América Latina entrará a 2026 atrapada en una “trampa de bajo crecimiento”: la Cepal proyecta una expansión regional de apenas 2,3%, lo que supondría cuatro años consecutivos con tasas cercanas a 2%. El Banco Mundial y el FMI confirman ese panorama, con estimaciones muy similares para 2026.
Detrás de ese promedio modesto, sin embargo, se esconde un mapa de ganadores y rezagados. Mientras las grandes economías —Brasil y México— crecerán poco, un grupo de países medianos y pequeños, varios de ellos centroamericanos, liderará el crecimiento relativo de la región, con tasas cercanas o superiores a 4%. Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Paraguay, Guatemala y Honduras, junto con el caso atípico de Guyana y la recuperación de Argentina, concentrarán buena parte del dinamismo en 2026.
1. Un contexto de bajo dinamismo estructural
La Cepal resume el telón de fondo con crudeza: de cumplirse las proyecciones, América Latina habrá registrado un crecimiento promedio de solo 1,6% anual entre 2017 y 2026. El organismo advierte que el motor del consumo privado se debilitará en 2026, en un entorno de menor demanda externa, empleo que crece más lento e inversión crónicamente baja.
El Banco Mundial, por su parte, estima que el PIB regional se expandirá alrededor de 2,5% en promedio en 2026‑2027, el peor desempeño entre todas las regiones emergentes. El FMI coincide: en su World Economic Outlook de octubre de 2025 proyecta que el crecimiento de América Latina y el Caribe caerá ligeramente a 2,3% en 2026, tras un 2,4% en 2025.
En palabras del secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar‑Xirinachs, la región “sigue atrapada en una senda de bajo crecimiento, con escasa inversión, baja productividad y altos niveles de desigualdad”. Esa combinación explica por qué la lista de países líderes en 2026 está compuesta, sobre todo, por economías que han logrado romper, aunque sea parcialmente, ese patrón.

2. Guyana y Paraguay: los “súper crecimientos”
En el ranking de 2026 hay un ganador absoluto: Guyana. La Cepal proyecta que su PIB crecerá 24% ese año, impulsado por la expansión del sector petrolero, muy por encima de cualquier otra economía de la región. El FMI estima que el país caribeño crecerá en promedio 14% anual en los próximos cinco años, con un dinamismo no solo petrolero: el PIB no petrolero avanzaría cerca de 6,75% anual.
Se trata de un caso atípico: una economía muy pequeña, ultra-dependiente del crudo y altamente expuesta a choques de precios y riesgos de sobrecalentamiento. Para inversionistas regionales, Guyana es una oportunidad de nicho, pero no un modelo replicable.
Más relevante para América del Sur es Paraguay. La Cepal le asigna una expansión de alrededor de 4% en 2026, mientras otros ejercicios —incluido el propio gobierno paraguayo— elevan la proyección a 4,5%. La clave está en una transformación gradual de su matriz productiva: a una base agropecuaria competitiva se suman industria liviana, servicios logísticos y energía barata, todo en un contexto de disciplina fiscal y estabilidad monetaria.
Como resumió recientemente un informe del Ministerio de Hacienda paraguayo, el país busca consolidar un “crecimiento virtuoso” apoyado en inversión y diversificación, más que en ciclos de materias primas. Si se sostiene, Paraguay será la economía de mayor crecimiento en Sudamérica —salvo el caso extremo de Guyana— en 2026.
3. Centroamérica y el Caribe: los nuevos motores (incluida Costa Rica)
La proyección de la Cepal muestra a Centroamérica y el Caribe (sin Guyana) creciendo por encima del promedio regional en 2026, con varios países rondando el 4%. Entre ellos destacan Panamá, República Dominicana, Guatemala, Honduras y Costa Rica.
Tabla 1. Economías que liderarían el crecimiento regional en 2026 (proyecciones seleccionadas)
| País | Crecimiento PIB 2026 (aprox.) | Fuente principal | Motores clave |
|---|---|---|---|
| Guyana | 24% | Cepal | Petróleo, inversión pública masiva |
| Paraguay | 4,0‑4,5% | Cepal / Gobierno | Agroindustria, servicios, estabilidad macro |
| Panamá | 4,0‑4,2% | FMI / Cepal | Hub logístico, servicios financieros y empresariales |
| República Dominicana | 3,6‑4,3% | Cepal / BM | Turismo, Zonas Francas, IED |
| Guatemala | 3,8‑4,0% | Cepal / BM | Remesas, consumo interno, servicios |
| Honduras | 3,9‑4,0% | Cepal | Remesas, manufactura ligera, inversión pública |
| Costa Rica | 3,3‑3,9% | Cepal / FMI | Servicios globales, alta tecnología, turismo |
| Argentina | 4% | BM / FMI | Rebote post‑recesión, agro y energía |
Panamá. El FMI proyecta para Panamá un crecimiento real de 4% en 2026, mientras la Cepal lo sitúa cerca de 4,2%. A pesar del golpe por el cierre de la mina Cobre Panamá, la institución espera que el país recupere tasas de expansión en torno a 4% en el mediano plazo, apoyado en el Canal, la logística y los servicios financieros. Un reporte reciente subrayaba que “Panamá se reafirma como motor de estabilidad y crecimiento en América Latina”.
