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Monteverde transformó la conservación en el motor de su desarrollo económico

Hoteles, restaurantes, productores agrícolas e institutos de investigación reciben beneficios de un sistema de economía circular  

A 20 metros del suelo y sobre la copa de los árboles, el restaurante San Lucas Treetop Dining ofrece a sus visitantes una experiencia única en medio del bosque nuboso de Monteverde, uno de los pocos lugares en el mundo cuya vegetación y modelo de desarrollo sostenible son atractivos para sus miles de visitantes anuales, tanto para la investigación como para la recreación.

Rodrigo Valverde, propietario de este negocio, describe que la idea es que sea un sendero aéreo dentro del bosque, con terminales, y en cada terminal un cubo de cristal. Él y su hermano Diego, trabajaron en la maduración del proyecto durante ocho meses de la mano de un equipo compuesto por especialistas en neuromarketing, músicos y el reconocido chef, Santiago Fernández (certificado con la marca país), con el objetivo de crear una experiencia gastronómica para “provocar emociones y sensaciones”.

La familia de estos hermanos llegó a la zona en 1950 y, como muchos otros, Diego y Rodrigo salieron a estudiar, pero regresaron para aportar al desarrollo de la comunidad. Además del concepto innovador, quisieron elaborar un menú con productos propios de la comunidad. “Todo es de la zona, porque creemos en la economía circular (concepto donde materiales y recursos se mantienen en la economía el mayor tiempo posible), y que Costa Rica tiene productos de primer nivel. Todos los días nuestro chef va a una huerta cercana a comprar los productos necesarios para la noche”, afirma Rodrigo.

Monteverde es un modelo de desarrollo sostenible con el ambiente y de cómo se puede afrontar al cambio climático de forma resiliente, desde hace más de medio siglo. Del cuidado de este ecosistema dependen económicamente más de 6.000 personas, unidas alrededor de la actividad agrícola, lechera, turística, científica, educativa, gastronómica y cooperativa.

Este distrito recibe aproximadamente 250.000 visitantes anualmente según datos de la Cámara de Turismo de Monteverde. Solo la reserva del bosque recibe a 70.000 de ellos, estima el Centro Científico Tropical.

La Reserva Bosque Nuboso Monteverde protege 4.125 hectáreas, de las cuales solo el 2% se usa para la visitación. Al año, se llevan a cabo cerca de 30 investigaciones de parte de científicos de todo el mundo, pues este lugar es parte del 1% de los bosques de la Tierra que tienen estas condiciones, considerado uno de los ecosistemas más vulnerables ante el cambio climático.

Es por esto que la Reserva, creada en 1972 por el esfuerzo del ornitólogo George Powell, quien llegó a Monteverde en 1968 para hacer la investigación de su trabajo de tesis, y Wilford Guindon, uno de los cuáqueros fundadores de la comunidad, resulta tan atractiva para el mundo.

El último informe del Grupo Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC) ha afirmado que: “es un hecho inequívoco que la actividad humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”; por eso pide a los líderes del mundo una migración a formas productivas más sostenibles, un desarrollo que reduzca y compense la emisión de los gases de efecto invernadero (GEI). Claro ejemplo de un modelo en esa dirección es Monteverde.

Alrededor de la preservación de este paraje natural, se han desarrollado diversos proyectos económicos que han ido adaptándose cada vez mejor, como la actividad cafetalera, que comenzó hace 40 años.

Life Monteverde es la empresa que desarrolla el proyecto Café Monteverde, producido desde 1989, y que exporta a Estados Unidos el 40% de sus 40.000 kilogramos de producción anual. Uno de sus socios y fundadores, Guillermo Vargas (quinta generación de su familia en la zona), explica que la educación en su hogar se basaba en que “se trabaja fuerte durante el día por la economía, pero siempre se saca un ratito para aportar a la comunidad”.

En el proyecto se procesan 20 toneladas de compostaje de los desechos de la producción del café, el cual utilizan para abonar las 18 hectáreas que tienen sembradas.

