Por: .   2 abril, 2017
 Simon Browne fabrica espigas para ajustar tableros de mesa en la planta de Vintage Industrial. Usando un software, el fundador de la empresa busca falsificaciones de sus creaciones en Internet.
Simon Browne fabrica espigas para ajustar tableros de mesa en la planta de Vintage Industrial. Usando un software, el fundador de la empresa busca falsificaciones de sus creaciones en Internet.

Desde su escritorio en un taller del centro de la ciudad, Greg Hankerson está en guerra con una compañía china a medio mundo de distancia.

Hankerson y su esposa, Sim, son dueños de Vintage Industrial, que diseña y produce mesas, gabinetes y otros muebles de estilo antiguo. La empresa emergente de 25 empleados produce todo en su fábrica de Phoenix, mucho a mano.

Pero eso no ha protegido a Hankerson de los falsificadores, que promueven copias baratas de sus creaciones en mercados en internet operados por Alibaba, la compañía de comercio electrónico más grande de China. Él puede encontrar cientos de supuestas copias de sus muebles en los diversos sitios de Alibaba, incluido Taobao, una plataforma de compras de todos contra todos en la cual los chinos anuncian artículos tan variados como playeras y televisores.

En un día reciente, Hankerson puso en marcha su navegador de internet para buscar falsificaciones. Varias tiendas de Taobao venden copias de varias mesas de Vintage Industrial, incluida una con patas en forma de A y otra con una cubierta de cristal y una base parecida a una hélice, así como gabinetes y un casillero de metal.

“Simplemente sigue y sigue y sigue”, dijo Hankerson.

El fundador de Alibaba, Jack Ma, ha prometido mejorar el destino de las pequeñas empresas en todo el mundo usando el comercio electrónico para ampliar su comercio mundial. En enero, Ma, quien es una de las personas más ricas de China, prometió a Donald Trump, entonces el presidente electo de Estados Unidos, que Alibaba crearía un millón de empleos en este país conectando a pequeñas empresas como la de Hankerson con compradores chinos cada vez más ricos.

Pero Hankerson quiere saber por qué Alibaba no hace más por combatir las falsificaciones, las cuales perjudican a las mismas pequeñas empresas a las que Ma dice que pretende ayudar.

Ma “está presentándose como alguien en quien se puede confiar”, dijo Hankerson. Pero, añadió, su compañía está vendiendo productos falsificados.

Alibaba es una compañía valuada en $260.000 millones, con cientos de millones de compradores que usan sus plataformas de ventas. Millones de chinos compran ahí cosas tan variadas como bocadillos y chucherías y cables para cargar teléfonos, mientras que las marcas mundiales inundan su plataforma de ventas de lujo, Tmall. En China, Alibaba es un hacedor de reyes para las empresas emergentes tecnológicas ambiciosas, mientras que su sistema de pagos móviles en línea es la envidia de Silicon Valley.

Eso deja a muchas empresas, grandes y pequeñas, preguntándose por qué tiene tanta dificultad para encontrar las falsificaciones en sus sitios. Su sistema en línea para reportar las falsificaciones, dicen muchos, es engorroso y propenso a fallas. Contra una de las firmas tecnológicas más grandes del mundo, Hankerson emplea su iMac, un software buscador de imágenes de $74 mensuales, su teléfono y mucho tiempo; en ocasiones, dice, 12 horas al día.

Sin embargo, si él no invierte en el esfuerzo, le preocupa que una inundación de réplicas de menor costo pudiera socavar al futuro de su negocio. Las tiendas de Alibaba ofrecen sus copias a una fracción de los precios de Hankerson. Una tienda de Taobao vendía una versión de su mesa de patas en forma de A, con un precio inicial de $5.295 en $24.

“Si esto se sale de control, la gente va a poder comprar nuestras cosas por casi nada”, dijo. “Pudiera ser devastador para nosotros”.

El combate

Desde hace tiempo, Alibaba ha enfrentado acusaciones de que sus plataformas de ventas son un refugio para los falsificadores, y grandes organizaciones han sido eficaces en poner el problema en primer plano.

Tras las quejas de grupos industriales, la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) añadió el año pasado a Taobao a su lista de “mercados famosos” por incluir productos falsificados, después de retirarlo cuatro años antes. El dueño corporativo de las marcas Gucci e Yves Saint Laurent, Kering, demandó a Alibaba hace dos años por la prevalencia de las falsificaciones en sus servicios. Alibaba, que está combatiendo la demanda en un tribunal federal neoyorquino, dice que esta no tiene bases.

En un reporte presentado ante la USTR en octubre, Alibaba se jactó de la tecnología y los recursos que utiliza para limpiar de falsificaciones de sus plataformas. Como resultado, indicó, eliminó proactivamente 380 millones de productos sospechosos de sus listas en un periodo de 12 meses.

La USTR y expertos de la industria afirman que hay mucho más que Alibaba pudiera y debiera estar haciendo para hacer frente a las falsificaciones.

