En la cultura estadounidense, el Super Bowl es mucho más que un campeonato de fútbol americano; es un fenómeno cultural, un evento social masivo y, crucialmente, la vitrina publicitaria más codiciada del planeta.
Cada año, mientras millones de espectadores sintonizan el partido, una audiencia casi igual de grande se prepara para lo que muchos consideran un evento en sí mismo: los comerciales.
El costo de un espacio de 30 segundos en el Super Bowl ha escalado a cifras astronómicas, superando los $7 millones en ediciones recientes. Esta tarifa exorbitante no es solo una métrica de rating, sino un reflejo de la promesa que ofrece el juego: una de las pocas plataformas que garantiza una audiencia verdaderamente masiva y atenta, donde la publicidad no se evita, sino que se espera con ansias.
A lo largo de las décadas, esta intensa presión y alto riesgo han forzado a las marcas a elevar su juego creativo, dando lugar a piezas publicitarias que trascienden el marketing para convertirse en hitos de la cultura pop. Desde narrativas cinematográficas de alto presupuesto hasta eslóganes simples que se incrustan en el léxico diario, los anuncios del Super Bowl han escrito su propia historia.
A continuación, exploramos los comerciales que no solo justificaron su costo, sino que cimentaron un legado. Estos son los 10 anuncios más famosos y citados que, por su impacto cultural, creatividad y permanencia en la memoria colectiva, definieron lo que significa ser un anuncio icónico del Super Bowl.
Los montos detallados a continuación corresponden a cifras nominales de la época de cada emisión, sin ajustes por inflación. Esta distinción permite apreciar la evolución bruta de las tarifas de mercado: evidencia cómo la inversión publicitaria en la NFL se ha disparado exponencialmente, superando por mucho los índices inflacionarios convencionales y revalorizando el segundo de aire a un ritmo inédito en la industria mediática.
Apple – “1984” (Super Bowl XVIII, 1984)
Inspirado en la novela de George Orwell y dirigido por Ridley Scott, presentó el Macintosh como una rebelión contra el “Gran Hermano” y redefinió el concepto de anuncio de Super Bowl como pieza cinematográfica única.
Respecto al costo del anuncio, hay cifras bastante consensuadas: unos $900.000 de producción y cerca de $800.000 por el espacio en la transmisión en CBS.
Coca‑Cola – “Hey Kid, Catch!” / “Mean Joe Greene” (1980)
El spot en el que el jugador “Mean” Joe Greene recibe una Coca‑Cola de un niño y le lanza su camiseta se convirtió en un ícono emotivo del deporte televisado y uno de los anuncios más queridos de la marca.
Para esa época, un spot del Super Bowl costaba del orden de $40.000 por 30 segundos; ajustando a un anuncio muy premium se suele estimar el costo en poco más de $100.000 en aire y algunos cientos de miles en producción.
Wendy’s – “Where’s the Beef?” (1984)
La frase “Where’s the Beef?” trascendió la publicidad, se usó en política y cultura pop, y disparó las ventas de Wendy’s más de 30% ese año, convirtiéndose en sinónimo de “¿dónde está el contenido real?”.
No hay cifras públicas desglosadas sobre su costo; se asume una producción relativamente sencilla y una pauta similar a otras marcas de consumo de la época ($200.000).
Pepsi – “Cindy Crawford” (1992)
Con la supermodelo bebiendo una Pepsi frente a dos niños en una gasolinera, el anuncio se volvió un símbolo de los ’90 y sigue siendo referencia obligada en listas de los mejores comerciales del Super Bowl.
Un estudio del sitio superbowl-ads.com sobre la evolución de tarifas sitúa el coste de 30 segundos a inicios de los 90 en torno a $850.000–$900.000; con versiones extendidas y rotación, el paquete total se acerca a $2,5 millones.
McDonald’s – “The Showdown” (Jordan vs. Bird, 1993)
Michael Jordan y Larry Bird compiten en una serie imposible de tiros a canasta “por una Big Mac”, popularizando la frase “nothing but net” y generando múltiples homenajes décadas después.
Se estima que su presupuesto fue alto, por los derechos de imagen de dos superestrellas de la época; y el costo de aire por 30 segundos rondaba los $900.000.
Budweiser – “Frogs” / “Bud‑Weis‑Er” (1995)
Tres ranas en un pantano repitiendo “Bud‑Weis‑Er” se transformaron en un fenómeno cultural y consolidaron a Budweiser como rey del humor en el Super Bowl.
Las tarifas medias de $1,2 millones por 30 segundos a mediados de los 90 y una producción con animatrónicos, rondan un costo total del anuncio cercano a $2 millones.
Budweiser – “Whassup?” (2000)
El grupo de amigos gritando “Whassup?” por teléfono marcó una generación y abrió una era de anuncios centrados simplemente en “hacer reír”, con la frase repetida en la vida real durante años.
En el 2000, el costo de 30 segundos ya rondaba los $2,1 millones; la producción en sí no fue extremadamente cara, pero la pauta en horario estelar eleva la factura global a algo más de $3 millones.
Volkswagen – “The Force” (2011)
Un niño disfrazado de Darth Vader intenta usar “la Fuerza” hasta que su padre enciende el auto a control remoto; el anuncio se volvió el comercial del Super Bowl más viral de su momento, con decenas de millones de vistas online.
USA Today estimó que VW pudo invertir cerca de $10 millones sumando producción, aire y promoción; en el 2011, un spot de 30 segundos costaba unos $3 millones.

Old Spice – “The Man Your Man Could Smell Like” (2010, rotado durante el Super Bowl)
Aunque su debut principal fue fuera del partido, su presencia y eco en el entorno del Super Bowl con el personaje sobre la ducha, el barco y el caballo redefinió el humor absurdo y el uso de YouTube en campañas de la NFL.
El anuncio se produjo como campaña multiplataforma; en el 2010, el espacio de 30 segundos costaba en torno a $2,6 millones, más rotaciones adicionales.
Doritos – “Crash the Super Bowl” (varias ediciones, ej. “Pug Attack” 2011)
La estrategia de crowdsourcing permitió a fans crear anuncios que terminaron entre los más virales de la historia del evento, como el perro que embiste una puerta por unas papas.
La gracia del formato era producción casi amateur (decenas de miles de dólares) frente a un espacio de 30 segundos valorado en unos $3 millones.
Estos anuncios son los que más se repiten en rankings de “mejores de todos los tiempos” porque combinaron algo difícil de replicar: alto presupuesto, idea simple y memorable, y una vida útil que siguió mucho más allá de la noche del partido.
