Elon Musk no aparecía en las papeletas, pero tenía mucho en juego. El propietario de Tesla y SpaceX destinó al menos 474 millones de dólares a respaldar a los republicanos en las elecciones de medio periodo de Estados Unidos. La inversión no evitó la derrota de dos de sus principales apuestas: Ken Paxton, candidato al Senado por Texas, y Greg Abbott, quien buscaba conservar la gobernación del mismo estado. El retroceso del partido de Donald Trump deja así otro gran perdedor fuera de los cargos públicos: su poderoso financiador.
La dimensión del golpe no se explica únicamente por el dinero. Musk había concentrado una parte considerable de su esfuerzo en Texas, convertido en centro de gravedad de su actividad empresarial. Allí, los triunfos demócratas de James Talarico frente a Paxton y de Gina Hinojosa frente a Abbott frustraron su intento de preservar un entorno político favorable en el territorio donde tienen su sede Tesla y SpaceX.
Texas, el epicentro de una apuesta fallida
Según un análisis de los registros de financiación electoral realizado por CNBC, Musk destinó 224 millones de dólares a esfuerzos políticos en Texas: casi la mitad de los al menos 474 millones contabilizados en este ciclo electoral. No se trataba, por tanto, de una contribución secundaria dentro de una estrategia nacional, sino de una de sus prioridades.
La carrera por el Senado concentró una atención especial. BBC informó de que America PAC, el comité de acción política de Musk, invirtió 47 millones de dólares en apoyo a Paxton, además de los 158 millones que el empresario aportó en septiembre al Senate Leadership Fund, una organización dedicada a respaldar a los republicanos en las contiendas senatoriales.
El despliegue no impidió la victoria de Talarico. Su triunfo supone la primera elección de un demócrata al Senado federal por Texas desde 1988 y convierte la derrota de Paxton en algo más que un tropiezo individual: rompe una larga hegemonía republicana en esas contiendas y hace especialmente visible el fracaso de la apuesta de Musk.
La derrota de Abbott añadió un segundo golpe. Hinojosa ganó la gobernación del estado que alberga buena parte del entramado empresarial del magnate. Musk no solo perdió a su candidato preferido para Washington; también vio caer al gobernador al que había respaldado en su propio territorio de operaciones.

Una derrota política, no una pérdida bursátil
Los 474 millones de dólares permiten medir la escala de su intervención, pero no deben interpretarse como una pérdida financiera equivalente a una caída del valor de Tesla o SpaceX. Se trata de recursos destinados a influir en el resultado electoral. El fracaso consiste en que ese esfuerzo no consiguió preservar las posiciones políticas que Musk consideraba prioritarias.
Tampoco sería riguroso afirmar que todos sus apoyos terminaron derrotados. El Periódico recoge victorias de candidatos respaldados por el empresario, entre ellos los republicanos Chris Gober, en el décimo distrito de Texas, y Tracey Mann, en el primero de Kansas. Esos resultados, sin embargo, no compensan políticamente la pérdida de sus principales apuestas texanas.
El balance exige además distinguir entre el dinero aportado por Musk, las transferencias a comités y el gasto que estos realizan después. Las cifras publicadas responden a conceptos y cortes temporales distintos. Por eso, los al menos 474 millones de dólares contabilizados por CNBC ofrecen una referencia del alcance de su participación, pero no autorizan a sumar indiscriminadamente todas las cantidades atribuidas a las organizaciones que financió.
El dinero frente a las urnas
La victoria de Talarico dio al resultado una dimensión simbólica adicional. En su discurso, el senador electo reclamó sacar el gran dinero de la política para que ningún multimillonario pudiera comprar las elecciones. No mencionó a Musk, según CNBC, pero el mensaje llegó después de vencer a un rival sostenido por una extraordinaria maquinaria financiera.
Eso no demuestra que el dinero haya dejado de importar ni permite atribuir el resultado exclusivamente a un rechazo al empresario. Sí establece un límite concreto: una capacidad de financiación excepcional no garantizó la victoria de sus candidatos. En Texas, precisamente donde había concentrado tantos recursos, Musk no consiguió transformar su poder económico en el resultado electoral que buscaba.
Trump y los republicanos afrontan las consecuencias institucionales de la derrota. Musk carga con otra: la exposición pública de los límites de su influencia. Su fortuna le permitió intervenir a una escala extraordinaria; no le permitió decidir el voto de los ciudadanos.
