El llamado “Consejo de Paz” o “Junta/Consejo de la Paz” de Donald Trump es un nuevo organismo internacional impulsado por la Casa Blanca para supervisar la reconstrucción y la gobernanza de la Franja de Gaza en la fase de posguerra, y Trump lo presenta como una especie de foro global de alto nivel para gestionar crisis y proyectos de estabilización, con él mismo como presidente inaugural.
El cobro de $1.000 millones por un puesto se explica porque los borradores de la carta fundacional establecen que los países que aporten al menos esa suma obtendrían un asiento permanente en el organismo, con mandato indefinido, mientras que el resto tendría mandatos renovables y más limitados.
¿Qué es el “Consejo de Paz”?
- Es una organización internacional propuesta por Estados Unidos para “promover la estabilidad, restaurar un gobierno fiable y legal y supervisar la reconstrucción” en zonas de conflicto, empezando por Gaza.
- Formaría parte de la segunda fase del plan de Trump para poner fin a la guerra entre Israel y Hamás, supervisando al comité tecnocrático palestino que administraría el territorio en el día a día.
- Trump sería el presidente inaugural del organismo y presidiría las reuniones, con fuerte capacidad de control sobre la agenda, las invitaciones y hasta la posibilidad de vetar o revertir decisiones del propio consejo.

¿Cómo se integra y quiénes están invitados?
- La membresía está limitada a Estados soberanos invitados directamente por el presidente estadounidense, y cada país miembro estaría representado por su jefe de Estado.
- Entre los nombres mencionados para la Junta/Consejo de Paz figuran Tony Blair, el secretario de Estado Marco Rubio, Jared Kushner y otros aliados de Trump, además de invitaciones a líderes como Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan, Abdalá II de Jordania o Javier Milei.
- El Consejo también tendría un directorio ejecutivo y celebraría reuniones periódicas con una junta ampliada, aunque todas las decisiones quedarían sujetas a aprobación del presidente del organismo.
¿Por qué “cuesta” $1.000 millones?
- Un borrador de estatutos filtrado señala que los países que contribuyan con más de $1.000 millones de dólares en efectivo durante el primer año pueden obtener un asiento permanente, sin límite de mandato, lo que convierte el aporte en una suerte de “ticket” para estar siempre en la mesa.
- Para el resto de miembros el mandato sería de hasta tres años, renovable solo con aprobación de la presidencia del Consejo, lo que aumenta el valor político de pagar la contribución máxima y asegurar permanencia.
- Funcionarios de EE. UU. han señalado que la membresía básica no tendría “cuota obligatoria”, pero admiten que la contribución de $1.000 millones sería el umbral para la condición de miembro permanente, lo que ha alimentado críticas de que se está “poniendo precio” a la paz.
Objetivos oficiales y críticas
- En el discurso oficial, el Consejo pretende coordinar la seguridad, la reconstrucción física y el fortalecimiento institucional en Gaza, con una fuerza internacional de estabilización y apoyo a las fuerzas palestinas seleccionadas.
- Analistas y gobiernos críticos señalan riesgos de concentración de poder en Trump, falta de representación multilateral real y la idea de que los asientos permanentes se compran con grandes aportes, lo que podría convertir el organismo en un club de países ricos o políticamente alineados.
- También se cuestiona la legitimidad de crear una nueva estructura paralela a la ONU para gestionar un conflicto tan sensible como Gaza, con reglas hechas a medida del presidente estadounidense.
