Pueden vivir entre 60 y 80 años y nadar entre 5.000 y 8.000 de kilómetros hacia Costa Rica, desde las congeladas aguas el hemisferio norte o desde la Península Antártica en el hemisferio sur, siempre en búsqueda de aguas cálidas para reproducirse y enseñar a sus “pequeños ballenatos de 2 toneladas” comportamientos de supervivencia para alimentarse, saltar, realizar cantos y socializar.
Se trata de las ballenas jorobadas que todos los años realizan estas travesías y se dejan ver en las aguas costarricenses entre agosto y octubre principalmente. Estos enormes animales eligen las aguas cálidas del Pacífico Sur costarricense como un santuario de reproducción y una escuela para enseñar a los ballenatos a sobrevivir.
Para visitantes nacionales y extranjeros, este fenómeno se ha convertido en una razón adicional para viajar a Quepos, Uvita, Osa, Golfito o el Golfo Dulce. Para las comunidades costeras, representa una actividad económica durante una temporada en la que se mueven embarcaciones, guías, hoteles, restaurantes, transporte y comercios.
Ver una ballena no es una compra convencional ni un espectáculo que pueda programarse con precisión. La travesía en bote puede terminar con el avistamiento de una aleta a la distancia, un salto, una madre con su cría o un grupo de delfines. También puede transcurrir sin ballenas visibles.
Por eso, además del precio, las condiciones del tour, la procedencia del operador y el cumplimiento de las normas deberían ser parte de la decisión de quién quiere salir al mar.
La mayor concentración de ballenas provenientes del sur suele presentarse entre agosto y octubre, por lo que este período coincide con la mayor actividad turística asociada con los recorridos de observación en el Pacífico Central y Sur.
Las ballenas no llegan para acercarse a las embarcaciones. Llegan a aparearse, parir, amamantar y acompañar a sus crías. Esa diferencia es relevante porque cambia la forma de entender un tour: el visitante entra por unos minutos a un espacio utilizado por animales que han viajado miles de kilómetros para reproducirse.

Desde ₡35.000 en Quepos
Quepos es uno de los puntos de partida más conocidos para esta actividad, debido a su cercanía con Manuel Antonio y la infraestructura turística instalada en el Pacífico Central. Desde la zona se organizan recorridos por las costas de Quepos y Manuel Antonio, donde, además de ballenas jorobadas, pueden aparecer delfines, tortugas, mantarrayas y aves.
Marina Pez Vela ofrece un tour en catamarán con precio desde ₡35.000 por persona. El recorrido sale diariamente de 9:00 a. m. a 12:30 p. m. e incluye navegación por la costa, una sesión de snorkeling en playa Biesanz, almuerzo, frutas, snacks y bebidas con y sin alcohol. Los niños de 0 a 5 años participan sin costo.
La tarifa permite dimensionar el avistamiento como una salida de un día o de fin de semana para una familia que se traslada al Pacífico Central. Sin embargo, el costo final puede subir al considerar gasolina, peajes, alimentación adicional, hospedaje o transporte desde la Gran Área Metropolitana.
Quienes quieran prolongar la visita pueden combinar el tour con noches de hospedaje en Quepos, Manuel Antonio o zonas cercanas. La actividad suele atraer más demanda durante fines de semana y vacaciones, por lo que las reservaciones anticipadas pueden ser necesarias, especialmente en los meses de mayor presencia de ballenas.
Golfo Dulce: tour privado desde $400
En el Pacífico Sur, el Golfo Dulce ofrece una experiencia distinta. La zona fue reconocida en 2023 como la primera Whale Heritage Area o Área Patrimonio de Ballenas de América Latina. El reconocimiento responde a su riqueza de cetáceos y al esfuerzo de combinar turismo responsable con conservación.
Un tour privado de avistamiento de ballenas y delfines desde Marina Bahía Golfito cuesta $400, impuestos incluidos, para grupos de una a seis personas. Si se divide entre seis visitantes, el valor equivale a cerca de $66,67 por persona, aunque la tarifa se cobra por grupo y no de forma individual.
Para personas adicionales, la tarifa es de $50 más IVA por mayores de 12 años y de $25 más IVA para niños de 8 a 11 años. Las condiciones comunicadas para esta oferta indican que estarán vigentes hasta finales de octubre de 2026. La reserva también da acceso a un descuento de 10% en el restaurante La Playa y en las tiendas GoRide y Verano.
El Golfo Dulce tiene cerca de 750 kilómetros cuadrados y es considerado uno de los pocos fiordos tropicales del mundo. En sus aguas se observan de forma regular ballenas jorobadas, delfines nariz de botella, delfines manchados tropicales y falsas orcas; de manera ocasional, también pueden aparecer orcas y ballenas de Bryde.
Costa Rica registra 34 especies de cetáceos, de las cuales al menos siete pueden observarse regularmente en el Golfo Dulce. Esa diversidad amplía el atractivo de una excursión, aunque la observación de cada especie depende de la época del año, las condiciones del mar y el comportamiento natural de los animales.
Tours que se anuncian desde la GAM
Además de las opciones que salen directamente desde marinas y comunidades costeras, en redes sociales es posible encontrar ofertas de agencias y operadores que comercializan paquetes desde distintos puntos de la Gran Área Metropolitana. Estas excursiones suelen combinar el transporte terrestre de ida y vuelta con el tour marítimo, especialmente hacia Uvita, Quepos, Manuel Antonio, Golfito o la península de Osa.
Los precios, horarios, puntos de salida y servicios incluidos varían entre organizadores. Algunos paquetes se promocionan como paseos de un día y otros agregan hospedaje, comidas o actividades complementarias. Antes de reservar, conviene confirmar si el monto incluye transporte, entrada a parques, alimentación, impuestos, chaleco salvavidas, seguros, duración real de la navegación y condiciones de cancelación.
También es recomendable preguntar desde dónde sale la embarcación, qué empresa la opera, cuántas personas viajan a bordo y si el recorrido respeta el reglamento nacional para la observación de cetáceos. Una tarifa baja puede no representar el mismo servicio ni las mismas condiciones de seguridad que otra opción con un precio mayor.
La distancia forma parte del tour
Costa Rica cuenta con una normativa específica para la observación de cetáceos. Las embarcaciones deben mantener al menos 100 metros de distancia de las ballenas y otros cetáceos de más de cinco metros. Si los animales están alimentándose o socializando, la distancia debe aumentar a 200 metros.
Para delfines y cetáceos menores, la distancia mínima es de 50 metros con motor encendido y 30 metros con el motor apagado. La regulación limita, además, el tiempo de observación a un máximo de 30 minutos y permite solamente dos embarcaciones alrededor de cada grupo de animales.
Estas reglas buscan reducir el estrés de las especies y evitar que una madre sea separada de su cría. También impiden que la búsqueda de una mejor fotografía se convierta en persecución.

