Desde el principio las reglas estaban claras: con 112 páginas y 980 stickers, la propia empresa italiana Panini confirmó que el álbum oficial de la Copa Mundial Norteamérica 2026 es el más grande (y caro) de la historia. Quien prefiera la “soledad del coleccionista” y desee completar el álbum por su cuenta, debe prepararse para un golpe fuerte a su bolsillo.
Con casi mil espacios y sobres de siete estampas a ¢650, llenarlo puede costar hasta ¢650.000. Básicamente, el costo de un viaje corto, una computadora nueva o un televisor de 65 pulgadas.
No son pocas las investigaciones que demuestran que la economía colaborativa es la salvación del coleccionista. Cuando dos o más personas deciden intercambiar sus postales “repetidas” de forma eficiente, la curva de gasto cae drásticamente.

Organizarse en grupo y cambiar repetidas reduce muchísimo la cantidad de sobres que cada persona necesita. El matemático británico Paul Harper calculó que, si dos personas se juntan, el número total de sobres cae en un 30%; si son cinco, baja en un 57%; y si son grupos de diez, se desploma a un 68%.
De ahí que organizar “trueques” en barrios, escuelas, oficinas y centros comerciales deja de ser solo una tradición mundialista y se convierte, además, en una eficiente estrategia que le podría ahorrar a un coleccionista hasta ¢500.000.

De poco rogar
Tal parece que los costarricenses tienen más que clara esa estrategia, porque las jornadas de intercambio organizadas durante los fines de semana de mayo en lugares como parques, tiendas y centros comerciales han reunido a miles de personas.
Aunque la propia marca Panini tiene siete puntos ubicados en distintos centros comerciales, donde ha organizado espacios para la compra e intercambio de postales, los mismos comercios y grupos de coleccionistas en redes sociales se han reunido por su cuenta para intentar completar el álbum.
Este sábado 30 de mayo, en City Mall, Alajuela, no fue la excepción. Por segundo fin de semana consecutivo, se organizó una Zona VIP de Intercambio de postales que, en seis horas (de 12 p. m. a 6 p. m.), reunió a cientos de personas.

Las seis mesas destinadas para que los coleccionistas hicieran trueque no dieron abasto. A la orilla de los pasillos, frente a los ventanales de las tiendas y hasta en las islas vecinas (a unos 50 metros de distancia), muchos se detenían con postales y celulares en mano preguntando: “¿Usted cuáles tiene para cambiar?”.
En algunos casos la respuesta era sencilla: Messi, Cristiano, Mbappé, Haaland… En otros, no tanto: los códigos de jugadores menos populares o de selecciones casi desconocidas obligaban a apoyarse en las aplicaciones de los teléfonos para recordar cuál de las 980 postales les hacía falta.
Y aunque todavía quedan quienes deciden hacer “a la antigua”, con listas impresas en papel o escritas a mano en una libreta, lo cierto es que apps como Panini Collectors, MyPanini, Figuritas y Sticker Tracker se volvieron herramientas indispensables para el intercambio.

Álbum lleno, el premio mayor
Victoria, de 10 años, vino con su mamá desde Santa Bárbara de Heredia y se sentó con prestancia en una mesa pequeña equipada con crayolas, lápices de color y dibujos de las mascotas del Mundial para que los niños se entretuvieran mientras los adultos buscaban postales para intercambiar.
Pero Vicky no vino a colorear. Sobre la mesa desplegó sus tarjetas repetidas y con “cara de póker” comenzó a negociar con chicos y grandes. “Le doy una extra, por la de Haaland”. “Tengo dos de Brasil y se la cambio por Mbappé”. A pura memoria, sin papeles ni apps, en menos de media hora consiguió 30 postales nuevas.
Alrededor de las mesas, el animador del evento recordaba que dejaran espacio para caminar en los pasillos del mall y colaboraba en los pedidos especiales. “Si alguien tiene a Messi, lo necesitan en esta mesa”, “a este amigo por aquí le faltan solo 10 postales; ayudémosle a llenar el álbum”, avisaba micrófono en mano.

Para las 5 p. m. del sábado, seis coleccionistas habían logrado completar el álbum, pero aún estaban lejos de los 25 que se habían llenado la semana anterior en la zona de intercambio.
Y aunque las reglas del evento eran claras en que solamente se permitiría el intercambio de postales, el ansia y la desesperación por completar el álbum dieron pie a varios negocios bajo la mesa por figuras difíciles de encontrar. “¿Cuánto por la extra de Cristiano?”, preguntó casi en un susurro un muchacho irónicamente con camiseta de Argentina. “¿Le puedo hacer Sinpe?”, volvió a consultar ante los tres dedos extendidos con disimulo por su interlocutor para indicar el costo en miles de colones.
Realizada la transacción, la sonrisa del joven fue la prueba de un alma tranquila tras un gasto “perdonable” para lograr el objetivo de completar un álbum que, si no fuera por estos eventos de intercambio, terminaría arrancándole una fortuna.

