto Nacional de Seguros (INS) en 2025.
Según Soley, el INS liberó el año anterior una provisión de ¢21.000 millones. Ese movimiento representó un ingreso extraordinario que no se repite en 2026, por lo que la comparación entre ambos periodos amplifica la caída de las ganancias.
“El efecto adquiere mayor relevancia por el peso del INS dentro del mercado: la aseguradora concentra alrededor del 60% del sector y, aún si se excluyen los seguros obligatorios, representa cerca del 50% o 52% del mercado”, explicó el superintendente.
Por ello, Soley señaló que para interpretar la evolución de las utilidades resulta necesario aislar ese ingreso extraordinario y observar el comportamiento del resultado técnico del sector.
Ante esto, el departamento de prensa del Instituto detalló que ese efecto debe analizarse “en su justa dimensión”: aunque reconoce tener un peso mayor que el de otras entidades aseguradoras sobre el sector a escala general, no representa la única razón detrás de la baja de utilidades.
“El comportamiento del mercado también responde a otros factores, como efectos contables asociados al tipo de cambio, variaciones en la siniestralidad de algunos ramos, condiciones propias del entorno económico y ajustes técnicos en la gestión del negocio asegurador”, comunicó el INS.
El señalamiento es congruente con los números del sector. Por ejemplo, los datos de Sugese revelan que, en el primer semestre de 2026, las primas crecieron 5,2% en términos interanuales, pero los siniestros brutos pagados avanzaron cerca de 6%, una diferencia que reduce el margen disponible para cubrir otros costos y generar ganancias técnicas.
Otros factores incidentes son los estacionales. Por ejemplo, un año con mayor cantidad de accidentes de tránsito, como comentó el superintendente.
Pero el INS no es el único en atribuir la disminución al diferencial cambiario; Seguros Lafise también lo hace.
Esta entidad, aunque no registra números negativos, sí experimentó una caída de utilidades en el periodo analizado. Pasó de ¢833 millones al cierre del primer semestre de 2025 a ¢300 millones a junio de 2026.
“No identificamos un comportamiento atípico en la siniestralidad técnica de nuestro portafolio, sino una evolución coherente con el crecimiento del negocio. La variable que sí generó un entorno atípico a nivel de industria fue la volatilidad cambiaria”, comentó Giovanny Mora, gerente general de Seguros Lafise.
Si se observa de manera general, la calificadora de riesgo, Feller Rate, afirmó que los indicadores de solvencia globales de las principales aseguradoras se mantienen en niveles robustos.
“Una mayor dinámica comercial, junto con los efectos del ciclo de reaseguro y de apreciación del tipo de cambio local explican en gran medida el cambio en el indicador normativo, mientras que por el lado técnico la siniestralidad bruta se mantuvo relativamente estable con relación al periodo anterior, con un 42%”, manifestó.
De acuerdo con su análisis, mientras los resultados técnicos netos locales mantengan este equilibrio y no existan riesgos de contagio frente al canal internacional, la industria de seguros locales debiera mantener un sólido perfil de solvencia.
Índice de Suficiencia de Capital cae
El Indicador de Suficiencia de Capital (ISC) mide si una aseguradora cuenta con capital suficiente para respaldar los riesgos que asume; cuanto más alto se ubique sobre el mínimo regulatorio, mayor es su margen para enfrentar pérdidas inesperadas, variaciones financieras o un aumento en los siniestros.
De acuerdo con la clasificación de Sugese, la base recomendada sobre la cual deben estar las aseguradoras es 1,3%. Por debajo de ese umbral, puede marcar un nivel de solvencia débil o que debe permanecer bajo vigilancia.
Entre el primer semestre de 2025 y 2026, nueve de las 12 aseguradoras redujeron su ISC en un promedio de 0,22 puntos porcentuales. Por su parte, Mapfre, BMI y ASSA lo incrementaron en 0,06 puntos, en promedio.
Desde 2023, Quálitas y Lafise han mostrado una reducción progresiva de este indicador que las llevó a ubicarse en 1,4% al segundo trimestre de 2026, apenas por encima del mínimo legal exigido por Sugese.
No obstante, un nivel cercano a 1,3% o incluso ligeramente por debajo no activa inmediatamente las alarmas. Aunque la normativa establece un mínimo, una reducción del indicador no implica por sí misma un problema de solvencia.