“Son una compañía tecnológica importante”, dijo Stephen Lamar, vicepresidente ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado, que representa a muchas marcas perjudicadas por las falsificaciones.

“Nuestra esperanza es que usen esta tecnología para desarrollar soluciones y asegurarse de que esas soluciones estén disponibles para todos”.

Para las pequeñas empresas, combatir las falsificaciones en los sitios de Alibaba “puede volverse costoso, frustrante y puede tomar tiempo”, dijo Lamar.

Un vocero de Alibaba dijo que las sugerencias de que las pequeñas empresas no reciben su atención son “falsas” y que pueden calificar para el proceso simplificado si sus peticiones resultan confiables. Añadió que cuentan con un proceso para eliminar los productos sospechosos enlistados con el fin de abordar el gran número de reclamaciones fraudulentas que recibe la empresa.

“Hay partes de nuestros sistemas que pueden ser mejoradas para hacerlas más eficaces, eficientes y amigables para el usuario”, dijo, “y estamos trabajando duro cada día para hacer realidad estas mejoras”.

Hankerson había trabajado en la firma financiera de su padre y en servicios de tecnología de la información, creando sitios web, antes de empezar a juguetear con los muebles.

Inesperadamente inició Vintage en 2009, cuando su esposa y él querían una nueva mesa de jardín. Hankerson hizo una y publicó una foto en un sitio web. Empezó a hacer más mesas y a promoverlas en internet también. “Me gustó tanto la experiencia que solo quería hacer una mesa mejor”, dijo. “Como un artista loco”.

Hoy, la fábrica zumba con los sonidos de la soldadura, el aserrado y el martilleo. Hay un guiño a la automatización moderna –una máquina cortadora de acero computarizada recientemente adquirida– pero gran parte d la manufactura la hacen empleados especialmente capacitados con habilidades de carpintería y herrería.

Mientras Vintage Industrial crecía rápidamente, Hankerson no tenía idea de que los falsificadores también estaban lucrando con su trabajo.

Se enteró por primera vez de que tenía un problema en 2014, cuando detectó un anuncio en Facebook que incluía una foto de una de sus mesas con patas en A. Contactó a la vendedora, quien dijo que había comprado la mercancía en otra parte. Intrigado y preocupado, Hankerson empezó a buscar imágenes de sus diseños usando Google, y descubrió muchos de ellos en todo internet.

“Uno encuentra una imagen y va y revisa su catálogo en Alibaba y hay otra y otra y otra”, dijo. “Es como descender por una madriguera”.

Hankerson trató de contactar a los vendedores directamente, pidiéndoles que bajaran sus imágenes. La mayoría lo hizo. Se sintió alentado cuando personal de Alibaba retiró todas las fotos que él identificó en Alibaba.com a través de su proceso de combate a la violación de derechos de autor.

Pero luego se topó con dificultades. El año pasado, el sitio web a través del cual podía enviar a Alibaba solicitudes para retirar productos sospechosos enlistados dejó de funcionar. Trató de presentar y volver a presentar el papeleo requerido en el sitio, incluso en diferentes computadoras, solo para recibir como respuesta mensajes de error.

Un vocero de Alibaba, en respuestas por escrito, dijo que en octubre la compañía empezó con un sistema en línea mejorado a través del cual las empresas y las personas pueden reportar posibles violaciones de derechos de autor en cualquiera de sus plataformas. Dijo que Hankerson no ha intentado usar este nuevo sistema. Hankerson dijo que lo había hecho pero no logró hacerlo funcionar.

Hankerson decidió intensificar sus esfuerzos. En agosto, envió correos electrónicos a los departamentos de inversionistas y relaciones públicas de Alibaba amenazando con causar un alboroto público por las falsificaciones en sus sitios.

Un gerente en el departamento de protección de la propiedad intelectual de Alibaba lo contactó. Hankerson entregó listas de más de 400 imágenes sospechosas, solo algunas de las cuales fueron retiradas. Muchas de ellas, según se informó a Hankerson, estaban en un sistema de Alibaba diferente y tenían que ser retiradas a través de un proceso separado, lo cual aún no ha sido hecho.

Él argumentó que no debería tener que ir tan lejos para hacer que Alibaba actuara. Una vez que Alibaba ha sido enterada de la propiedad intelectual de su compañía, dijo, la empresa debería evitar proactivamente la publicación adicional de sus fotos o limpiar sus plataformas de cualquier producto sospechoso. Sin embargo, pese al sistema del cual Alibaba se jacta ante la USTR, revisar millones de listados pudiera ser difícil o costoso.

Hankerson da seguimiento a las imágenes con la ayuda de un servicio llamado Plaghunter, que monitorea regularmente el uso de sus fotos en internet, incluyendo los sitios de Alibaba, y le permite realizar una búsqueda cuando es necesario. Lo que le frustra más, dijo, es que las mismas fotos sigan apareciendo en los mercados de la compañía. “Debería ser darles clic y olvidarse”, dijo. “Nuestros productos nunca deberían estar en su sitio”.