Por: Laura Ávila.   6 julio
Ricardo Díaz es el chef encargado de hacer magia en Casa Dominga, restaurante que ofrece platillos de comida fusión y exclusiva pastelería francesa. Fotografía: John Durán.
Ricardo Díaz es el chef encargado de hacer magia en Casa Dominga, restaurante que ofrece platillos de comida fusión y exclusiva pastelería francesa. Fotografía: John Durán.

Casa Dominga es un restaurante de comida fusión y pastelería francesa que atestiguó un cambio abrupto en su estrategia de negocios con la llegada de la pandemia. Luego del golpe económico que inesperadamente llegó en marzo, modificó su estrategia y ahora está preparado para los cambios que le imponga esta crisis que aún no tiene fecha de caducidad.

“En Casa Dominga ya sabemos cómo jugar, antes no sabíamos cómo iba a ser. Semana Santa fue el plan piloto y el día del padre tuvimos que contratar más gente para hacer el delivery. Ya estamos adaptados”, comentó Ricardo Ruiz, chef propietario del negocio.

Las lecciones que forjaron este espíritu de lucha nacieron semanas atrás. Marzo vació las mesas del restaurante y las fuertes medidas sanitarias obligaron a cerrar las puertas del negocio durante los fines de semana.

Esta era una ruta nueva para Casa Dominga pues Ruiz estaba acostumbrado a complacer el paladar de una nutrida clientela que visitaba el restaurante durante sábados y domingos.

Pese a que la incertidumbre tocó las puertas del pequeño emprendimiento, el sentimiento no llegó para quedarse.

Rápidamente Ruiz reinventó el negocio, se afilió a Glovo y al unísono creó su servicio de entregas a domicilio para llevar más allá de Santo Domingo de Heredia un menú que ofrece truchas, salmones, pastas, tartas de frutas y panadería francesa.

El momento más crítico se extendió por mes y tres semanas, plazo en el que se rebajó el 20% del salario a los funcionarios de mayores ingresos. También se les suspendió el contrato a sus saloneros por tres meses, pero gracias a la rápida respuesta del público y del relajamiento de las medidas sanitarias a los dos meses los trajeron de vuelta.

Para soportar la crisis Ruiz renegoció los pagos con los bancos, el alquiler del local y aplicó descuentos del 15% durante el primer mes de restricciones. Posteriormente aplicó una rebaja del 10% y esta promoción sigue vigente al día de hoy.

“Yo no tengo opción de cerrar porque tengo un compromiso con mis muchachos (colaboradores), ellos tienen que comer. Yo no estoy ganando, estoy sosteniendo la operación todo lo que pueda, somos un equipo y siempre les comunico cómo van las finanzas. Eso les da mucha tranquilidad”, afirmó Ruiz.

Brindar un mayor valor agregado fue una de las fortalezas que el restaurante desarolló durante esta época de crisis.

“Muchos restaurantes se tiran abajo para vender más barato y tener ganancias, yo hago entregas de mayor valor agregado. Nos tomamos más tiempo en hacer los detalles, personalizar los queques con placas de chocolate porque la gente valora cuando abre la caja y ve que el producto está bien hecho”, agregó el chef propietario de Casa Dominga.

El restaurante adquiere la materia prima para sus coloridos platillos en las ferias del agricultor y hasta de su propia huerta. Fotografía: John Durán
El restaurante adquiere la materia prima para sus coloridos platillos en las ferias del agricultor y hasta de su propia huerta. Fotografía: John Durán

El valor agregado también se refleja en las entregas a domicilio pues la comida se reparte en bolsas de papel que llevan recipientes de aluminio y plástico para garantizar la calidad del envío.

Casa Dominga suele acudir a las ferias del agricultor y a su propia huerta para proveerse de materia prima; por lo que el pago a los proveedores no representa mayor problema.

El restaurante instaló rótulos con indicaciones que van a tono con las recomendaciones del Ministerio de Salud, se descartaron los menús físicos y se adoptaron los digitales para evitar la contaminación.

El negocio ahora hace una inversión mayor en productos de higiene como desinfectantes, cloro y hasta un jabón de manos más concentrado para que los clientes se sientan más seguros.

La disciplina financiera que Ruiz adquirió a través de los años le permitió mantenerse a flote. Con las compras que realizan los clientes paga la planilla, los servicios públicos y los impuestos que debe declarar y pagar ante el Ministerio de Hacienda.

“Lo primero que hago es apartar los impuestos”, aseguró.

Tres consejos
  • ¿Cuál es la principal lección que aprendió como empresario?

A no tener miedo y a ser transparente, ser transparente con los colaboradores y con los comensales. Yo he hecho videos de cómo está la situación y no le voy a decir que no he tenido miedo, hay días en que vuelo bajo y trato de levantarme, por dicha eso dura poco.

Hay que tomar buenas decisiones, hacer números y cálculos. La transparencia es clave hay que exponerle el caso a los bancos, al casero, a los proveedores porque ahí está el verdadero baile.

Para poder hacer esa danza hay que pensar muy bien y tomar decisiones acertadas.

  • Lo principal para atraer clientes ha sido:

Creo que meterle más amor a la comida, a las fotos (para las redes sociales), a las preparaciones, los ingredientes. Yo no me guardo nada, me desboco todos los días y doy el 300%. Si el negocio cerrara hoy me voy con la conciencia tranquila de que no me guardé nada.

¿Volverá su negocio a ser el mismo de antes? ¿En cuánto tiempo?

Creo que no. En esencia será mejor. Vamos a simplificar las cosas, tomarnos el tiempo para pensar en cómo operar con un giro más simple pero sin perder la esencia.

No por mí ni por la visión de negocio, sino por la pandemia; ya no habrá tantos eventos o reuniones grandes por eso ahora estamos comprometidos a que la experiencia que la gente tuvo aquí la disfrute en casa.

Lo único constante de aquí en adelante es el cambio y hay que adaptarse y no tenerle miedo al cambio.

Platos frescos y coloridos forman parte del variado menú de Casa Dominga. Fotografía: John Durán
Platos frescos y coloridos forman parte del variado menú de Casa Dominga. Fotografía: John Durán