Abrir un sobre de papel, oler la tinta fresca, sentir la textura de las postales y voltearlas para descubrir el rostro de un nuevo futbolista. Para millones de aficionados alrededor del mundo, este ritual es el verdadero inicio de la Copa del Mundo.
Sin embargo, detrás de esa inocente tradición infantil y de la fiebre que inunda escuelas, colegios y hasta oficinas, se esconde una de las maquinarias corporativas más rentables del planeta. El Grupo Panini, con sede en la pequeña ciudad de Módena, Italia, ha transformado el simple acto de imprimir cromos adhesivos en un imperio que, en años mundialistas, supera fácilmente los $1.000 millones en facturación.
El imperio no se construyó de la noche a la mañana. La historia se remonta a 1961 cuando los hermanos Panini —Benito, Giuseppe, Franco y Umberto— tuvieron la idea de vender cromos de fútbol de la liga italiana. Lo revolucionario fue que no solo vendían las figuras, sino que crearon un álbum para coleccionarlas.
El primer álbum, Calciatori 1961-62, fue un éxito inmediato, sentando las bases para lo que se convertiría en un fenómeno global. Su modelo de negocio despegó gracias a la habilidad de distribución que ya poseían como una modesta distribuidora de periódicos.

El salto a la fama internacional se produjo con el Mundial de México 1970, el primer álbum de la Copa Mundial de la FIFA producido por Panini. Este evento marcó el inicio de una asociación que ha perdurado por más de medio siglo, garantizando a la empresa el derecho exclusivo de plasmar a las selecciones y sus estrellas.
Desde entonces, cada cuatro años, el lanzamiento del álbum no es solo un producto, sino un evento cultural que trasciende el deporte, uniendo a coleccionistas de todas las edades en la búsqueda de la figura faltante, consolidando a Panini como una parte infaltable de la experiencia mundialista.

Imprimir papel, “vender oro”
En términos estrictamente financieros, el modelo de Panini es el sueño de cualquier CEO: márgenes de ganancia colosales y una demanda casi inelástica. El costo de producción de un sobre de papel y pegatinas es minúsculo en comparación con su precio de venta al público.
Para dimensionar el impacto de la operación de Panini, es crucial considerar la escala de su producción. Aunque la empresa mantiene celosamente sus cifras exactas, estimaciones basadas en la cantidad de álbumes distribuidos globalmente (superan los 10 millones en un año mundialista) y la tirada de cromos (hasta 1.000 millones de unidades) sugieren que la compañía consume miles de toneladas de papel y tinta.
Además, la empresa italiana goza de una ventaja competitiva brutal: el superciclo de ventas. A diferencia de otras empresas que deben inventar necesidades constantemente, Panini tiene un pico de ingresos masivo y garantizado cada cuatro años.
Para esta edición del 2026, con el torneo abarcando tres gigantes económicos y demográficos (Estados Unidos, México y Canadá), el mercado potencial es uno de los más lucrativos de la historia de la compañía.
Panini ya confirmó que el álbum oficial del Mundial aumentará su tamaño a 112 páginas y 980 stickers. Cada una de las 48 selecciones participantes tendrá dos páginas dentro del álbum y un total de 20 stickers por equipo (18 de retratos, 1 grupal y 1 escudo oficial en material especial).
Además del contenido dedicado a las selecciones, el álbum incluirá páginas especiales sobre estadios, calendario de partidos, historia de la Copa Mundial, el camino al torneo y récords, así como 20 stickers extra únicos de jugadores en acción, distribuidos en cuatro variantes de color.
El reto del 2026: ¿Digitalizarse o morir?
A pesar del evidente aumento en ventas que tendrá la edición 2026, el mayor desafío financiero de Panini será mantener su relevancia frente a la Generación Z y Alfa. Aunque la nostalgia sigue atrayendo a los millennials y boomers, la compañía ha tenido que diversificar.
La inclusión de códigos QR en los sobres físicos, las aplicaciones para el seguimiento de cromos faltantes, el álbum virtual impulsado por patrocinadores como Coca-Cola y la incipiente entrada en el mercado de los coleccionables digitales y NFTs son pasos obligados para mantener vivo el modelo.
La agresividad en el formato para el 2026 no es casualidad; responde a la creciente presión en el mercado de licencias deportivas. Recientemente, el gigante estadounidense Topps (propiedad de Fanatics) le arrebató a Panini los derechos de la Eurocopa de la UEFA, rompiendo un monopolio histórico.
Esta pérdida estratégica obliga a la firma italiana a blindar la Copa del Mundo —su activo más valioso— elevando la apuesta del coleccionismo físico para compensar terreno y defender su valoración de mercado ante competidores con mayor músculo financiero.
Al final del día, Panini no vende papel adhesivo. Vende la ilusión de tener a tus héroes en la palma de la mano. Y en el mundo de los negocios, pocas emociones son tan rentables como la ilusión.

Atentos a la venta
En Costa Rica, el álbum Panini del Mundial Norteamérica 2026 saldrá a la venta general la primera semana de mayo, un mes antes del inicio del torneo, según confirmaron distribuidores.
No obstante, la preventa ya está disponible desde principios de marzo, con opciones de tapa dura (¢6.000) y pasta suave (¢2.000), con sobres de 7 estampas (en lugar de las 5 tradicionales) a ¢650. El cubo con 104 sobres costará ¢67.600 y el paquete de un álbum de tapa dura más dos cubos tendrá un precio de ¢135.200.
Algunos de los puntos donde se puede reservar en preventa son Walmart, Auto Mercado, Siman, Pacífiko, Toys, Universal y AM PM.