República Dominicana. El Banco Mundial prevé que el PIB dominicano crecerá 4,3% en 2026, y el FMI estima que la economía convergerá de nuevo a su tendencia de alrededor de 5% anual tras una leve moderación en 2025. La combinación de turismo récord, zonas francas orientadas a EE. UU. y un clima pro-inversión explica que la Cepal la ubique entre las economías más dinámicas del istmo.
Guatemala y Honduras. Ambos países se benefician de remesas robustas y un ciclo de consumo interno relativamente sólido. La Cepal proyecta para 2026 un crecimiento cercano a 4% tanto en Guatemala como en Honduras, mientras análisis del FMI destacan la resiliencia guatemalteca y prevén que su PIB se mantenga ligeramente por encima de 3,5% en el mediano plazo.
Costa Rica. En el caso costarricense, el FMI sitúa el crecimiento potencial alrededor de 3,5‑3,6%, con una proyección de 3,3‑3,6% para 2025‑2026, claramente por encima del promedio regional. Series de largo plazo compiladas a partir de datos del propio Fondo apuntan a un 3,3‑3,4% para 2026. Los motores son conocidos: exportaciones de servicios intensivos en conocimiento, manufactura de alta tecnología en zonas francas y un turismo que consolidó la recuperación pospandemia.
Un reporte especializado sobre Costa Rica resumía la oportunidad: “el país está llamado a aprovechar su estabilidad institucional y su plataforma de servicios para crecer por encima de una región que se desacelera”. El reto, como advierte el mismo análisis, es traducir ese dinamismo en mejoras de competitividad interna —infraestructura, simplificación regulatoria, seguridad jurídica— para no perder terreno frente a vecinos que también aceleran reformas.
4. Argentina: alto crecimiento, alto riesgo
A pesar de dos años de recesión, Argentina aparece sistemáticamente como una de las economías de mayor crecimiento proyectado para 2025‑2026, con cifras en torno a 4‑4,5%. El Banco Mundial señala que el repunte regional en esos años estará “impulsado principalmente por la recuperación de Argentina tras dos años de contracción”.
El FMI, no obstante, ha recortado gradualmente sus proyecciones: de un 4,5% para 2026 en abril de 2025 a 4% en su actualización de octubre, y alerta sobre niveles de inflación todavía muy elevados, aun en descenso. Un entorno de consolidación fiscal agresiva, reformas estructurales y apertura de sectores como energía y minería abre un potencial relevante, pero con riesgos políticos y sociales significativos. Para inversionistas, Argentina es una apuesta de “alto beta”: puede aportar mucho crecimiento, pero también volatilidad.
5. Los grandes rezagados: Brasil y México
Mientras estos países medianos y pequeños se aceleran, las dos mayores economías de la región serán un lastre estadístico. La Cepal proyecta un crecimiento de solo 2% para Brasil y 1,3% para México en 2026, muy por debajo tanto del promedio mundial como de los líderes regionales.
El Banco Mundial atribuye la debilidad mexicana, en parte, al impacto de nuevas barreras comerciales de Estados Unidos y a la lenta ejecución de inversiones en infraestructura y energía. En Brasil, la combinación de tasas de interés reales aún altas, restricciones fiscales y menor impulso de las materias primas mantiene el crecimiento en torno a 2%.
La implicación estratégica es clara: el “mapa de oportunidades” latinoamericano se desplaza hacia economías medianas con mejor gobernanza macro y agendas de apertura más claras, muchas de ellas en Centroamérica y el Caribe.
6. Qué significa esto para Costa Rica y la región
Para Costa Rica, el escenario de 2026 ofrece una ventana de oportunidad particular: crecerá por encima del promedio latinoamericano, pero en un vecindario donde varios países —Panamá, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Paraguay— compiten también por atraer inversión, relocalización de cadenas de valor y turismo de mayor gasto.
Las lecciones que deja el grupo de líderes regionales son consistentes:
- Estabilidad macro y fiscal creíble. Paraguay, Costa Rica y República Dominicana han cuidado sus anclas fiscales y monetarias, lo que reduce primas de riesgo y abarata el financiamiento.
- Apuesta clara por sectores transables. Panamá y Costa Rica en servicios globales, Paraguay en agroindustria y energía, República Dominicana en turismo y manufactura de exportación, Guyana en petróleo.
- Instituciones que dan certidumbre. Allí donde se respetan contratos, se simplifican trámites y se ofrece seguridad jurídica razonable, el flujo de IED se mantiene incluso en un contexto de tasas altas y tensiones geopolíticas.
Si las proyecciones se cumplen, 2026 no será un año de boom para América Latina, pero sí consolidará una nueva geografía del crecimiento: menos concentrada en los gigantes tradicionales y más repartida entre economías que, como Costa Rica, han construido nichos competitivos y gestionan mejor sus riesgos. Para los tomadores de decisión, el reto ya no es encontrar dónde hay crecimiento, sino en cuáles de estos nuevos polos ese crecimiento será también sostenible y rentable.
