Por: Jéssica I. Montero Soto.   12 noviembre
El 80% de las nuevas colecciones de calzado de Daniel Del Barco se hace en varias fábricas de Brasil. El empresario los importa a Costa Rica para su venta en las tiendas de la marca o mediante distribuidores. Fotos: Mayela López
El 80% de las nuevas colecciones de calzado de Daniel Del Barco se hace en varias fábricas de Brasil. El empresario los importa a Costa Rica para su venta en las tiendas de la marca o mediante distribuidores. Fotos: Mayela López

Daniel del Barco encontró en Brasil el ecosistema que su negocio de calzado necesitaba y del que Costa Rica carece. Aunque todavía está ajustando el balance entre la demanda y los tiempos de espera, su margen y sus costos actuales le permiten pensar de nuevo en expandirse por la región a mediano plazo, algo que era imposible hace dos años.

“Costa Rica ya no tiene las condiciones para producir calzado y tuve que buscar dónde continuar fabricando nuestros diseños. Aquí, lo único que no importábamos era el agua y la luz”, lamentó Del Barco.

Esta percepción la comparten otros empresarios del calzado, como César Meneses, de Calzatica Importaciones y su marca Coral Bahía, y Reynaldo Lazo, diseñador y productor de Santory.

El tamaño de la demanda local desincentiva la generación de ecosistemas o clusters industriales y ya ha llevado otros negocios nacionales al cierre o a la tercerización fuera del país.

Un ejemplo de este fenómeno lo dio la industria textil: en Costa Rica fue un negocio rentable hasta 2001, cuando comenzó el proceso de eliminación de cuotas de importación textil desde China.

Con esta liberalización, en el 2002 Costa Rica perdió 1.500 empleos y $50 millones en exportaciones, debido al cierre de las plantas de Carteco, S.A. en Barranca de Puntarenas y en la zona franca de Saret, empresas dedicadas a confección de ropa de bebé. Pero después de esos efectos inmediatos hubo muchos más.

La excepción, tanto en textiles como en calzado, se da en los casos donde se percibe un valor agregado muy alto en diferenciación, por el cual un consumidor informado esté dispuesto a pagar más. Pero este tipo de negocios tienen una capacidad limitada para crecer, y Del Barco afirmó que sus costos actuales le permiten pensar en abrir tiendas tipo franquicia, o incluso propias, en Centroamérica y el Caribe.

Del Barco enfatizó que sus líneas de tenis son zapatos urbanos de inspiración deportiva, es decir, un producto que responde a la tendencia de la moda para la comodidad, de uso diario y no para la práctica de deportes. Foto: José Cordero
Del Barco enfatizó que sus líneas de tenis son zapatos urbanos de inspiración deportiva, es decir, un producto que responde a la tendencia de la moda para la comodidad, de uso diario y no para la práctica de deportes. Foto: José Cordero
Pasos difíciles

Del Barco tomó la decisión de cerrar su fábrica y despedir a los 60 colaboradores que tenía en planilla, para tener la opción de reestructurar su negocio. Este paso lo considera como uno de los momentos más difíciles de su vida empresarial.

Su primer intento de tercerización fue buscar opciones en Colombia, pero encontró dificultades en temas de control de calidad a distancia y puso el rumbo más al sur: a los polos productivos de calzado en Brasil.

“Brasil es una potencia en calzado: tienen calidad, conocimiento, proveeduría, hay tres o cuatro cámaras de productores de calzado muy fuertes, hay polos de producción entre el sur y el norte. Yo llegué y pensé ‘aquí estoy en mi charco’”, relató el empresario.

Ahora, el 80% de su producción se desarrolla en Brasil y el 20%, específicamente sus diseños característicos de tacón y punta, los hace en una pequeña operación en Pavas. La planilla de su empresa hoy es de 16 personas.

Sus inspecciones en el entorno productivo brasileño continúan, al igual que la depuración de la logística para combinar con éxito los pedidos, los tiempos de producción, de envío y de espera. Durante el proceso de aprendizaje, que ya lleva un año, debió tomar decisiones estratégicas, como sacrificar la reposición con tal de controlar el inventario.

“Antes podíamos reponer más fácil un modelo que se estaba vendiendo muy bien. Ahora los tiempos son otros, pero prefiero un mercado con deseo por la marca que mis almacenes llenos de producto sin vender”, aseguró.

Como medida paliativa, está depurando la selección de las apuestas ganadoras de cada colección, para tratar de acercar todo lo posible el volumen de cada pedido a la demanda potencial.