Al respecto, el gerente general de Lafise manifestó que dicha reducción progresiva es consecuencia directa de un acelerado ritmo de crecimiento, no de un deterioro patrimonial.
“En la dinámica técnica del seguro, la captación masiva de nuevos negocios exige requerimientos de capital y reservas inmediatas, lo que estresa o presiona temporalmente el indicador en las fases de mayor expansión comercial”, comentó.
Asimismo, indicó que, conforme las primas emitidas pasen a ser primas devengadas a lo largo de la vigencia de las pólizas, el indicador recuperará gradualmente su balance superior de manera orgánica.
También se le consultó a Quálitas las razones detrás de la reducción de su ISC; sin embargo, no dio respuesta al cierre de esta nota.

Ratio combinado estable, pero con excepciones
El ratio combinado permite medir la eficiencia técnica de una aseguradora al comparar lo que paga en siniestros (accidentes o daños por eventos) y gasta para operar con las primas que cobra.
La base es 100: un resultado menor a ese nivel indica que la compañía tiene un margen técnico (sus costos son inferiores a las primas), mientras que una cifra superior refleja que esos costos exceden lo recaudado.
En 2026, solo dos aseguradoras superaron la base 100: Seguros del Magisterio, con un ratio de 107, y el INS, con 104. En ambos casos, los costos de siniestros y gastos fueron mayores que las primas cobradas.
MNK se ubicó exactamente en 100, lo que representa un punto de equilibrio técnico, sin margen ni déficit bajo este indicador.
La principal variación se observó en Seguros del Magisterio, que pasó de 86 en 2025 a 107 en 2026 y dejó de estar por debajo del umbral.
Próximos meses también bajo presión
Hacia adelante, el comportamiento del tipo de cambio seguirá siendo un factor que las aseguradoras deberán gestionar, especialmente aquellas con mayor exposición a activos y obligaciones en moneda extranjera.
Soley señaló que una variación rápida del tipo de cambio puede generar impactos sobre las utilidades, aunque actualmente “no hay un nivel de pérdidas que represente un riesgo de mercado para las entidades”.
Sin embargo, a más largo plazo, es clave que las compañías mantengan la rentabilidad técnica de su negocio y eviten pérdidas recurrentes.
Para Feller Rate, nuevas pérdidas en el ámbito financiero podrían llevar a las aseguradoras a modificar su apetito de inversión y dar prioridad a emisiones locales de mayor plazo.
Además, la calificadora anticipa un endurecimiento del reaseguro en la región durante los próximos meses. Esta situación presionaría las tarifas y limitaría las capacidades comerciales del mercado, aunque tendría un efecto positivo en el corto plazo sobre la prima suscrita.
Ahora bien, el INS espera que el incremento de la siniestralidad se mantenga durante el resto de 2026, aunque estima que la situación podría alcanzar mayor estabilidad en 2027.
La aseguradora explicó que ha aplicado prácticas de suscripción, contención de la severidad y eficiencia financiera en la gestión de reclamaciones, con el objetivo de mantener la siniestralidad dentro de los parámetros considerados al definir las tarifas.
No obstante, algunos segmentos podrían requerir ajustes para preservar el equilibrio entre la frecuencia y severidad de los siniestros y las primas de riesgo.
Ante un escenario marcado por una siniestralidad sostenida y efectos macroeconómicos externos e internos, la compañía considera necesario reforzar la eficiencia operacional y financiera, mantener una gestión prudente de las inversiones, contar con el respaldo del reaseguro e impulsar la innovación. Todo ello, con el propósito de que tanto el resultado técnico como el financiero contribuyan a generar valor.
Así, aunque el mercado asegurador costarricense conserva niveles de solvencia que permiten descartar, por ahora, un escenario de riesgo generalizado, las cifras del primer semestre muestran una presión creciente sobre su rentabilidad.
El desempeño del tipo de cambio, el aumento de la siniestralidad, las condiciones del reaseguro y la capacidad de las compañías para sostener resultados técnicos positivos serán determinantes para definir si el deterioro observado en 2026 responde a factores temporales o marca el inicio de una etapa más prolongada de ajuste para la industria.
