El deseo de los costarricenses por cruzar fronteras no solo se mantiene vigente, sino que alcanzó nuevos hitos durante el 2025. Según los datos más recientes del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el flujo de viajeros hacia el exterior registró un crecimiento del 8,5% entre enero y diciembre del año pasado, consolidando una tendencia al alza que no ha perdido tracción desde la reapertura post-pandemia.
En términos absolutos, las terminales migratorias del país reportaron 1.501.940 salidas en el 2025, lo que representa un incremento neto de 117.771 viajes adicionales respecto al mismo periodo del 2024. Hay que aclarar que este número no corresponde a la cantidad de costarricenses que salieron de viaje, pues puede ser que una misma persona reporte varias salidas.
Otro dato llamativo es que el periodo 2025 se convirtió en el primero en la etapa postpandemia en el que no se presenta un crecimiento de doble dígito en este indicador. En el 2024, el incremento interanual de salidas había sido del 10,4%, un año antes del 34,1% y en 2022 alcanzó el 58,8%.
El “viento a favor” del tipo de cambio
Para los actores del sector, el motor principal detrás de esta efervescencia no es un misterio: el comportamiento del mercado cambiario. La persistente apreciación del colón frente al dólar ha funcionado como un subsidio indirecto para el viajero nacional, abaratando sustancialmente los componentes dolarizados del viaje, como boletos aéreos, reservas hoteleras y el consumo en el destino.
“La apreciación del colón frente al dólar ha producido que los viajes al exterior sean más económicos, lo que podría haber alentado a los costarricenses a viajar. Prácticamente cualquier destino en Norte y Sur América presentan al tico una opción viable para hacer turismo”, comentó Rodrigo Troyo, expresidente de la Asociación Costarricense de Líneas Aéreas.
El encarecimiento de la oferta turística local se ha convertido en uno de los principales catalizadores para la salida de viajeros nacionales hacia el extranjero. Actualmente, el índice de precios en servicios de esparcimiento, alojamiento y descanso en Costa Rica muestra una brecha significativa respecto a destinos internacionales, donde el costo por vacacionar puede ser inferior al de las opciones domésticas. Esta diferencia empuja a los consumidores a buscar alternativas fuera de nuestras fronteras, donde perciben que obtienen un mayor valor por su inversión.
A este factor de costos se suma el componente psicológico y especulativo propio del ciclo político. Según Troyo, históricamente, el periodo electoral en Costa Rica genera un clima de expectativa e incertidumbre sobre el rumbo económico del país a corto y mediano plazo. Ante la posibilidad de cambios en las reglas del juego tras la contienda, muchos ciudadanos optan por adelantar sus planes de viaje, prefiriendo ejecutar ese gasto antes de que el resultado de las urnas pueda alterar la estabilidad financiera o la confianza en el consumo.
En cuanto a si el mercado emisor costarricense ha alcanzado su techo de crecimiento, la respuesta es compleja y difícil de determinar con exactitud. El “apetito” del tico por explorar nuevos destinos parece estar lejos de saturarse; por el contrario, la sofisticación del viajero nacional sugiere que el mercado sigue expandiéndose hacia nuevos nichos. No obstante, la sostenibilidad de este volumen de salidas no depende únicamente del deseo de viajar, sino de que las condiciones que facilitan el acceso al exterior se mantengan vigentes.
Mientras el colón mantenga su actual nivel de fortaleza frente al dólar, los servicios turísticos internacionales continuarán siendo sumamente atractivos y accesibles para la clase media y alta costarricense. La paridad cambiaria actúa hoy como el ancla de esta tendencia; cualquier ajuste drástico en la divisa estadounidense sería, probablemente, el único factor capaz de frenar el dinamismo de una industria que, por ahora, no muestra señales de agotamiento.
Conectividad y destinos
Más allá de la moneda, también la diversificación de la oferta aérea ha jugado un papel determinante. Los esfuerzos de atracción de líneas aéreas han incrementado la presencia de operadores de bajo costo (low-cost), lo que ha democratizado el acceso al viaje internacional, permitiendo mayores frecuencias para el viajero recurrente y facilitando la salida de quienes viajan por primera vez.
A nivel de estacionalidad, el mercado mantiene su comportamiento histórico, con picos de salida concentrados en los bordes del año (diciembre y enero), coincidiendo con el receso del calendario escolar, así como julio durante el receso de medio año. Para el 2025, el mes con más salidas fue precisamente diciembre con más de 200.000 y en el otro extremo se encuentra febrero con 84.212.
Aunque el ICT no puede especificar el destino final de cada viajero (ya que los registros generalmente solo capturan la primera escala), el sector privado confirma que la demanda de viajes por parte de los costarricenses se ha mantenido fuerte. Este consumo se ha vuelto una variable resiliente, que aprovecha las oportunidades económicas del entorno actual.
De acuerdo con los datos oficiales, Estados Unidos ocupó el primer lugar con más de 330.000 salidas, seguido de Panamá con más de 245.000.
En definitiva, el 2025 consolida al turismo emisor no solo como una actividad de ocio, sino como un indicador clave del comportamiento del consumidor costarricense frente a la coyuntura económica. El hito de superar el millón y medio de salidas anuales refleja que, mientras la balanza entre el tipo de cambio favorable y los costos competitivos de los destinos internacionales siga inclinada a favor del viajero, la frontera será el límite para una demanda que ha demostrado ser inmune a la incertidumbre.
El reto para el 2026 será observar si la industria logra mantener este ritmo de crecimiento orgánico o si, finalmente, la normalización de la economía pospandemia y el desenlace del ciclo electoral dictarán una nueva velocidad para los pasaportes nacionales.

