Desde dos semanas antes de San Valentín, los baldes del tramo La Flor de América, en el Mercado Central de San José, estaban repletos de rosas rojas, girasoles, tulipanes y otras flores que los enamorados suelen obsequiar en esta fecha. Sin embargo, hasta la propia víspera del 14 de febrero, fueron pocos los que se decidieron a comprar un regalo floral para el Día del Amor y la Amistad.
“La venta no ha estado buena. Uno que otro muchachillo se acerca, pregunta por el precio de la docena de rosas, luego por el de la media docena y, al final, por la flor sola, pero no terminan comprando nada. Quizá lo ven caro y prefieren dar otro tipo de regalos”, confesó Sonia Corredera, dueña del tramo, tres días antes de la celebración.
Este 14 de febrero del 2026, uno de los responsables de que las flores se sintieran “caras” en Costa Rica no fue la floristería del barrio, sino un competidor invisible: el mercado internacional que compra en dólares las mismas unidades que el consumidor local pretende regalar.
Costa Rica es, ante todo, un exportador neto de plantas ornamentales, flores y follajes. Según datos de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), a diciembre del 2025, este sector generó divisas por más de $140 millones, con Estados Unidos, Países Bajos, Bélgica y Alemania entre sus destinos principales.
Exportadores de flores
Para el productor costarricense, el cliente “natural” es el mayorista en Miami o un hub europeo, no la floristería de Escazú ni el quiosco en el bulevar de la avenida central en San José. En esta dinámica, el consumidor costarricense compite, sin saberlo, con enamorados en Estados Unidos y Europa por la misma flor producida en el país.
En la semana de San Valentín, cuando se disparan las órdenes de flores en todo el mundo, el productor compara cada tallo: exportarlo en dólares o venderlo en colones al mercado local. Esto genera que la demanda local de flores como rosas y claveles sea satisfecha con ramos importados de países como Ecuador, Colombia y Guatemala.
“Como productores y distribuidores, la venta estuvo buena, pero los precios sí estuvieron altos, porque hay muchas flores que se importan cuando el mercado local no logra abastecer la demanda. La rosa roja era una de las que tenía el precio más alto en estos países; además, las aerolíneas, a partir del 28 de enero, subieron las tarifas del flete aéreo, lo que terminó influyendo en el precio del mercado nacional”, explicó Karol Brenes, de la distribuidora Flores Del Guarco, en Cartago.
De acuerdo con Brenes, el clima frío y lluvioso de las últimas semanas afectó la producción de flores en diferentes lugares del país. “Aquí se exportan yerberas, lirios, bouquets, pero el clima no ayudó y, al haber menos producción para exportar, también se afectó el precio”, agregó.
Para la temporada de San Valentín, en la distribuidora cartaginesa importaron unos 2.500 paquetes de 25 tallos (unidades) cada uno, es decir, unas 62.500 flores de estos países, que lograron colocar entre clientes de todo el país (floristerías y distribuidores).

El “precio piso” y el efecto cambiario
Este 2026, el encarecimiento de las flores para San Valentín no fue producto de un solo factor ni capricho del minorista, sino que respondió a varias fuerzas de mercado:
- Costo de oportunidad: El valor de exportación actúa como referencia mínima. Si un tallo se coloca afuera a un margen estable, el productor solo venderá localmente si el precio interno iguala o supera ese beneficio.
- Mercado interno residual: La producción de mayor calidad se compromete con meses de antelación para el mercado exterior, por lo que el mercado local suele recibir excedentes o flores que no cumplen con los estándares de calidad.
- Márgenes acumulados: El salto desde el precio de importación o en finca al minorista se multiplica. El transporte especializado, el almacenamiento refrigerado y el arte floral añaden capas de costo que el consumidor final debe absorber, especialmente cuando la demanda se concentra en quienes “dejan todo para la última hora”.
A este escenario se suma la presión del tipo de cambio. Con un colón fortalecido frente al dólar, el productor costarricense ve reducidos sus ingresos reales por cada venta al exterior, mientras sus costos operativos (salarios, cargas sociales e insumos locales) se mantienen en colones.
Esta dinámica obliga al sector a ajustar al alza los precios en el mercado nacional para intentar compensar la erosión de sus márgenes de utilidad en las exportaciones, transfiriendo parte de esa presión financiera al consumidor final en las floristerías del país.
“Hay un encarecimiento de la producción, porque el tipo de cambio está muy bajo y la mayoría de nosotros todo lo importamos y la mayoría lo que hacemos es exportar. Además, por el clima de los últimos meses, en algunos lugares no había tanto producto, y esos son factores que influyen en el precio final de las flores”, afirmó Catalina Mora, de Expoflora S.A.
La empresa con sede en Heredia produce lirios, follajes y bouquets para exportación, y tulipanes para el mercado nacional, una flor que, de acuerdo con Mora, tuvo una buena venta en este San Valentín. Esto, a pesar de que conocía que cuando el 14 de febrero cae en fin de semana, las ventas son bajas porque la gente prefiere otras actividades o regalos en lugar de obsequiar flores.
“Tampoco hay que olvidar que, para San Valentín, competimos con el extranjero, porque se celebra en todo el mundo; no ocurre igual en el Día de la Madre, que se celebra solo aquí. Así que en esta fecha competimos con lo que se va a exportar”, agregó.

Lo que ve el bolsillo: ramos cada vez más caros
Mientras el negocio externo se consolida, para San Valentín 2026, los portales de floristerías nacionales reflejaron el impacto en el bolsillo del consumidor. Los arreglos premium superan los ¢160.000 y combinaciones de flores con vinos o chocolates rondaron los ¢35.000–¢40.000. Incluso las promociones “desde” en redes sociales difícilmente bajaron de los ¢15.000.
Para los enamorados más tradicionales, que visitaron los puestos del Mercado Central o los quioscos y puestos de ciudades como Alajuela y San José, los precios variaban muy poco. Una rosa sencilla rondaba los ¢3.000 y la docena superaba los ¢20.000.
“Los precios siempre suben por esta época, aunque es poco el margen de ganancia en relación con lo que se paga a los proveedores. Igual siempre nos esforzamos por ofrecer una flor o un ramo bien arreglado, con el follaje y la envoltura atractiva”, explicó Jeffrey Espinoza Castro, de la Floristería Nina, en el centro de la capital.
Estos precios contrastan con el valor relativamente bajo por tallo que recibe el productor en contratos de exportación, pero la diferencia se explica por el cambio de escala y de mercado.
Afuera se vende al por mayor, en grandes volúmenes; adentro, al detalle, con costos fijos altos repartidos entre pocos productos y una demanda concentrada en una sola semana. La disposición a pagar del consumidor enamorado, que quiere “asegurar” el ramo perfecto para el 14 de febrero, termina avalando ese diferencial.

¿Hay margen para una baja de precios? La respuesta breve es no. El margen de maniobra para abaratar las flores en San Valentín es limitado mientras el mercado internacional siga siendo tan atractivo. Además, mientras Procomer y el sector privado sigan posicionando a Costa Rica en ferias como IPM Essen, la calidad del producto nacional seguirá cotizándose al alza en el mercado global.
Para el consumidor, las alternativas pasan por ajustar expectativas más que por esperar una rebaja generalizada: optar por especies de temporada menos demandadas afuera, combinar flores con otros detalles de menor margen o comprar con anticipación para evitar el pico especulativo de las fechas festivas.
