El negocio de restaurantes en Costa Rica sigue abriendo espacio para nuevas propuestas, aún en un contexto de consumidores más atentos al precio, costos operativos elevados y trámites que pueden retrasar inversiones.
La más reciente apuesta llega de la mano de Fogo de Chão, cadena brasileña de rodizio que abrió, a inicios de agosto, su primer restaurante en el país como parte de la estrategia de diversificación de un grupo local que ha construido su presencia principalmente en comida rápida.
La marca se instala en un local que fue ofrecido tras una remodelación del hotel Sheraton en Escazú. En una conversación con Mario Jiménez, director general de Fuego Tico S.A. (empresa que representa a Burger King, Arby’s, Domino’s Pizza, Popeyes y Juan Valdez en Costa Rica), se reveló que la negociación para traer la franquicia comenzó hace varios años, pero la pandemia llevó a postergar los planes.
La incertidumbre sobre la economía y una eventual nueva emergencia sanitaria hizo que la compañía frenara la inversión. La posibilidad de acceder al nuevo local reactivó el proyecto y permitió concretar la apertura.

Más que un rodizio
Fogo de Chão entra a competir en un mercado donde ya existen restaurantes especializados en carnes y conceptos de rodizio. Sin embargo, el grupo busca diferenciarse mediante una experiencia de mayor escala y variedad, no únicamente por la oferta de cortes.
Según Jiménez, el formato recién llegado incluye una barra de ensaladas y productos frescos —con cerca de 70 opciones diarias—, así como 12 o 13 cortes de carne servidos sin límite dentro de la experiencia principal. A esto se suma una carta que incorpora hamburguesas, alitas de pollo, mariscos y langosta, con el objetivo de atraer a clientes que no necesariamente buscan un menú centrado en carne.
El restaurante tiene capacidad para alrededor de 210 personas e incorpora un bar y espacios para grupos. Uno de ellos puede recibir cerca de 20 personas de manera privada, mientras que otras configuraciones permiten atender celebraciones más grandes, como cumpleaños, graduaciones, eventos familiares o actividades corporativas.
La apuesta responde a una lectura del consumo fuera de casa: para el grupo, comer en un restaurante ya no compite solamente en su categoría, sino también con actividades de entretenimiento como conciertos, espectáculos, eventos deportivos o boliche. El cliente, sostiene Jiménez, evalúa el paquete completo: atención, ambiente, comodidad, música, comida y precio.
Una pausa antes de pensar en otra sede
Fuego Tico S.A. no descarta continuar explorando franquicias de perfil similar, aunque evita comprometerse con nuevas sedes de Fogo de Chão en el corto plazo. El líder de la empresa considera que Costa Rica sigue teniendo capacidad para recibir nuevos conceptos, incluso fuera de San José, debido al crecimiento de zonas como Cartago y otros polos urbanos cercanos al Gran Área Metropolitana.
La cercanía geográfica y las distancias relativamente cortas también pesan en esa decisión. Para los operadores, la demanda de restaurantes no se limita estrictamente a la provincia donde se ubique el local: consumidores de distintos puntos del Valle Central pueden desplazarse hacia una experiencia gastronómica específica.
Comida rápida mantiene su peso
Aunque Fogo de Chão abre una nueva línea en comida casual, el portafolio principal del grupo Fuego Tico S.A. continúa ligado a la comida rápida. Burger King, Domino’s, Popeyes, Arby’s y Juan Valdez siguen en expansión, según explicó el operador, que maneja cerca de 80 restaurantes y una planilla de aproximadamente 1.500 a 1.800 empleados.
La compañía sostiene que seguirá abriendo unidades de Burger King, Domino’s, Popeyes y Juan Valdez. En Arby’s, el enfoque actual es de reorganización: el local de Curridabat cerró y la marca se trasladará a Sabana, en una ubicación de mayor tamaño y con una oferta renovada. El punto que ocupaba Arby’s en Curridabat será reconvertido para instalar Popeyes.
Además del cambio de ubicación, Arby’s prepara un ajuste de menú para ampliar opciones y mejorar su propuesta de precio y valor frente al consumidor.
La empresa no anticipa, por ahora, la llegada de otra gran franquicia de comida rápida a su portafolio. Su lectura es que el segmento ya tiene una competencia intensa, con cadenas consolidadas, múltiples puntos de venta y una oferta amplia de hamburguesas, pizza, pollo, sándwiches y café.
“Cualquier nueva marca tendría que competir contra operadores con redes de cientos de locales, incluidos establecimientos dentro de centros comerciales, gasolineras y patios de comida”, destacó Jiménez.
El reto de administrar múltiples marcas
Manejar un portafolio diverso implica aceptar cierto nivel de canibalización entre las marcas. Sin embargo, el grupo ve esa superposición como parte natural de los hábitos de consumo: una persona puede elegir pizza un día, pollo al siguiente, hamburguesas otro día o un café y un sándwich en otra ocasión.
La estrategia consiste en cubrir distintos momentos, presupuestos y preferencias, en vez de depender de una sola categoría. La diversificación, además, abre oportunidades para combinar formatos de comida rápida, café, servicio casual y experiencias para celebraciones.
El mayor desafío, según el operador, no es solo comercial. La administración de múltiples marcas exige una red estable de proveedores, desde quienes abastecen carnes, panes, vegetales y otros insumos, hasta quienes prestan servicios logísticos. Mantener estándares internacionales requiere consistencia en la calidad de los productos, disponibilidad de materias primas y relaciones de largo plazo con proveedores.
También hay retos administrativos. La permisología sigue siendo uno de los principales frenos para abrir nuevos restaurantes, especialmente cuando una inversión ya está lista para comenzar a operar y generar ingresos. Aunque existen discursos sobre simplificación, el proceso para obtener permisos municipales y otras autorizaciones puede tomar más tiempo del que espera el ritmo de trabajo de una franquicia internacional.
Precio, valor y experiencia
En un mercado más sensible al costo de vida, el precio se mantiene como un factor decisivo. No obstante, la empresa insiste en que el consumidor no valora únicamente cuánto paga, sino lo que recibe a cambio.
Un cliente puede comprar comida preparada en un supermercado o elegir una opción más barata, pero cuando decide ir a un restaurante también espera servicio, comodidad, atención y un ambiente que justifique el gasto. Para el grupo, la percepción de valor depende de que la experiencia sea coherente con el precio, desde la calidad de los ingredientes hasta el trato del personal.
Esa lógica explica la entrada de Fogo de Chão. La marca llega a un mercado competitivo, pero con una propuesta dirigida a quienes buscan una salida gastronómica que combine comida, ambiente y celebración. El desempeño de su primer local definirá si el concepto se replica en otras zonas del país o si el siguiente paso del grupo será apostar por una nueva franquicia en otra categoría.

