De la mano de la fundación Green Legacy Hiroshima, la Universidad de Costa Rica y el Jardín Botánico Lankester, la Embajada de Japón acaba de plantar en el país un árbol de la especie Ginkgo biloba, sobreviviente al ataque de la primera bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial.
El árbol se plantó en la residencia del embajador nipón en el país.
Las semillas fueron donadas por Green Legacy Hiroshima a la UCR en 2020. Luego, y con el apoyo del Jardín Botánico Lankester, la institución logró germinarlas y ahora cuentan con alrededor de 40 plantas jóvenes y 90 semillas de este tipo de árbol.

Árboles de cultura de paz
De acuerdo con Green Legacy Hiroshima, tras el lanzamiento de la bomba atómica la población sobreviviente creyó que ningún tipo de plantación volvería a crecer en el territorio afectado.
Sin embargo, tiempo después del ataque y dándole a la población una señal de esperanza y ánimos para reconstruir, alrededor de 160 árboles de más de 30 especies comenzaron a surgir del suelo. Estos, hoy son clasificados como hibakujumoku o “árboles bombardeados atómicamente”.
Gracias a su proliferación, durante la década de 1950 se llevaron a Hiroshima cientos de árboles provenientes de todo Japón para continuar la reforestación. Todos los árboles, tanto los bombardeados como los que fueron llevados luego, continúan floreciendo, produciendo frutos y siendo evidencia viva de los hechos ocurridos.
De acuerdo con la organización, el “ejemplo resiliente” de estos cultivos motivó la creación de Green Legacy Hiroshima, una institución que trabaja con el objetivo de conmemorar los acontecimientos y promover la cultura de paz a través del envío de semillas y germinados de estos ejemplares, a sus aliados en 32 países alrededor del mundo.
En Costa Rica, la UCR fue designada como el “regional hub” de Green Legacy Hiroshima para América Latina.
Como resultado, el año anterior se colocó un árbol en la UCR, en su campus Rodrigo Facio, frente a la biblioteca Carlos Monge; otro fue a dar al jardín japonés del Jardín Botánico Lankester, en Cartago; y un tercero se llevó a la Universidad para la Paz.
El que esatá en la Embajada de Japón será el cuarto en el país.
“Lo que desean los hibakusha (personas afectadas por la bomba) no es odio ni rencor, sino superar esos sentimientos y expresar su deseo de que nadie más tenga que sufrir así jamás. Para garantizar que las armas nucleares no se vuelvan a usar, este recuerdo no debe olvidarse”, señaló Hironobu Ishibashi, embajador de Japón en Costa Rica.

De acuerdo con las instituciones aliadas, el propósito a futuro es colocar más de estos árboles en espacios públicos para que las personas costarricenses también puedan conocerlos “y reflexionar sobre el mensaje de paz, resiliencia y esperanza detrás de este proyecto”.