Esta empresa, además de proveer un ingreso económico para sus 18 socios y sus 34 empleados, es parte de programas de educación ambiental para escuelas, colegios y estudiantes extranjeros. “Uno de nuestros propósitos es un modelo que muestre que sí es posible ser sostenible ambiental, económica y socialmente”, comentó Vargas, que también es ingeniero forestal del Tecnológico de Costa Rica (TEC). Su finca es visitada por 3.000 personas anualmente.

Pero además del desarrollo económico, ligado a la gastronomía y la agricultura, Monteverde también genera ingresos ligados al turismo de investigación y al de entretenimiento.

Bajo el enfoque de lograr el desarrollo de sus habitantes y el cuidado del espacio, hace 35 años nació el Instituto Monteverde, donde se trabaja en investigación aplicada, programas comunitarios de colaboración, educación ambiental y sostenibilidad.

Esta entidad recibe anualmente a 500 estudiantes provenientes de distintos países, los cuales son ubicados en 105 hogares de la zona. La estadía de estos visitantes deparó casi $800.000 solo en el 2019, recursos que circularon entre los diversos negocios del cantón, pero además han contribuido a los varios programas del Instituto.

Dentro de los proyectos de ese centro existen programas de reforestación de diversas especies como el Ocotea monteverdensis, conocido como “aguacatillo monteverdense”, de dicha especie se estima que solo existen 800 ejemplares adultos en el mundo.

Precisamente, esa visión de economía circular y de responsabilidad social, impulsó al Instituto a dar apoyo a alrededor de 400 familias de forma directa y a más de 800 familias con programas de acompañamiento de asesorías, salud mental y adaptación, durante la pandemia de COVID-19.

Pero no solo el turismo científico aprovecha las bellezas únicas de este refugio natural. La aventura ha posicionado a Monteverde como una de las paradas obligatorias de los visitantes.

Por ejemplo, en este lugar se construyeron los primeros puentes colgantes con fines turísticos en el mundo. La empresa Sky Adventures cuenta con el puente colgante más largo de Centroamérica, con 237 metros de largo.

En este parque de aventura también se puede hacer canopy, senderismo y viajar en teleférico. Recibe a unos 120.000 turistas anualmente y solo usa el 8% de sus 365 hectáreas protegidas para estas actividades.

Inspiración para otros

Esta visión conservacionista en Monteverde ha inspirado a otros proyectos en el mundo pero también en el ámbito local. En 1988, un grupo de niños suecos comenzó a vender galletas para comprar las seis primeras hectáreas de lo que hoy es la reserva privada más grande del país, de 22.600 hectáreas, también ubicada en el distrito, conocida como Reserva Bosque Eterno de los Niños. Gracias a esa iniciativa, 44 países se unieron para concluir la comprar del resto de los terrenos.

En 2007, la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura, las Ciencias y la Educación (Unesco) declaró este bosque como parte de la Reserva Biósfera Agua y Paz, ya que es un importante manto acuífero que alimenta proyectos hidroeléctricos que generan más de un tercio de la electricidad del país.

Cabe recordar que, al no generar energía con combustibles fósiles, Costa Rica ha ahorrado $482 millones en los últimos 20 años, tomando en cuenta que el 98% de la producción energética proviene de energías renovables, según datos del Instituto Costarricense de Electricidad, al 2020.

“La adaptación lleva a la mitigación”, dice Katy VanDusen, coordinadora de Corclima, organización que trabaja en unir Monteverde para bajar las emisiones y adaptarse al cambio climático. Esta organización ha trabajado desde 2019 en construir una ruta eléctrica hacia Monteverde, para lograr que los turistas tengan formas de transporte más verdes para llegar al bosque.

VanDusen explica que estos esfuerzos son necesarios para poder avanzar hacia la reducción de emisiones que genera la actividad turística, “comunidades fuertes, son comunidades resilientes”, afirma.

⇒ Sinué Chacón es estudiante de periodismo de la Clase 12 de la Asociación de Periodismo Colaborativo Punto y Aparte. Es el encuentro entre periodistas y estudiantes de la carrera, quienes generan producciones periodísticas de alta calidad sobre las causas y las soluciones de realidades de riesgo social, y se mantienen vinculados para promover el buen periodismo.