Por: .   18 mayo, 2014

Una exposición del universo marino que el maestro francés, René Lalique, alumbró durante su carrera a partir del cristal y las joyas, se exhibe en el pueblo francés Wingen-sur-Moder, donde el artista levantó en 1921 su famosa fábrica de vidrio, todavía hoy en uso.

Sirenas, náyades, peces, caballitos de mar, medusas, cisnes o ranas, entre otros seres acuáticos, dan forma a una colección de casi 200 piezas reunidas por el Museo Lalique y que permanecerán expuestas hasta el 11 de noviembre.

Considerado el padre de la joyería moderna, Lalique (1860-1945) rompió con sus primeras creaciones los esquemas por los que hasta entonces se regía el diseño de la orfebrería y la bisutería, al tiempo que convertía en arte el tratamiento del cristal.

Exposición de "joyas marinas" de René Lalique

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Volcó en sus creaciones el universo marino que le obsesionaba desde la infancia, cuando de niño pasaba horas en los arroyos, estanques y ríos de Marne, su ciudad natal, fascinado por la flora y fauna del lugar.

Tuvo dos etapas bien definidas: una dedicada al Art Nouveau y la otra, al Art Déco.

“Fue un pionero, reinventó el concepto de joyería en pleno Art Nouveau gracias a la originalidad de sus diseños y al uso de nuevos materiales”, relata la directora del museo y comisaria, Véronique Brumm, que organiza la muestra a partir de las piezas cedidas por coleccionistas y museos como el Art et Métiers de París.

Convertido en el joyero más célebre de Francia, Lalique decidió cambiar de registro y, a partir de 1912, comenzó a trabajar el vidrio, disciplina en la que pronto volvió a destacar sirviéndose de los mismos elementos que le consagraron durante su etapa anterior: innovación, naturaleza y feminidad.

“El otro gran tema en la obra de Lalique es el cuerpo de mujer, su voluptuosidad y sus curvas”, formas que obedecían al estándar de belleza de entonces y con las que adornó multitud de piezas, indica la directora.

En el universo del artista, el cuerpo femenino se confunde con imágenes de ninfas, hadas, sirenas o sílfides, subraya Brumm.

Lalique explotó el tema de la feminidad, sobre todo, durante su etapa como vidriero. Esta coincidió con la explosión en Europa del Art Déco.

El éxito que obtuvo trabajando el cristal le permitió abrir en Combs-la-Ville (sureste de París) su primera factoría, con la que apostó por una producción más industrial para, tiempo después, fundar la fábrica de Wingen-sur-Moder, famosa hoy en todo el mundo por sus frascos de perfume.

Dividida en cinco etapas, la muestra Le monde aquatique de Lalique arranca con el Lalique observador de la naturaleza.

El recorrido sigue con El imaginario de Réne Lalique, compuesto por una serie de piezas que testimonian la fascinación que el vidriero sentía hacía la figura femenina.

La tercera etapa es la consagrada al agua en todas sus formas, tema donde el creador francés llevó al extremo su originalidad y forma de entender el arte con el único objetivo de reflejar, de la manera más real posible, la sensación de movimiento.

La exposición termina con El universo Lalique, que ofrece una visión global de su carrera, y Fuentes, dedicada a la colección de fuentes que el artista realizó desde 1910 y que adornaron, siempre originales, exposiciones, hoteles, castillos y residencias de lujo, resume la comisaria.