En este momento su operación se concentra en tres colecciones: la del Día de la Madre, la de Navidad y su apuesta por la innovación, que es la colección de verano, de mayor contenido casual. (ver recuadro: Comodidad de moda)

¿Por qué es tan caro?

Costa Rica es un mercado con requerimientos bajos en productos como calzado. Es decir, los volúmenes de producción se quedan por debajo de lo necesario para generar economías de escala, que abaraten el producto final.

La importación de materiales y la escasez de mano de obra calificada encarecen el proceso productivo, que se refleja en el precio final de cada par de zapatos hecho en el país. Del Barco afirma que algunos modelos, como los tacones ejecutivos o de gala, se pueden producir bajo un esquema rentable en Costa Rica, pues la gente está dispuesta a pagar por ellos.

Son sus apuestas más recientes, de modelos casuales, mocasines y tenis, las que carecerían de posibilidades si se elaboraran en el país.

Para marcas nacionales donde el grueso de las colecciones es de tipo casual, tampoco es viable la producción en el país. Por ejemplo en Coral Bahía, como pasa con Del Barco, el volumen de compra excede las capacidades de los productores locales y ciertos diseños están basados en construcciones cuya tecnología no existe en Costa Rica. Todo el calzado que venden en el país lo producen fuera.

“Actualmente sí es rentable producir en Costa Rica para empresas incipientes con diseños de mucho valor agregado estético, que no necesiten mucho volumen de producción y que sus colecciones estén basadas en construcciones de calzado muy estáticas. Conozco a un buen amigo que le va muy bien con la producción nacional”, explicó César Meneses, de Calzatica Importaciones.

Un diseñador que sí se mantiene como productor local es Reynaldo Lazo, con su marca Santory. Lazo ha valorado producir afuera, para bajar costos.

“Ahí estamos en clara desventaja con respecto a la gente con la que competimos, porque los costos en China o incluso en Los Ángeles (Estados Unidos) son muy bajos en comparación con los nuestros. En el caso de nosotros, tenemos una parte de la producción ya mecanizada pero seguimos trabajando de una manera muy artesanal también, que al final también es una cuestión bonita por la cantidad de mano de obra que tenemos y el trabajo que se genera. Pero la mano de obra también tiene un costo alto y si empezamos a sumar todas esas variables, el zapato se encarece muchísimo en su costo de producción”, relató Lazo.

Lazo cree que para un fabricante nuevo de calzado sería imposible competir en el mercado local.

“En realidad, desde el punto de vista financiero no es rentable producir ningún zapato en Costa Rica, si es para competir con los importadores”, aseguró Lazo.

Según datos de Procomer, los cinco principales mercados proveedores de zapatos para Costa Rica son China, Vietman, Brasil, Estados Unidos y México. (Ver gráfico: Top 5 de proveedores)

De los cinco principales, únicamente las importaciones desde Brasil han mostrado una tendencia creciente en los últimos tres años, y junto a Vietnam, son los dos mercados que alcanzaron a julio la mitad o más de lo enviado al país en 2019. Sin embargo, todos están lejos del volumen de calzado procedente de China.

Esos mercados productores tienen la particularidad de contar con alta demanda interna o muy cercana, que ha generado industrias con alta especialización y costos tan bajos que compensan de sobra lo que se debe pagar por la importación.

La tecnología disponible en Brasil le permite a Del Barco colocar su marca en casi cualquier superficie: por encima, en la zuela o sobre accesorios de metal. Foto: José Cordero
La tecnología disponible en Brasil le permite a Del Barco colocar su marca en casi cualquier superficie: por encima, en la zuela o sobre accesorios de metal. Foto: José Cordero
Comodidad de moda

Del Barco presentó su colección Amor de Verano los días 3 y 4 de noviembre, en el Hotel San José Palacio. Esta línea es una muestra de la transformación del negocio, pues el grueso de los modelos propuestos corresponde a mocasines y tenis, en lugar de sus tradicionales zapatos ejecutivos y de gala.

La logística de producción comienza en este tipo de exhibiciones, con más de 110 prototipos, que pasan por un primer filtro de compradores. Luego el equipo de ventas visita a otros distribuidores en diferentes partes del país y con la información de ambas tácticas, el equipo comercial que encabeza Del Barco elige los modelos con mayor potencial de éxito, para hacer el pedido.

Para esta colección, los modelos elegidos estarían en el país para enero de 2020.