En una década marcada por la fragmentación de audiencias y la irrupción del streaming, el Super Bowl no solo ha sobrevivido: se ha convertido en la máquina publicitaria más cara y codiciada de la televisión global.
Entre el 2016 y el 2025, los ingresos por anuncios, el precio de cada spot y el gasto acumulado de los grandes anunciantes han escalado hasta niveles históricos, apoyados en una audiencia total que hoy se construye sumando TV abierta, televisión de pago y plataformas digitales.
En las últimas diez ediciones, el Super Bowl pasó de ser un evento “solo TV” a un ecosistema multiplataforma que mueve cientos de millones de dólares en un solo día.
La cadena Fox generó más de $800 millones en ingresos publicitarios con el Super Bowl LIX del 2025, sumando su señal principal, Fox Deportes y la plataforma Tubi. En el 2024, CBS y el grupo Paramount rozaron entre $650 y $700 millones en ventas de anuncios para el Super Bowl LVIII, apoyados en la distribución conjunta por CBS, Paramount+, Nickelodeon y plataformas digitales.
De acuerdo con análisis financieros publicados por la agencia Reuters, los tres grandes grupos (CBS/Paramount, Fox y NBC/Comcast) han acumulado más de $2.500 millones solo en ventas de publicidad vinculadas al Super Bowl en la última década, consolidando al evento como el “activo premium” de la parrilla deportiva.

Cómo se dispararon los precios
Si el termómetro del negocio son los 30 segundos al aire, el Super Bowl ya juega en otra liga. A mediados de la década del 2010, un spot de medio minuto se vendía en el rango de $4,25 millones a $4,8 millones.
Entre el 2017 y el 2020, el precio se estabilizó por encima de los $5‑5,6 millones, incluso en años de ligera caída de audiencia lineal. Para el 2024, los anuncios alcanzaron alrededor de $7 millones por 30 segundos en CBS, y para el 2025, Fox colocó espacios en torno a $7,5 ‑ 8 millones cada uno, según fuentes de la industria.
De cara al Super Bowl 2026 (LX), que se realizará el próximo 8 de febrero en el Levi’s Stadium de California, planificadores de medios sitúan el costo de referencia en unos $8 millones por 30 segundos, es decir, más de $266.000 por segundo.
Este encarecimiento obliga a los anunciantes a repensar su estrategia: un solo spot se convierte en el centro de campañas integradas que arrancan semanas antes, se amplifican en redes sociales y plataformas digitales y se prolongan después del juego.
En la práctica, las grandes marcas destinan presupuestos totales de $15 millones a $50 millones por campaña, sumando compra de medios, producción y activaciones de 360 grados, lo que eleva todavía más la apuesta alrededor del Super Bowl.
Un ejemplo claro de esta ejecución fue la campaña de Dunkin’ en el 2024. La marca no se limitó a la emisión del anuncio durante el juego; la estrategia incluyó teasers previos en redes sociales para generar expectativa, la participación de celebridades de alto perfil y el lanzamiento simultáneo de mercancía exclusiva que se agotó en minutos vía web. Esto demuestra cómo el gasto publicitario no busca solo el impacto visual momentáneo, sino activar ventas directas y conversación digital sostenida.

Audiencia récord en la era del streaming
A diferencia de otros contenidos de TV abierta, el Super Bowl ha logrado crecer en audiencia agregada gracias al auge del streaming, en lugar de perderla.
Durante años, el partido se movió en una franja cercana a los 100‑115 millones de televidentes en EE. UU., según los registros históricos de Nielsen.
El Super Bowl LVII (2023) promedió alrededor de 115 millones de espectadores, sumando la señal lineal de Fox, Fox Deportes y plataformas digitales. Mientras el Super Bowl LVIII (2024) alcanzó 123,7 millones de espectadores en todas las plataformas (CBS, Nickelodeon, Univision, Paramount+ y propiedades digitales de la NFL), el programa de TV más visto de la historia hasta entonces.
Sin embargo, el Super Bowl LIX (2025) rompió el récord de nuevo, con 127,7 millones de espectadores promedio y un pico de 137,7 millones, de acuerdo con Nielsen Media Research.
La clave está en la suma de pantallas. Statista estima que, en Estados Unidos, el público que vio el Super Bowl vía streaming pasó de poco más de un millón de personas a mediados de la década del 2010 a alrededor de 40 millones en el 2025. Ese crecimiento se apalanca en plataformas como Paramount+, Tubi, Peacock, NFL+ y en señales alternativas como Nickelodeon o cadenas en español, que captan nuevos segmentos demográficos.
Además, la propia medición ha cambiado. Nielsen ha incorporado de forma más robusta el consumo fuera del hogar (bares, reuniones) y en dispositivos conectados, inflando la cifra “total audience” en comparación con la vieja métrica centrada solo en TV lineal. Pese a ello, analistas coinciden en que, aun con ajustes metodológicos, el Super Bowl seguiría siendo, por amplio margen, el evento televisivo más visto cada año en Estados Unidos.
El rol del streaming
La transición hacia el streaming no ha canibalizado el negocio del Super Bowl; al contrario, lo ha ampliado.
Los derechos se rotan entre CBS/Paramount, Fox/Tubi, NBC/Peacock y ABC/ESPN, lo que permite vender paquetes integrados que combinan TV abierta, televisión de pago y streaming en una sola negociación.
Fox atribuye parte del récord de más de $800 millones en ingresos publicitarios del Super Bowl LIX al alcance de Tubi, que aportó más de 13 millones de espectadores en el 2025. En el 2024, el ecosistema de CBS, Paramount+ y Nickelodeon permitió llegar a públicos jóvenes e infantiles que no necesariamente consumen la señal abierta tradicional.
Un análisis de MIDiA Research sobre la edición 2024 resume la lógica comercial: la sostenibilidad de cobrar $7 millones por 30 segundos depende de que las cadenas conviertan la audiencia de una sola noche en un ecosistema digital continuo, no solo en un pico de rating. Eso implica explotar datos de primera parte, formatos interactivos y segmentación en plataformas OTT, al tiempo que se preserva el poder de alcance masivo de la TV abierta.
